Brexit

¿Qué pasa si la relación entre el Reino Unido y la Unión Europea salta por los aires?

Irlanda del Norte y la pesca han generado enormes tensiones

En la localidad norirlandesa de Newtownabbey, cuatro enmascarados obligaron a los pasajeros y al conductor de este autobús a bajarse.
En la localidad norirlandesa de Newtownabbey, cuatro enmascarados obligaron a los pasajeros y al conductor de este autobús a bajarse. Getty Images

Es un escenario poco probable. Muy poco probable, ya que los intereses comunes son tan elevados que nadie saldría beneficiado de una brusca ruptura entre el Reino Unido y la Unión Europea. Por momentos, durante las arduas negociaciones, se llegó a temer la posibilidad del entonces llamado como hard Brexit. Finalmente, no sucedió en toda su magnitud y se llegó al acuerdo, pero incluso una vez hecho efectivo el divorcio, sigue habiendo desencuentros entre Londres y Bruselas.

A mediados de noviembre, el secretario británico para el Brexit, David Frost, aseguró que sería legítimo romper unilateralmente partes del acuerdo. Bruselas no se amilanó y, ante la insinuación, lanzó la amenaza de tomar represalias en forma de aranceles. En un supuesto de ruptura total, las consecuencias abarcarían diferentes campos, pero principalmente correrían peligro tres cuestiones. La pesca e Irlanda del Norte, por un lado, que son los mayores elementos de fricción ya hoy en día, y, por otro, el comercio, siempre vulnerable a las veleidades políticas.

El problema irlandés

La realidad dual de Irlanda del Norte sigue presente y el Brexit ha removido nuevamente un conflicto latente que costó el derramamiento de sangre en el pasado. De un lado, la población católica; del otro, la protestante. Unionistas, favorables a los lazos de la región con Reino Unido, y republicanos, partidarios de la unificación de la isla en un Estado independiente.

El acuerdo del Brexit en su conjunto ya corrió peligro por Irlanda del Norte en el pasado. Finalmente, se llegó a un frágil equilibrio. La región permanecería a la vez en la zona aduanera de la Unión Europea y en la del Reino Unido, pero, a cambio, las mercancías británicas que llegaran a la zona estarían sujetas a las normas europeas. Es lo que se conoce como el Protocolo de Irlanda del Norte.

El 7 de diciembre, una comisión independiente presentó ante el Parlamento británico su cuarto informe sobre Irlanda del Norte y el divorcio europeo. “La reacción al Brexit, incluyendo la respuesta al Protocolo de Irlanda del Norte, ha provocado nuevas complejidades y una creciente presencia del paramilitarismo. Los desórdenes callejeros de primavera y otoño han avivado las especulaciones sobre una vuelta de la actividad paramilitar. Lo expusimos en nuestro anterior informe y lo repetimos ahora: el paramilitarismo sigue siendo una clara amenaza en la actualidad”, advertía el documento.

Si se rompen del todo las relaciones entre el Reino Unido y la UE, sería una nueva patada al avispero.

Pesca

Desde el primer momento generó problemas. En el pacto, se fijó un sistema de cuotas que irían reduciéndose con los años para que los barcos comunitarios pudieran seguir faenando en aguas británicas. No contentó a los pescadores de ninguno de los dos bloques. Diversos países de la Unión han acusado al Reino Unido de romper el acuerdo al prohibirles pescar en algunas de sus aguas.

Un análisis certero

A inicios de 2021, los expertos de Julius Baer daban su opinión sobre el pacto en un análisis que se ha demostrado totalmente acertado. “Tal y como se esperaba, las más de 1.200 páginas que tiene el grueso acuerdo han demostrado ser escasas en sustancia. La mayor alegría que suscita es la de haber evitado aranceles y cuotas en el comercio de bienes. Al margen de eso, el pacto tiene características del hard Brexit al dejar el comercio de servicios fuera del acuerdo. Este agujero deja al sector financiero en el limbo. Mientras los políticos celebran su victoria, el pacto no deja a todo el mundo contento. Aunque Irlanda del Norte sigue en la unión aduanera de la UE y en la del Reino Unido a la vez, las normas de la Unión Europea se aplican sobre los bienes procedentes del Reino Unido dirigidos a Irlanda del Norte, creando una frontera unidireccional entre ambas orillas del mar irlandés. También, los pescadores británicos protestan ante la lenta reducción de cuotas de pesqueros comunitarios. De cualquier forma, aunque la pesca levanta pasiones, solo es una parte de la gran foto económica. Mientras que el acuerdo prometía inicialmente eliminar barreras, de facto ha introducido nuevas. Los bienes pueden circular libres de aranceles, pero los puestos fronterizos y los procesos administrativos crean nuevas fricciones”, sostenía el informe.

Se puede concluir que los problemas en Irlanda empeorarían, la pesca en aguas británicas dejaría de ser accesible para la Unión y se impondrían aranceles comerciales si las relaciones saltan por los aires, pero, a juzgar por la situación, lo cierto es que las relaciones ya saltaron por los aires hace tiempo en muchos aspectos.

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