El nuevo marco para las startups ya no es un jardín de las delicias

La ley del sector debe contemplar el nuevo escenario económico

Una fructífera lluvia de millones regó el año pasado el sector de las startups, sobre todo las tecnológicas, y llevó las cifras de inversión a niveles récord en nuevos proyectos y en desarrollo de los ya existentes. El capital riesgo, principal fuente financiera de estas empresas de pequeño tamaño, que nacen generalmente con una buena idea, alto componente tecnológico y una elevada ambición de crecimiento –y con el objetivo de convertirse lo antes posible en unicornios–, duplicó el pasado año la inyección en startups hasta 643.000 millones de dólares (casi lo mismo en euros a precio de hoy). Así seguía una tendencia de crecimiento más que acelerado. Un jardín de las delicias en el que muchos de los proyectos sembrados han florecido, lo están haciendo o han sido comprados por empresas ya establecidas para abrirse a nuevos campos o blindar el propio negocio.

La llegada en tromba de una inflación desbocada, a lomos de costes energéticos disparados a causa, principalmente, pero no solo, de la guerra de Ucrania y la consiguiente subida de tipos, todo ello de la mano de una incertidumbre geopolítica internacional creciente, ha cambiado aquel bucólico escenario al disparar las alarmas entre los inversores y endurecer significativamente la financiación. Los fondos se han vuelto mucho más selectivos, y el ecosistema emprendedor ha empezado a desacelerar el crecimiento a medida que la economía otea una posible recesión.

Las rondas de financiación, que hasta hace poco tenían colas de inversores, no son lo que eran. El nuevo marco exigirá importantes esfuerzos a las nuevas en llegar y desafíos inéditos a las startups ya consolidadas, algunas de las cuales estaban cerca de tocar el cielo. Klarna, la fintech sueca especializada en “compre ahora y pague después”, ha pasado de valer 45.000 millones de euros a menos de 7.000 millones, y compañías con departamentos de recursos humanos que hasta ahora solo se dedicaban a contratar empiezan a tener que afrontar despidos.

En España, tras un buen primer trimestre, la inversión en el segundo ha caído un 30% y muchas jóvenes empresas empiezan a sentir la presión. El Gobierno tiene en el Parlamento el proyecto de Ley de Startups, inicialmente bien acogido por el sector, pero que en su desarrollo debe contemplar este nuevo escenario, dar las máximas facilidades a los emprendedores, potenciar el talento e incentivar una financiación que, salidas a Bolsa incluidas, se ha vuelto más complicada. En realidad, el mercado de inversión sigue abierto y nunca ha habido tanto dinero predestinado a este tipo de empresas, y más si son rentables y con proyectos claros y de futuro. Se trata de saber aprovecharlo.