Invertir con inflación, tipos altos y riesgo de contracción

Uno de los grandes fondos de inversión globales, importa poco cuál, advertía esta semana de que durante los próximos doce meses es conveniente mantenerse alejado de las Bolsas, porque el escenario que se despliega para los negocios no es el mejor de los posibles, y seguramente es el más confuso de los últimos lustros. Inflación fuerte y persistente, tipos de interés elevados y subiendo, un conflicto bélico de incierto desenlace, una crisis de deuda en la zona euro, y bastantes probabilidades de entrar en otra recesión global.

Las encuestas apuntan, en el mismo sentido, a que el nivel de pesimismo de los inversores está alcanzando niveles que no se recordaban desde la crisis de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, lo cual es especialmente acusado en EEUU, donde el índice S&P acumula ya más de un 20% en pérdidas. Con los mercados bursátiles teñidos de rojo y los activos de riesgo cayendo al únísono, la pregunta del millón es cuándo llegará el momento de la capitulación en los parqués y cómo afrontar, en términos de inversión, un horizonte desdibujado y nebuloso que puede prolongarse durante meses y del que no es posible excluir la sombra de una recesión.

Las recomendaciones para el inversor insisten como siempre en la necesidad de mantener la serenidad a la hora de adoptar decisiones, respecto a las cuales el temor o la precipitación nunca son caminos aconsejables. No es momento para acumular excesiva liquidez, sino más bien para mantener una posición moderada en este terreno, dado que los activos líquidos se verán inevitablemente cercenados por el mordisco de la inflación, pero tampoco lo es para hacer movimientos radicales en un escenario macroeconómico dominado por los interrogantes. Apostar por la renta fija es una de las opciones más aconsejables, ya sea a través de bonos soberanos seguros, como el de EEUU, que está rentando en torno al 3%, o el de Italia, cuyo tamaño como economía garantiza un respaldo sufiente por parte de Europa, ya sea mediante bonos corporativos de alta calidad.

En cuanto a la renta variable, es el mejor momento para decantarse por empresas sólidas y con una política de dividendos segura, así como por compañías de sectores que forman parte de las denominadas megatendencias globales, como es el caso de las energías renovables y la descarbonización, las farmacéuticas o las relacionadas con la digitalización. Todas ellos son itinerarios de riesgo razonable para invertir bajo la inquietante amenaza de una contracción que golpee las grandes economías del mundo.