Las subvenciones a la energía retrasan la transición

Los expertos coinciden en que hacen falta señales de precios y evitar grandes objetivos climáticos que luego no se cumplen División de opiniones sobre la posibilidad de imponer impuestos a las emisiones que se importan con los productos chinos

Europa viene liderando en los últimos años la transición hacia una economía descarbonizada con el objetivo de alcanzar las cero emisiones netas en 2050. Un liderazgo que podrá mantener si logra cumplir con los calendarios establecidos en sucesivos compromisos. No obstante, el encarecimiento de los precios de la energía del último año por la guerra de Ucrania necesariamente hace replantear a la UE los hitos que tenía marcados para llegar a una economía libre de emisiones.

Algunos países han rescatado la generación con carbón para producir electricidad y sorprende poco ya una nueva defensa de la energía nuclear para asegurar el suministro, en un ejercicio paralelo por liberarse de la dependencia de las fuentes fósiles procedentes de Rusia, que, por añadidura, contribuye a la financiación de la guerra.

El tránsito a una economía verde se muestra demasiado caro, y carísimo con la guerra, hasta el punto de que podría contribuir a una recesión. En el caso de España, que junto con Portugal son una isla energética, los precios han alcanzado tales niveles que puede hablarse de una auténtica crisis energética, con una intervención de los precios del gas. Si bien, a la Península, con escasa dependencia de Rusia y fuentes muy diversificadas, no se le auguran problemas de suministro.

Estas cuestiones candentes han sido el centro del nuevo debate del Foro Futuro, organizado por CincoDías, en colaboración con Banco Santander. Para Jorge Sanz, investigador de Nera Economic Consulting y expresidente de la Comisión de Expertos sobre Escenarios de Transición Energética, “la descarbonización al mínimo coste es enormemente compleja. Hay múltiples opciones y circunstancias. Invertir en renovables o aislamiento térmico dependerá del clima de cada zona”. En este sentido, añadió que “no debería ser el Gobierno el que tome la decisión, sino el mercado con señales de precios adecuadas para que los agentes económicos tomen sus decisiones de manera fundamentada. La decisión la deben tomar los agentes de consumo, para evitar que se invierta en actuaciones menos eficientes y rentables”, subrayó.

“Desgraciadamente, según aseguró Sanz, el Gobierno no lo ha hecho así: por incomodidad política, ha preferido poner en marcha una política de subvenciones. Un error tremendo, como lo fue en su día las subvenciones a las energías renovables, de las que aún pagamos 6.500 millones de euros en la factura”. También considera “un disparate” subvencionar el aislamiento térmico en países como España. Y consideró que otras iniciativas, las bicicletas urbanas, “no reducen las emisiones, sino que las aumentan, porque, entre otros, deben trasladarse con camionetas de un lugar a otro de las ciudades”.

Para el investigador de la consultora Nera, “hemos perdido la oportunidad con la guerra de Ucrania, pues el Gobierno ha decidido subvencionar los derivados del petróleo o distorsionar el mercado eléctrico, dando la idea de que la energía es abundante cuando en realidad es un bien escaso”. La rentabilidad no la decide el mercado, sino el Gobierno “que, en lugar de facilitarlas, anula las señales de precios que regulan el buen funcionamiento de un mercado”. Por tanto, “la descarbonización se va a ralentizar y será más cara, porque los fondos públicos se reducen, ya que tenemos una deuda del 120% del PIB”.

La solución habría sido que el Gobierno hubiese hecho un esfuerzo para proteger al consumidor vulnerable, el que no puede pagar la electricidad, y aumentar el número de los beneficiarios, hasta ahora 1,2 millones, a 3 o 5 millones”. De hecho, esta “era la principal recomendación de la Comisión Europea frente a la crisis energética desatada en el continente.

También Santiago Carbó, catedrático de la Universidad de Granada y director de finanzas de Funcas, defendió que hay que respetar las señales de precio como solución, pues “la economía de mercado no la podemos cambiar”, aunque, “eso sí, con intervenciones para corregir fallos”. En su opinión, “habrá actividades económicas que se beneficiarán de la transición, pero esta tendrá un coste importante”.

La clave para Carbó “no es el PIB, sino salvar los recursos naturales”. España es uno de los países con una situación climatológica más complicada, con un aumento de horas de calor y de la duración de los veranos. Según los datos que aportó, la sequía tendrá un coste de 1.500 millones de euros y podría llegar a 5.900 millones anuales, el 0,51% del PIB, si aumenta en cuatro grados centígrados la temperatura del planeta.

Los daños costeros serán de 1.100 millones anuales y también será oneroso el impacto del turismo y el de las olas de calor sobre la productividad laboral. “España se sitúa entre los cinco primeros países con mayor reducción del PIB previsto”, indicó.

Para el catedrático de la Universidad de Granada, “hay que hacer pedagogía” y “hacer partícipe a todos los agentes, un plan de independencia energética y un sistema más cohesionado. Estamos pagando no haber tenido una política energética común”, con una mayor electrificación, en estos momentos, por debajo del 25%

Durante su intervención, Fernando Fernández, profesor de Economía del IE University, consideró que “el mercantilismo es un riesgo que está encima de la mesa. Hay que renunciar al proteccionismo, y el ajuste fiscal en frontera [defendido por Alicia García Herrero, investigadora de Bruegel y analista de Natixis], pues este es proteccionista”. Recordó que “en España hay subvenciones a la industria, y los subsidios son infinitos en el mundo. Hay que evitar el mercantilismo, por sus consecuencias económicas, sino políticas”.

