La ruptura del matrimonio entre fútbol y criptomonedas

Los avisos oficiales sobre el riesgo que supone invertir en estos activos no pueden competir con la mayor campaña de marketing global de la historia

El jueves 17 de febrero entrará en vigor la circular 1/2022 de la CNMV relativa a la publicidad sobre criptoactivos presentados como objeto de inversión, que no pasará a la historia por su aportación a poner fin a la que puede acabar siendo la mayor estafa del siglo XXI: la inversión en criptomonedas y el universo desarrollado a su alrededor. Hace un año que CNMV y Banco de España hicieron un comunicado avisando de los riesgos de estos activos. Pese a todo, su popularidad sigue imparable y alcanza a todas las rentas y capas sociales.

Un estudio de una asociación de consumidores señala que hay más de 4,4 millones de personas que han invertido en este tipo de activos, aunque es muy difícil saber cuántas personas están apostando a algo críptico por principio. No se comercializan por canales formales, regulados y supervisados, y son moneda común de narcotraficantes, defraudadores y otras escorias.

Un incauto que ha invertido en bitcoins a través de cualquiera de las máquinas repartidas por España, en barrios de rentas bajas, como pasa con las casas de apuestas, ha podido perder más de la mitad en pocas semanas. La cotización del bitcoin se ha movido en un año entre un máximo de 68.789 dólares y un mínimo de 28.893. Con esta volatilidad, ¿hay alguna diferencia entre comprar bitcoins o ir al casino?

Lo que distingue a las inversiones en estos activos, de los juegos de azar, es el enorme marketing global y digital generado alrededor de este negocio, tan difícil de explicar que ni siquiera se conoce a su padre, al fundador, quizás arrepentido del monstruo que ha creado. Un marketing apalancado en las competiciones deportivas, internet y redes sociales, que ha hecho que invertir en criptomonedas parezca cool, de personas modernas e interesantes, lo contrario a la caspa y peluquín del bingo.

Alrededor de las criptomonedas se han creado millones de compañías. Las que emiten las monedas, las que minan para crearlas, las plataformas de negociación, las de conservación de claves, de formación, de publicidad. Todas juntas construyen la mayor campaña de marketing de la mayor tomadura de pelo de la historia, junto con los tulipanes.

Hoy, el 75% de los clubes españoles de fútbol de Primera División tienen como patrocinadores al universo cripto, según recopilaba El Economista. Algo muy parecido sucede en el resto de las grandes ligas europeas de fútbol. Como remate, una de esas plataformas de negociación de monedas digitales será uno de los anunciantes de la final de fútbol americano, la Super Bowl, que se celebra este domingo. La misma compañía que ha puesto nombre al estadio de los Heat de Miami en la NBA, que en 2020 se colocó como uno de los patrocinados de béisbol y evitó el nombre.

Esta inmensa campaña hinchando la burbuja de las criptomonedas apenas encuentra voces con peso capaces de desmontar la verborrea generada alrededor de estas inversiones. El premio nobel de economía Paul Krugman señalaba recientemente en El País que veía “desagradables similitudes” entre las inversiones en estos activos y “la crisis de las hipotecas basura. Cada vez tenemos más pruebas de que sus riesgos recaen de forma desproporcionada sobre personas que no saben en qué se están metiendo, y que se encuentran en mala posición para afrontar los reveses.”

El inversor más exitoso de las últimas décadas, Warren Buffet, es uno de sus mayores detractores. Para él, las criptomonedas “son un engaño, básicamente”, dijo en 2019 a la CNBC. Un año antes advertía de que “casi con total certeza van a acabar mal”. Son voces que claman en el desierto.

La CNMV quiere hacer frente a todo este despliegue publicitario con una circular en la que se dice que la publicidad sobre criptoactivos deberá incluir la advertencia: “La inversión en criptoactivos no está regulada, puede no ser adecuada para inversores minoristas y perderse la totalidad del importe invertido”. Quedarse ahí es como si el combate al tabaco terminara en el estéril aviso de la cajetilla: Fumar mata.

La tarea de supervisores y reguladores no es sencilla, especialmente en las democracias, donde los Estados tienen que garantizar el derecho a arruinarse como uno quiera. Pero si de verdad quieren advertir a los millones de incautos que han metido parte de su ahorro en estos activos, lo primero es utilizar un lenguaje más claro y directo, nada críptico.

El mensaje que quiere trasladar la CNMV tiene tres ideas sobre la inversión en criptomonedas: que no está regulada, no es buena para particulares y se puede perder todo. Con esas advertencias, Nueva Rumasa emitió unos pagarés de empresa que se anunciaron hasta en televisión y supusieron millones de pérdidas para modestos ahorradores.

Las autoridades tienen que ser mucho más contundentes, incluso para protegerse a sí mismas de potenciales reclamaciones, que las habrá, como pasó con los sellos de Forum Filatélico y Afinsa, con Gescartera o Madoff, entre otras estafas. ¿Habría que llegar al extremo de China de prohibir las criptomonedas? Es una opción, pero antes convendría tomar otras medidas. La primera, aplicar a su publicidad las mismas restricciones que recientemente se han puesto a las casas de apuestas, que son similares a las del alcohol y el tabaco.

La industria del futbol ha atraído en las últimas décadas a demasiados empresarios corruptos y defraudadores, y algunos han pasado por la cárcel. Los clubs deberían hacer una reflexión sobre el coste reputacional que les puede suponer ligarse en exceso a patrocinadores que son representantes de dictaduras de Oriente Medio, casas de apuestas y criptoactivos. ¿Con qué valores se asocian cuando colocan esas marcas junto a su escudo? ¿Qué opina Alberto Garzón, ministro de Consumo?

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense