Purísima Seguros se ve abocada a ser absorbida o liquidada

El origen de la compañía está en una archicofradía fundada en 1438

Una oficina de Purísima Seguros, en el barrio de Vallecas, de Madrid.
Una oficina de Purísima Seguros, en el barrio de Vallecas, de Madrid.

Purísima Seguros está abocada a su desaparición. La compañía ha informado a sus 150.000 mutualistas de que, debido a la situación del negocio de seguros de decesos (agravada por el aumento de la siniestralidad atribuible al Covid 19), “la mutualidad se encuentra en una situación patrimonial especialmente delicada” y no tiene posibilidad de mantener su actividad por sí sola.

Dos alternativas se plantean. La primera, que la asamblea de mutualistas acuerde la absorción de Purísima Seguros por parte de “otra aseguradora con mayor dimensión y solvencia”. Si la asamblea no aprobase esta opción, la entidad tendría que optar por disolución, en un proceso que sería dirigido desde la Comisión Liquidadora de Entidades Aseguradoras, dependiente del Ministerio de Economía.

Purísima Seguros es una mutualidad de previsión a prima fija con 132 años de historia, y dedicada exclusivamente a los seguros de decesos (que cubren los gastos ligados al fallecimiento: entierro, traslados, tanatorios...). Cuenta con tres oficinas, y el año pasado cerró con unos activos por valor de 132 millones de euros, pero unos pasivos 159 millones de euros, lo que revela su delicada situación financiera.

En la misiva destinada a los mutualistas, la dirección explica que estos desequilibrios se deben “al incremento de la mortalidad por el Covid, a la caída de los tipos de interés, a cambios legislativos que obligan a mayores exigencias de recursos económicos, a la imposibilidad de competencia con otras aseguradoras multirramo, al incremento de la edad media de la cartera y al auge de la comercialización de seguros por internet”.

47 millones de euros de pérdidas en 2021

  • Supervisión. La aseguradora, en conversaciones con la Dirección General de Seguros, se ha visto obligada a reconocer que no estaba cumpliendo con sus planes de crecimiento, y que sus compromisos con sus asegurados eran muy superiores a sus reservas, lo que le llevó a reconocer unas pérdias de 47 millones de euros en 2021.
  • Fallecimientos. La compañía tuvo que hacer frente el año pasado a los gastos de sepelio de 3.460 personas. Las primas medias que cobraba a sus asegurados por el seguro de decesos era de 152 euros. La edad media de los mutualistas supera los 55 años.
  • Patrimonio. Tras los ajustes contables reconocidos en 2021, Purísima Seguros ha pasado de tener un patrimonio neto contable de 14 millones de euros en 2020, a uno de -32 millones de euros al cierre de 2021.

Lo cierto es que la situación de Purísima Seguros ya llevaba años siendo difícil. En parte, por lo peculiar de su historia. El origen de la organización se remonta a 1438, cuando se crea la Real e Ilustre Archicofradía de la Purísima Concepción.

Esta congregación religiosa se dedicó durante siglos a la veneración de la imágenes relacionadas con la Inmaculada Concepción de la Virgen María. En 1889 se establece como objetivo secundario hacerse cargo de los gastos funerarios de los archicofrades. Su máximo apogeo lo alcanzó durante el franquismo, cuando llegó a contar con 336.000 miembros, que hacían aportaciones y a cambio tenían cubiertos los gastos de su entierro. A partir de 1975 comenzó el progresivo declive de la congregación, dependiente de la Arzobispado de Madrid.

Dado que la entidad ofrecía coberturas de decesos, en 2005 inicio el proceso para convertirse en una mutualidad de seguros. El proceso se culminó en 2008. En ese año, la prima anual que tenían que aportar los mutualistas era tan solo de 70 euros.

El principal canal de distribución Purísima Seguros era la venta directa. Comerciales que acudían a las casas “a cobrar los muertos”, tal y como hacen otras compañías del sector, como Santalucía y Ocaso Seguros. La aseguradora ha llegado a abrir varias sucursales, en los barrios de Moratalaz y Vallecas.

En los primeros años, la mutualidad estuvo sometida a una inspección estrecha por parte del supervisor, pero desde 2012 empezó a ir por libre. Sin embargo, desde hace una década las aportaciones han sido insuficientes y no ha llegado a crecer lo necesario para ser viable.

En su última memoria de actividad, correspondiente a 2021, la entidad subraya que “la siniestralidad del colectivo de archicofrades es casi un 50% superior a la media del mercado y que la estructura de edad se concentra a partir de los 55 años”.

En resumen, una entidad centenaria que no ha sido capaz de adaptarse a los nuevos tiempos, y que ahora tendrá que ser absorbida o liquidar por completo su cartera.

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