El papel clave del capital riesgo para agitar el mercado corporativo europeo

La oferta inicial que ha presentado KKR por Telecom Italia –10.800 millones de euros para comprar el 100% del grupo transalpino con el compromiso de asumir la deuda actual de 22.500 millones de euros– constituye una operación ambiciosa tanto para el capital riesgo en Europa como para el sector de las telecomunicaciones europeas. La magnitud de la oferta, que de consolidarse constituiría una de las mayores operaciones de la historia del private equity en Europa, supone un salto cuantitativo hacia una suerte de caza mayor en este mercado, dadas las poderosas características de la compañía italiana. Aunque el fondo estadounidense ofrece una prima del 45% con respecto al cierre de la sesión del viernes, lo que no es ni mucho menos desdeñable, hay que recordar que Telecom Italia se ha dejado el 50% de su valor en los últimos cinco años, en la línea de otros grandes grupos de telecos europeos.

Las características de la antigua compañía estatal italiana, no solo por tamaño, sino por valor estratégico, convierten esta oferta en un movimiento audaz. El Gobierno italiano tiene potestad para bloquear la compra, pese a que la trayectoria de su primer ministro, Mario Draghi, le faculta especialmente para comprender la importancia de una operación como esta y el papel que pueden jugar los fondos para agitar un sector que vive una crisis de rentabilidad y que debería caminar hacia una mayor consolidación. Más allá de que se busque mejorar en lo posible la oferta de KKR, la postura que adopte Italia ante esta opa puede marcar un punto de inflexión en medio de la férrea ola de proteccionismo empresarial que ha adoptado Europa con la pandemia con el fin de proteger a sus compañías estratégicas frente a posibles ofertas de capital extranjero. Pese a la utilidad de esos blindajes, que en España también se han adoptado, no estaría de más comenzar a reflexionar sobre la conveniencia de ir retirando el escudo protector y de abrir las economías a operaciones de capital foráneo capaces de agitar el mercado.

Todo apunta a que el capital riesgo está llamado a jugar un papel clave para reorganizar el mapa corporativo europeo en general, y el de las telecomunicaciones en particular. Los grandes fondos están recurriendo al mercado para obtener más 100.000 millones con los que impulsar fusiones y adquisiciones durante los próximos años. Conscientes del riesgo de que el alza de la inflación acelere la retirada de estímulos por parte de los bancos centrales, cuentan con abundante liquidez para invertir en una Europa que afronta la recuperación con elevadas dosis de incertidumbre, y en la que la consolidación empresarial puede ser una forma de aumentar la competitividad en un mercado cada vez más global.