A FONDO

Cuenta atrás para la creación de un grupo en torno a ITP Aero

Indra se perfila como el dinamizador de una corporación aeronáutica que el Gobierno considera estratégica

ITP Aero tiene más de 4.000 trabajadores.
ITP Aero tiene más de 4.000 trabajadores.

El tiempo vuela, por hacer un símil con el sector aeronáutico. Cuando en septiembre del año pasado Bain Capital y Rolls-Royce acordaron la venta del 100 % de ITP Aero por 1.700 millones, se dieron de plazo hasta el próximo 30 de junio para cerrar la operación.

Nueve meses parecían más que suficientes para que Bain lograra “españolizar” el capital de una compañía que el Gobierno de Pedro Sánchez considera “estratégica” para garantizar el desarrollo de la industria de aeronáutica civil y de Defensa del país.

Pero el tiempo pasa y el fondo de capital riesgo de Boston (Estados Unidos) cuenta por ahora con pocos compañeros de viaje para llegar a cubrir un 30 % del capital de ITP Aero. Todos miran estos días a Indra, donde el Gobierno pasará a controlar del 18,7 % al 28 % del capital a través de SEPI.

El mercado ha interpretado esta operación como el futuro desembarco de Indra en la empresa vasca, que servirá para consolidar la creación de un grupo aeronáutico en torno a ITP Aero. Ignacio Mataix, uno de los dos consejeros delegados de Indra, dirigió durante más de un lustro a la empresa vizcaína y la conoce perfectamente.

De momento, el grupo vasco SAPA participaría en la operación por su vinculación con el sector de Defensa, su principal cliente desde hace más de un siglo. La empresa de la familia Aperribay, que precisamente ha comprado este año el 5 % de Indra, sumaría, junto con BP Capital, un 6 % de ITP Aero. A la espera de la entrada del Gobierno vasco a través de su fondo Finkatuz.

El Ejecutivo de Vitoria ha reclamado un representante en el consejo de administración, ante lo que Bain se muestra refractario, y que se mantenga en Euskadi la sede y el centro de dirección del fabricante de componentes aeronáuticos.

Otros inversores que han “sonado” son la siderúrgica Sidenor y el empresario Francisco Riberas, a través de su sociedad patrimonial Orilla. También Sener, que en su día fundó ITP Aero y luego la vendió a Rolls-Royce porque requiere de una reinversión continua de los beneficios en un negocio que está en una transformación tecnológica constante.

Tampoco hay que perder de vista a los grupos aeronáuticos Aernnova y Aciturri, que en su día pujaron por ITP Aero sin éxito. Por cierto, ambos han superado sus respectivos Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTEs), presentados por la crisis provocada por la pandemia.

Indra puede ser el pegamento que junte a todos, entre los que aparece la familia Urrutia del barrio de Neguri en Getxo (Bizkaia). Y el Gobierno tendrá la última palabra para autorizar la operación.

En cuanto al negocio, ITP Aero está haciendo los deberes. En 2021 volvió a la rentabilidad y ganó 67 millones netos. El sector, hasta la guerra de Ucrania y después de sobrevolar lo peor de la pandemia, vive una reactivación de los vuelos comerciales. Una recuperación mayor en el caso de las rutas de cercanía, cubiertas por los aviones de pasillo único, que en las de largas distancias que unen los aparatos de doble pasillo. El miedo al virus todavía se nota en estos desplazamientos.

ITP Aero está muy asentada en Defensa. Realiza el mantenimiento de todas las aeronaves de la Armada y participa como proveedor de referencia del motor del FCAS, el futuro avión de combate que también será equipado por los grupos Safran (Francia) y MTU (Alemania). También participa en el programa del A400M, el avión de transporte militar de Airbus que se hizo “famoso” por las imágenes de las evacuaciones desde el aeropuerto de Kabul (Afganistán).

Asimismo en Defensa, ITP Aero es proveedor del motor EJ200 del Eurofighter, al que FCAS tomará el relevo. Y del helicóptero Tigre de Eurocopter. ITP Aero, tras integrar la fábrica de Hucknall (Inglaterra) de Rolls-Royce, cuenta con una plantilla de 4.175 trabajadores.

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