La sociedad de lo inmediato, un arma de doble filo

Se nos plantea el urgente desafío de distinguir entre la paja y el grano para poder extraer todo el potencial que el desarrollo tecnológico presenta

Es innegable el hecho de que vivimos en una realidad social que dista mucho de la que nuestros padres o abuelos imaginaron. En la actualidad, la hiperconexión que ha conllevado la democratización tecnológica impone los ritmos de la vida. Sometidos a miles de estímulos en el día a día, se nos plantea el urgente desafío de distinguir entre la paja y el grano para poder extraer todo el potencial que el desarrollo tecnológico presenta. En definitiva, estamos ahora mismo ante el reto más difícil, el de encontrar un término medio.

Con un simple clic, un scroll, tenemos acceso a una cantidad de datos e información sin precedentes. Así, es difícil subestimar el potencial que implica el acceso a cada vez más información, sobre más ámbitos, con más detalle y con mayor frecuencia. Nos hemos convertido en la sociedad de lo inmediato: consultar nuestra cuenta corriente y operar con nuestros ingresos, en apenas unos segundos comprar ropa o libros o planear nuestro próximo viaje, por ejemplo. Nos encontramos con un cambio transversal de la sociedad en la que nos desenvolvemos. El progreso humano y científico nos ha llevado a desarrollar técnicas como la inteligencia artificial, elementos que han facilitado esa transformación del mundo. Esa transformación no es, además, un proceso exclusivo del ámbito de las relaciones humanas, como tendemos a pensar con el uso de las redes sociales; sino que se ha producido en todos los sectores económicos. La democratización del acceso a la educación, a la información y la cultura, por ejemplo, ha sido posible gracias a estas disciplinas.

A su vez, esto conlleva ciertas consecuencias derivadas de las oportunidades de uso que puedan encontrarse en el manejo de datos. Al igual que la tecnología puede reducir los tiempos en la llegada de los servicios de emergencia al escenario de una catástrofe, también puede impactar, por ejemplo, en otros aspectos menos positivos como el dedicar más tiempo del necesario al mundo online. Aunque tenemos que habilitar herramientas para mitigar el uso pernicioso de la tecnología, también es momento de apreciar lo positivo de la innovación aplicada con ética. Iniciativas como algunas investigaciones psicológicas para paliar la adicción a los teléfonos móviles, que paradójicamente se sirven del big data para sus análisis; y otras iniciativas para frenar los efectos negativos derivados del mal uso de la tecnología.

En este sentido, España tiene una gran responsabilidad, ya que se está convirtiendo en uno de los principales hubs tecnológicos, lo que supone una oportunidad para la generación de negocio y atracción de talento internacional. Pero también constituye un reto, dado que cuenta con la entereza, la constancia y las herramientas necesarias para poder afrontar los desafíos que plantea todo ello.

En una sociedad en la que se ha logrado una prematura democratización del acceso a la información, es nuestra misión trabajar para seguir progresando, tomando consciencia de que la responsabilidad reside en nosotros mismos, que somos los que, en cierta medida, administran estos nuevos sistemas. Si logramos aplicar la ética a las aplicaciones de la tecnología seremos capaces de lograr un mundo donde el término medio impulse las decisiones.

Luis Ureta es Country General Manager de Globant España