Impulsar el biometano para avanzar en la descarbonización

Crea empleo verde en el campo, reduce la contaminación y aprovecha los residuos orgánicos

La crisis y los graves efectos económicos de la pandemia, sumados a los efectos del cambio climático, abren paso a un escenario inédito de reformulación del modelo productivo que tiene en la transición hacia una economía más verde y sostenible una de sus principales palancas de transformación.

En este sentido, el desarrollo de los gases renovables podría convertirse en un elemento fundamental para reducir las emisiones de CO2 e impulsar la penetración de energías limpias que nos ayuden a conseguir el objetivo de neutralidad climática en 2050. Ejemplo de ello es el biometano. Este biocombustible podría jugar un papel muy relevante en la transición hacia un modelo económico sostenible y eficiente integrando el concepto de economía circular en un sector estratégico como es el energético, que permea en toda la economía. Se trata de un gas del que Europa tan solo aprovecha una pequeña parte de su potencial, pero que tiene una gran capacidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y que permite la generación de energía totalmente renovable.

En la Comisión de la Economía Circular de la Cámara de Comercio de España hemos realizado un estudio sobre el biometano que concluye que este gas renovable –que se obtiene a partir del enriquecimiento del biogás procedente de residuos agroindustriales y ganaderos, plantas depuradoras de aguas residuales y vertederos– podría cubrir hasta el 64% de la demanda de gas de uso residencial, utilizando para ello la extensa red de transporte y distribución de gas natural con la que cuenta España.

A su vez, el biometano podría ser utilizado para descarbonizar sectores en los que la electrificación es más complicada, como el transporte de larga distancia y los procesos industriales de alta temperatura, y podría llegar a ser una herramienta clave para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

A las oportunidades que ofrece este gas renovable en cuanto a la reducción de emisiones de GEI y otros contaminantes, se añaden la mejora de la gestión medioambiental de ciertos residuos orgánicos, el apoyo al desarrollo rural y la consolidación del empleo en entornos agrícolas y ganaderos, mejorando además la seguridad del suministro al reducir la dependencia energética de España, en un momento en el que la dificultad para abastecerse tras la pandemia, el endurecimiento de los objetivos de descarbonización y la inestabilidad geopolítica han provocado que el precio del gas natural en los mercados internacionales se haya multiplicado por seis desde finales de 2020.

Sin embargo, con un desarrollo y un marco regulatorio todavía incipiente, nuestro país tiene mucho trabajo por delante. Sirva como ejemplo que, de las más de 800 plantas operativas que producen biometano en Europa, solo 5 se encuentran en España, muy por detrás de Alemania, Francia o Reino Unido, países que cuentan con 80 o más plantas (Alemania supera las 200), y lideran el mercado de los gases renovables.

Por ello, consideramos necesario llevar a cabo una serie de actuaciones para potenciar el uso del biometano, entre las que cabe destacar:

Primero, el impulso de la coordinación en materia legal de todos los ministerios y Administraciones involucradas, así como la creación de un marco regulatorio holístico y estable de gases renovables que otorgue certidumbre y seguridad jurídica a los operadores del sector y les permita seguir invirtiendo y aumentando la curva de aprendizaje.

Segundo, el establecimiento de un sistema de certificados de garantía de origen renovable, a semejanza del implementado en 2007 para potenciar la producción de energía eléctrica a partir de fuentes renovables.

En tercer lugar, el impulso de medidas que garanticen la demanda del biometano, como la introducción de cuotas sectoriales para los gases renovables, que podrían fomentar la inversión en el sector. Además, esta clase de mecanismos también impactarían positivamente sobre la competencia entre proveedores, favoreciendo a los fabricantes que innoven para ofrecer el suministro a precios más competitivos.

Por último, llevar a cabo un análisis sobre las opciones existentes para establecer incentivos económicos a través de la política energética que permita a los gases renovables competir en el mercado energético, de la misma forma que se realizó respecto de otras energías renovables en sus fases iniciales. En la actualidad, la producción de biometano aún tiene un coste muy superior al precio que se paga por el gas natural y el petróleo, por lo que las políticas de apoyo que se establezcan serán esenciales.

La Hoja de ruta del biogás que en la actualidad está elaborando el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico va en el buen camino, al incluir algunas de las propuestas apuntadas.

Esta Hoja de ruta será una herramienta fundamental para que el biometano pueda jugar un papel relevante en la transición hacia un modelo económico sostenible, descarbonizado, eficiente y competitivo. Sostenible porque facilitará la creación de empleo verde en el mundo rural; descarbonizado porque su utilización conllevaría una reducción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero, de más del 80% respecto a las del gas natural, dependiendo del tipo de residuo empleado para su generación; eficiente por el aprovechamiento energético de residuos orgánicos que ahora mismo no están sujetos a procesos de tratamiento; y competitivo porque España posee una extensa red de gasoductos, de más de 100.000 kilómetros, en la que se puede intercambiar el gas natural y el biometano, sin necesitar inversión adicional.

Nos encontramos en un momento crítico para dar un paso adelante en el cumplimiento de la Agenda 2030, facilitar la transición energética y el cambio de modelo económico lineal a uno basado en la economía circular, para lo que el biometano puede servir de palanca, ayudando a cumplir con los objetivos ambientales, y convirtiéndose así en un aliado clave que no puede ser ignorado.

Federico Ramos es presidente de la Comisión de Economía Circular de la Cámara de Comercio de España