El acrónimo ASG se merece una disgregación de sus siglas

Agrupar temas complica innecesariamente la toma de decisiones de los gestores de fondos

Embalse de María Cristina, en Alcora (Castellón), en 2018.
Embalse de María Cristina, en Alcora (Castellón), en 2018. reuters

Lo está haciendo General Electric. Y Toshiba. Y J&J. Las disgregaciones están de moda, y con razón: las partes individuales de las corporaciones en expansión pueden gestionarse mejor por sí solas y podrían valer más por separado. Pero la mayor escisión de 2022 no será específica de una empresa. Es el momento de separar las letras del acrónimo ASG.

Significa ambiente, sociedad y gobernanza, y apareció por primera vez en un informe de la ONU de 2005. Era una forma práctica de presionar a los inversores para que invirtieran en la solución de problemas comunitarios que ignoraban en pos de la cuenta de resultados. Parece que ha funcionado.

Pero agrupar temas complica innecesariamente la toma de decisiones de los gestores de fondos. Casi el 60% de los inversores encuestados por Natixis Investment Managers creen que tienen la responsabilidad de ayudar a resolver los problemas sociales. Pero una mayoría más amplia, el 78%, dice que es principalmente responsabilidad de los Gobiernos.

Las empresas que obtienen buenos resultados en emisiones de carbono, o A, pueden fallar en diversidad del consejo. Por otra parte, pueden dar prioridad a la rentabilidad de los accionistas en detrimento de la sostenibilidad o de la mejora de las bajas por maternidad, y llamarlo buen gobierno. La agregación de las métricas de ASG permite enmascarar los fallos en un ámbito con los resultados en otro. A diferencia de las calificaciones de la deuda corporativa, las puntuaciones ASG varían mucho en función de quién realice la medición.

Muchos inversores dan prioridad al clima, un ámbito en el que las inversiones financieras pueden tener un impacto directo y mensurable, y que carece de valores culturales específicos de cada país, que se incluyen en las medidas de justicia social. Pero las empresas que están sinceramente comprometidas con atacar los tres problemas están evitando un enfoque generalizado, de todos modos. “A, S y G no son compañeros de cama naturales, y no utilizamos ese lenguaje”, dice Alan Jope, jefe de Unilever. “No debemos fijarnos demasiado en la etiqueta, sino en los actos que hay debajo”.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías