Sector aéreo: la vuelta de los abrazos

El reto más importante de la industria es impulsar la sostenibilidad y mantener al tiempo el transporte al alcance de una mayoría de ciudadanos

Cuando pensamos en los beneficios que el transporte aéreo ha traído a la sociedad, habitualmente es su impacto en el turismo lo primero que nos viene a la mente. Esto es normal, especialmente en el caso de España, toda vez que más del 80% de los turistas internacionales que nos visitan lo hacen por vía aérea. A continuación, el denominado tráfico de negocios suele ser el siguiente en salir a la palestra, menos representativo en volumen, pero de gran relevancia en cuanto a los ingresos de las compañías aéreas, especialmente en el largo radio, y para el desarrollo de la economía y el emprendimiento. Sin embargo, hay un tercer segmento de gran relevancia social y familiar, pero que suele pasar más desapercibido, y es el de los viajes para visitar a familiares y allegados, el denominado segmento VFR por sus siglas en inglés.

Este es un segmento que, atendiendo a las cifras del Instituto Nacional de Estadística, representa más de un tercio del total de los viajes de los residentes españoles –en todos los modos de transporte–, y la creciente asequibilidad del transporte aéreo ha permitido que cada vez cobre más importancia en este modo, acercando a personas y familias de una forma impensable hasta hace no demasiado tiempo. La reciente reapertura de Estados Unidos para los viajes no esenciales ha permitido evidenciar esto, con la vuelta de los abrazos a los aeropuertos de ambos lados del Atlántico, permitiendo que muchas familias se volviesen a reunir tras casi dos años separadas debido a la pandemia.

Personalmente, he venido abogando desde hace tiempo por la introducción de un nuevo ratio de gestión para nuestra industria, que he bautizado como índice de achuchabilidad. Este indicador mediría la cantidad de achuchones –que serían el grado superior en la escala de muestras físicas de cariño, un escalón por encima de los abrazos– que gracias a todo el sector aéreo se han podido producir entre abuelos y nietos, padres e hijos, y un largo etcétera de emocionantes encuentros que uno puede contemplar con solo ir a la sala de llegadas de cualquier aeropuerto.

Esto es especialmente relevante en un país como España, que tuvo grandes salidas de emigrantes durante el siglo pasado, muchos de los cuales, a pesar de haberse establecido en el país de destino, han seguido manteniendo los lazos con la madre patria, al igual que sus descendientes. Y más recientemente, en sentido contrario, con la gran cantidad de inmigración que hemos recibido, especialmente desde Iberoamérica, debido a los centenarios lazos históricos, culturales y sociales que nos unen.

Hasta hace no demasiado tiempo, lo habitual era que estos reencuentros, al menos en los casos en que había más distancia de por medio, fuesen muy esporádicos, una vez al año en el mejor de los casos –por Navidad, como reza el ya legendario anuncio de una conocida marca de turrones–. Afortunadamente, gracias a que hoy en día el transporte aéreo se ha hecho asequible para una gran mayoría de bolsillos, estos abrazos se han hecho mucho más frecuentes, aumentando el referido índice y, con él, el grado de felicidad y bienestar de las personas.

Por todo ello, el reto que tiene nuestra industria es mantener todo ese gran beneficio que el transporte aéreo aporta a la sociedad, pero hacerlo de una forma más sostenible. La magnitud del reto es muy grande, ya que la aviación, que actualmente representa alrededor del 3% de las emisiones de CO2 a nivel mundial, es uno de los sectores de más difícil descarbonización. Pero la industria tiene el compromiso y una hoja de ruta para conseguir llegar a tener emisiones netas cero en 2050, con medidas a corto, a medio y a largo plazo. Si bien algunas de las tecnologías dentro de dicha hoja de ruta, como el hidrógeno como alternativa al queroseno, están todavía lejanas de ser una posibilidad a escala comercial, existen otras, como es el caso de los combustibles sostenibles de aviación, que ya son una realidad tecnológica, y permiten reducir en más de un 80% las emisiones durante el ciclo de vida en los motores convencionales.

Desde sus inicios hace poco más de un siglo, nuestra industria siempre se ha caracterizado por enfrentarse a retos que a priori se presentaban como insuperables, empezando por el hecho de conseguir que una máquina más pesada que el aire levantase el vuelo, los vuelos a larga distancia o, más recientemente, romper el paradigma de que volar era algo reservado solamente para los más ricos. Todo ello nos hace pensar que entre todos superaremos este nuevo reto de la sostenibilidad, al tiempo que mantenemos este modo de transporte al alcance de una mayoría de ciudadanos y, de este modo, seguimos facilitando todos estos abrazos y muchos más.

Javier Gándara Martínez es Presidente de ALA (Asociación de Líneas Aéreas)