Es necesario hilar fino para invertir en el contexto actual

El mejor posicionamiento es una cartera diversificada que incluya renta variable, renta fija, ‘commodities’ y activos reales

Aunque acabamos de ver algunas señales de alivio, las últimas semanas no han sido fáciles para los mercados. Cabe, entonces, preguntarse: ¿hemos superado la gran caída o quedan más por venir? Nosotros creemos que lo más duro ya ha pasado, pero es probable que haya más baches, ya que los riesgos siguen apuntando a caídas. La pregunta clave es: ¿qué han descontado los mercados y cómo deberían posicionarse los inversores para los próximos resultados?

Los indicios de debilitamiento de la demanda son evidentes desde hace tiempo. La confianza de los consumidores en el Reino Unido, la zona euro y EE UU ha disminuido desde 2021. Incluso en el caso de la demanda de los consumidores estadounidenses, que ha resistido relativamente bien hasta ahora, empezamos a ver algunas grietas. Por ejemplo, la demanda de gasolina en EE UU está muy por debajo de los niveles medios de suministro de los cinco años anteriores al Covid-19, probablemente como reflejo de su mayor precio.

Mientras tanto, en el sector industrial, el PMI global se sitúa por debajo de 50 (lo que indica una contracción de la actividad), mientras que los nuevos pedidos apenas se encuentran en territorio de expansión. Ni siquiera EE UU es inmune, puesto que los principales indicadores económicos tienden a la baja.

La temporada de resultados del primer trimestre fue relativamente favorable. No tanto por lo que respecta a los beneficios, pero sí a los ingresos, que se comportaron mejor de lo esperado, con la mayoría de las compañías superando las expectativas de ventas en los principales mercados regionales. De esto no debemos extrapolar que la demanda siga siendo sólida. En el primer trimestre se miraba mucho hacia atrás. Para calibrar el sentido de la marcha, vale la pena profundizar un poco más y ver más allá de las cifras generales.

Al escuchar a los directivos de las compañías sobre sus expectativas conforme avanzamos 2022, el panorama no es tan positivo, y esto es lo que tenemos que observar en los próximos resultados. En EE UU, Reino Unido y Europa continental, hemos escuchado a varias compañías apuntar que los consumidores están empezando a elegir productos de menor valor y ven los primeros indicios de moderación de la demanda en los bienes de consumo no perecedero.

Si bien desde principios de abril hemos asistido a una importante caída de los mercados bursátiles y a un aumento de las rentabilidades (TIR) de la renta fija, últimamente hemos visto un tímido repunte de los primeros y un descenso de las TIR. ¿Significa esto que todas las malas noticias están ya descontadas? Creemos que la respuesta es: en parte sí, pero no del todo, y dependerá de lo malas que sean las noticias en adelante. Lo peor respecto a las caídas de precios ya ha pasado, pero los riesgos siguen apuntando a la baja, especialmente en los mercados de renta variable. Desde luego, tras la caída de abril y mayo, y el pesimismo generalizado, los mercados están obligados a ser más sensibles a las noticias positivas. Estas podrían ir desde cualquier señal de resolución de la guerra hasta una desaceleración de la inflación, o que los bancos centrales sean más prudentes con el endurecimiento monetario; y empezamos a ver señales al respecto en el reciente repunte bursátil. La renta fija también se ha beneficiado de la preocupación por el crecimiento, que ha sustituido a las perspectivas de nuevas presiones inflacionistas y al endurecimiento de los bancos centrales.

Sin embargo, sigue habiendo riesgos: la posibilidad de que se impongan nuevas sanciones a Rusia, por ejemplo, sobre el gas natural, una destrucción de demanda que provoque una recesión y un posible endurecimiento excesivo de los bancos centrales en el juego de equilibrios entre inflación y crecimiento.

Pero por encima de todo, el impacto que todo lo anterior tendrá en los beneficios corporativos. La pregunta clave es: ¿hasta qué punto ya se ha descontado? Los analistas hablan de estanflación y recesión, e incluso se ha mencionado la depresión y un acontecimiento crediticio similar al de 2008. Nosotros consideramos que ya se descuenta un deterioro de las perspectivas de crecimiento y una fuerte desaceleración significativa del crecimiento. Es posible que haya más caídas, especialmente en algunos valores bursátiles cuyas valoraciones siguen siendo elevadas o en las que todavía no se ha tenido en cuenta un descenso de los beneficios.

Una recesión importante, que podría surgir de Europa provocada por las sanciones sobre el gas natural, supondría una mayor caída, especialmente en Bolsa. Una depresión o un desplome de los mercados de crédito similar al de 2008, en el que las compañías y los particulares tengan dificultades para pagar sus deudas, no se prevé y no es nuestro escenario base. Todo esto significa que cualquier repunte del mercado dependerá de los datos y de las noticias, y podría ser breve.

En este contexto, y dadas las incertidumbres que vienen, creemos que el mejor posicionamiento es mantener una cartera diversificada incluyendo renta variable, renta fija, commodities y activos reales. Dentro de las clases de activos, la selección es fundamental. El alfa debe proceder de la selección. El contexto actual no es el de un mercado para la inversión a grandes rasgos, a brochazos. Cuando se invierte en compañías, es importante centrarse en aquellas que cuentan con poder de fijación de precios y balances sólidos, aquellas que pueden resistir mejor el entorno inflacionista y de subida de tipos. En renta variable, seguimos apostando por las temáticas a largo plazo que creemos perdurarán y se beneficiarán de la inversión en el futuro, (independientemente de los caprichos de las perspectivas macroeconómicas), como podrían ser las infraestructuras y el ecosistema de bajas emisiones de carbono.

Fabiana Fedeli es CIO de renta variable y multiactivos de M&G Investments