Frente a los grandes objetivos climáticos, el profesor de Economía del IE cree que “hay que plantearse metas realistas porque lo contrario es contraproducente. Se plantean objetivos ambiciosos, que luego vamos aplazando en el tiempo”, señaló, tras añadir que hay que “dejar de ser grandilocuentes con los objetivos, cuando sabemos que no se van a cumplir, hay que ser posibilistas, realistas”, recalcó.

Alicia García Herrero entiende que “las medidas que se están tomando no optimizan nada”. Y se preguntó “¿qué podemos hacer cuando la solución a la descarbonización no está en nuestras manos?”. En su opinión, “hace falta cooperación internacional. China renunció tras la pandemia a sus metas de reducción de emisiones anuales y solo mantiene las del plan quinquenal a 2025”.

En este sentido, defendió un planteamiento semicoercitivo sobre las emisiones de los demás”, con un impuesto a las emisiones indirectas que importamos, aunque hay un lobby brutal de China para evitarlo”, señaló. “Pero no debe imponerlo solo Europa, sino la OMC”. Este sería, según sus palabras, “el mayor evento de arbitraje, no financiero, sino de emisiones”.

Los pasos que se van dando “los anula la realidad transfronteriza”, según palabras de la economista de Natixis. Otro objetivo, a su entender, debe ser la protección de la tecnología verde, como la del hidrógeno, y evitar lo que ocurrió con los paneles solares.

Para Francisco Pérez, director de investigación del Instituto Valenciano de Investigación Económica (Ivie), “frente a la complejidad y los costes de la transición, unidos a la guerra de Ucrania, el problema no es elegir entre objetivos, sino conciliar las respuestas”. “Ahora nos queremos independizar de Rusia y cuaja la necesidad de avanzar más rápido en la transición pero, al mismo tiempo, queremos controlar la inflación que nos está apretando”, dijo.

Pero “no se trata de elegir, sino de combinar respuestas, no es un problema de equilibrio parcial, sino general, considerando que aunque el impacto económico sea incierto a corto plazo, hay consenso en que si no se adecúan los costes a la senda de emisiones, puede ser muy grave en pocas décadas”.

Se mostró pesimista pues “no hay reducción tendencial de las emisiones”. Y justificó las pérdidas de crecimiento de la economía a corto plazo, para evitar otros riesgos importantes” en el futuro.

Y apuntó en varias direcciones: “Luchar contra la inflación con medidas respetuosas con la transición verde; racionalizar el consumo energético de los agentes económicos mediante señales de precios; independizar a la UE de los combustibles rusos y la diversificación de fuentes energéticas”.

 

De la dependencia rusa al proteccionismo chino

El término grandilocuencia surgió más de una vez en el debate de CincoDías. Para grandilocuente, según Jorge Sanz, la Ley de Cambio Climático, con muchos objetivos y ninguna posibilidad de responsabilizar a nadie. Para Sanz, que fue muy crítico con el mecanismo del tope del gas en la Península Ibérica, que ha aprobado Bruselas, y defendió ampliar la vida de las nucleares, “las leyes establecen derechos y obligaciones, pero no sirven de nada si no hay detrás una sanción, no hay sujeto pasivo que reciba la sanción en caso de incumplimiento. Este es el caso de esta ley”, señaló.

“Ya no es necesario apoyar a las renovables, pues hay dos que son rentables, lo que necesita un tratamiento especial es la tecnología de almacenamiento. Con este ya no se necesitará el gas como respaldo de las renovables”. Para ello, reclamó desarrollar los pagos por capacidad”, que el Gobierno tiene en el cajón”.

Por su parte, Fernando Fernández se mostró escéptico sobre la lucha contra el cambio climático: “Se está vendiendo un cuento de hadas. Tenemos que saber cuánto crecimiento económico y cuánta inflación estamos dispuestos a pagar para bajar la temperatura del planeta”. Y dijo no entender “por qué Europa debe independizarse energéticamente. Está bien disminuir la dependencia y más en época de guerra. Eso es proteccionismo arcaico”.

En este sentido, añadió que “estamos blanqueando a regímenes totalitarios, como lo que ha ocurrido con Venezuela, que ya puede acudir al mercado internacional. El petróleo ruso puede acabar en Europa vía Venezuela”.

Para Francisco Pérez, sin embargo, “la lucha contra el cambio climático es compatible con el objetivo de independencia energética, “al fin y al cabo, lo que importamos de Rusia son combustibles fósiles”.

Por su parte, Santiago Carbó enfatizó en el ahorro energético en el corto plazo. “Hay que prevenir para evitar la posibilidad de un racionamiento” fue su consejo.

Y Alicia García Herrero abundó en el caso chino. “El origen del problema es que China elige una electricidad subsidiada, como instrumento de exportación del coste de energía. Europa podría no producir nada, importándolo todo. No hay problema en imponer arbitrajes”, destacó.

En su opinión, “argumentar que el problema es nuestro, que queremos ser proteccionistas, no es válido. No hay ningún continente en el mundo con tanta dependencia como Europa. No hay que seguir anclados en la idea de que todas las medidas liberales son proteccionistas, somos los únicos en el mundo. Hay que evitar el proteccionista a ultranza pero entendiendo cómo funciona el mundo ahora”, señaló la economista de Natixis.

Normas
Entra en El País para participar