Por qué Feijóo es malo para PSOE y Vox y bueno para el PP

Vox y Cs no han conseguido nunca escaños en Galicia, son extraparlamentarios, y los socialistas están en mínimos históricos

“Los españoles de hoy y de mañana nos van a juzgar por la capacidad que demostremos de reunir fuerzas para ganar, para detener y revertir este verdadero trienio negro en el que el Gobierno ha sumido a España, desperdiciando los sacrificios que los españoles han hecho y usando otra crisis para dilapidar nuestra trayectoria de reconciliación, libertad y progreso. En democracia, reunir fuerzas es reunir votos, recuperar voluntades, renovar esfuerzos y buscar los grandes objetivos nacionales que queremos para España y sus ciudadanos. Lo demás es perder. Y perder significa que gobiernan otros. Los peores. Así de simple”. Palabras de Pablo Casado a Santiago Abascal (octubre de 2020, debate de la moción de censura de Vox a Pedro Sánchez).

Quince meses después, Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso se enzarzan en una guerra cainita que convierte al primero en un político zombie y deja a la segunda en manos de la calificación que la justicia dé a la relación mercantil entre la Comunidad de Madrid y su hermano Tomás. En medio, se agiganta la figura de Alberto Núñez Feijóo, avalada por su prestigio profesional de más de 30 años y cuatro mayorías absolutas consecutivas. Ningún barón del PP puede presentar una tarjeta tan competitiva. ¿Es el momento de aterrizar las palabras de Casado a Abascal?

Si Feijóo asume el mando, los militantes del PP tendrán motivos para el optimismo. De la combustión de un liderazgo adolescente (Casado) surgirá otro maduro y aún con tiempo de disputar a Pedro Sánchez las próximas elecciones, que serían en 20 meses si cumple la promesa de agotar la legislatura. Otra cuestión es ganar y gobernar. “Lo demás es perder”.

La autoridad de Núñez Feijóo enraíza en Galicia, la región con mayor reputación conservadora, fama construida sobre las cuatro mayorías absolutas que obtuvo Manuel Fraga en las elecciones autonómicas de 1989 a 2001. El PP de Galicia lleva treinta años, desde 1993, con el monopolio del centro y la derecha. Con Fraga, los otros partidos de centro derecha gallegos, como Coalición Galega, pasaron a la irrelevancia.

Feijóo fue capaz de mantener la aspiradora de votos de derecha construida por Fraga. Pero su figura creció al mantener extramuros a Ciudadanos y Vox, los grandes competidores del PP surgidos en los últimos años. Nunca han conseguido representación en el parlamento regional ni tampoco diputados o senadores nacionales por Galicia. En las últimas generales, Vox captó el 15,1% del voto en el conjunto de España, con un máximo del 27,9% en Murcia (la tierra de Teodoro García Egea) y un mínimo del 2,4% en el País Vasco. En Galicia se quedaron en el 7,4%, la mitad de la media nacional

Este caudal ha sido posible porque Feijóo, a diferencia de Fraga, es percibido como una persona de centro, lo que no solo le ha permitido neutralizar a Ciudadanos, sino que desquicia al PSOE. Los socialistas llevan en Galicia dos legislaturas con 14 diputados y menos del 20% de los votos. Están en mínimos históricos en la región, lo que les ha llevado a ser la tercera fuerza política, detrás del BNG.

Este es el gran valor político de Feijóo, su capacidad de aglutinar a la derecha y a la vez parecer moderado, centrado y con visión de Estado, nada que ver con Casado y Ayuso. Todo ello con un discurso contundente y muy claro, poco que ver con Rajoy. Así, mientras es rotundo en el rechazo a Vox y Ciudadanos, a Ayuso le encanta contemporizar con ellos y veremos qué hacen en Castilla y León.

Además, Feijóo tiene criterio propio, como se vio en las elecciones autonómicas de 2020. Entonces, Casado le pidió que metiera a Ciudadanos en sus listas. Ni caso. Lo mismo le exigió a Alfonso Alonso en el País Vasco, que también se negó. Alonso dimitió y Carlos Iturgaiz, que estaba a las puertas de Vox, acabó liderando la lista compartida con el partido naranja, que resultó otro fracaso.

Alberto Núñez Feijóo, licenciado en Derecho y funcionario del Cuerpo Superior de la Administración General de la Xunta de Galicia, tiene un currículo de gestión contrastado que deja en evidencia a cualquier posible contrincante interno y de otros partidos. Cuando se presentó a sus primeras elecciones autonómicas llevaba 18 años en cargos de responsabilidad autonómica y estatal. Ahora, cuando se apresta a competir con Pedro Sánchez acumula tres décadas de gestión, la mitad al frente de una comunidad.

Llegó a la política de la mano de José Manuel Romay Beccaría, que en 1991, con 30 años, le mete en sus equipos en las consejerías de Agricultura y Sanidad. En 1996 se lo lleva a Madrid, cuando José María Aznar hace a Romay ministro de Sanidad, y sería secretario general de Asistencia Sanitaria del ministerios y presidente del Insalud (1996-2000). Después pasó a Correos, de la que sería presidente (2001-2003). En 2004, retorna a Galicia y Fraga le señala como heredero nombrándole vicepresidente primero.

En las elecciones de 2005, Fraga saca un diputado menos que la suma de PSOE y BNG, y el veterano político se va a su casa y el PP a la oposición. Feijóo tuvo ahí un paréntesis de cuatro años de dura oposición al bipartido PSOE-BNG. En marzo de 2009, con 48 años es cabeza de cartel del PP. Le votan casi 790.000 gallegos, el 47% de los que acudieron a las urnas, y obtiene la primera de cuatro mayorías absolutas consecutivas.

Feijóo es un líder que representa la experiencia en la gestión y la eficacia en las urnas. Pero todo esto pasó en Galicia. ¿Va a ser capaz de reeditarlo a escala nacional? Pedro Sánchez y Santiago Abascal saben que lo tenían más fácil con Pablo Casado, pues la habilidad de Feijóo es que resulta atractivo a los votantes de Vox y a los que saltaron del PSOE a Ciudadanos. Esto es lo que quieren los barones del PP, alguien capaz de reunir todo el voto de la derecha y robar parte al PSOE, porque “lo demás es perder”.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense