La incertidumbre aconseja construir una cartera robusta para el largo plazo

El manejo de los tiempos en los mercados financieros es una de las disciplinas más complicadas, y ante tal dificultad los inversores suelen encomendarse siempre al largo plazo, una especie de seguro para la inversión en economías que registren crecimiento sistemáticamente. Tradicionalmente, los inversores buscan retornos rápidos, de meses; y si tienen que esperar la maduración del largo plazo suelen admitir que una inversión así es una inversión a corto plazo fracasada. En el largo, aunque como advertía John Maynard Keynes “todos muertos”, las buenas compañías siempre proporcionan buenos retornos, ya se trate de empresas de crecimiento o de sociedades maduras. Pero la elección del calendario y su manejo depende de muchas circunstancias, y en la actualidad la convergencia de unos cuantos fenómenos de difícil descifrado hace muy difícil la elección. Y ante tal dificultad, la apuesta más segura es el largo plazo, aunque no por ello vale cualquier composición de la cartera: debe ser robusta en todo caso.

La guerra de Ucrania, la embestida de la inflación y el riesgo de una recesión provocada por el encarecimiento de la financiación aconsejan decisiones más meditadas de la cuenta para los inversores, que solo deberán mantener liquidez en una proporción limitada, dada la erosión de la misma que genera la inflación persistente. Construir una cartera de largo plazo supone admitir, en primer lugar, una renuncia a la disponibilidad de los recursos, y en segundo lugar, seleccionar sociedades muy sólidas, poner una parte del riesgo en bonos de alta calidad, y buscar inversiones alternativas a la Bolsa y la deuda para una parte concreta de la cartera.

Las empresas sólidas hay que seleccionarlas entre aquellas que disponen de un historial de generación de caja regular, así como un pago de dividendos permanente, barreras de entrada en su mercado y liderazgo en la formación de precios. Entre ellas deben incorporarse sociedades que estén en los negocios de las megatendencias de inversión, sean envejecimiento, energía verde o tecnología, cuyo acceso es muchas veces más limpio a través de fondos especializados en salud, farmas, biotecnológicas o energéticas. En materia de deuda la vía más cómoda está también en los fondos especializados, pero conviene conocer convenientemente su cartera para tomar participaciones ahora que los precios de los bonos se han desplomado y la rentabilidad empieza a ofrecer atractivos de otros tiempos. Y no debe despreciarse la opción de fondos de capital riesgo que invierten en compañías no cotizadas y activos alternativos, aunque en tales casos la participación inicial suele ser elevada e ilíquida para unos cuantos años.