¿Cambiará la inteligencia artificial nuestra forma de invertir?

La curiosidad está en la futura interacción entre las maquinas inteligentes y los inversores para diseñar una estrategia personalizada y controlar sus emociones

Tengo más preguntas que respuestas sobre el futuro de los mercados y productos financieros cuando se desarrolle todo el potencial de la inteligencia artificial. ¿Serán las máquinas capaces de predecir las tendencias de los mercados? ¿Podrán pronosticar la evolución en el precio de cada bono o acción en particular? A mí me gusta pensar que el futuro desarrollo tecnológico ayudará a evitar grandes correcciones de mercados. En un mundo ideal para los inversores se podría evitar los riesgos y la incertidumbre. Aunque habrá quien piense que eso no sería tan maravilloso, si desapareciese la volatilidad algún inversor igual se moría de aburrimiento. Otros, por el contrario, estarían encantados disfrutando de la tranquilidad.

Existen webs, aplicaciones y redes sociales que ofrecen análisis sobre valores financieros. Algunos se publicitan diciendo que sus predicciones son obtenidas por un ordenador (computer driven). Los servicios se ofrecen a través de internet y las interacciones de millones de usuarios proporcionan trillones de datos, ¿supone esto una ventaja que se puede explotar? ¿se usan para mejorar las predicciones y recomendaciones? ¿o para incentivar a que los consumidores operen más?

En la gestión de productos financieros, ¿qué aporta actualmente la inteligencia artificial? No me refiero a los fondos y ETFs que invierten en empresas de tecnología relacionada con ese concepto, que en general han ido muy bien, por cierto, si no a aquellos que usan algoritmos, Big Data o incluso machine learning en su proceso de inversión. En 2017 se lanzó un ETF que proclamaba estar gestionado íntegramente por una inteligencia artificial. El AI Powered Equity ETF invierte en acciones americanas y, si juzgamos sus resultados por la rentabilidad frente a otros fondos de inversión o ETFs comparables, no parece destacar. Tampoco mejora la relación entre rentabilidad y riesgo, si medimos este último por la volatilidad. Sin embargo, algunos fondos cuyas gestoras utilizan desarrollos tecnológicos como soporte a su gestión sí tienen resultados con mejor consistencia y pueden controlar de forma más eficiente aspectos cualitativos que algunos inversores les demandan.

Estoy convencida de que la tecnología ayuda a la gestión. A mi equipo le ayuda enormemente en el análisis y la selección de productos, pero para obtener resultados extraordinarios frente a lo que conocemos, me parece que vamos a tener que esperar algún año más.

Pero lo que me genera más curiosidad es el papel que tendrán en el futuro las máquinas cuando los inversores busquen asesoramiento personalizado. ¿Evitarán los efectos negativos del miedo o de una irracional ambición? La verdad que eso sería ideal. Claro que habrá quien imagine un futuro distópico con robots que utilicen el análisis de nuestros datos buscando el beneficio de una empresa y no del inversor.

Si finalmente, como seres sociales que somos, buscamos por defecto recomendaciones en redes sociales ¿cuáles triunfarán? ¿redes como Wikipedia o como Facebook? ¿tendrá en cuenta preferencias personales, filias y fobias? ¿para explotarlas económicamente o para advertirnos y que no nos perjudiquen en nuestras inversiones? Los roboadvisors españoles que conozco son una versión on-line de recomendación de carteras modelo en función del perfil de riesgo que se obtiene una vez que el usuario responde a un cuestionario (test de idoneidad). De momento, no he visto innovaciones a la hora de diseñar carteras frente a la forma tradicional y, a mi juicio, puede haber carencias en el asesoramiento si no se puede personalizar.

A nivel mundial los robots conversacionales o chatobots impulsados por la inteligencia artificial están creciendo exponencialmente. Según McKinsey, en 2020 las compañías gastaron un billón de dólares en algoritmos con capacidad de aprendizaje (machine learning). Un estudio reciente de Statista calcula que para 2024 el negocio de los chatbots sobrepasará los 994 millones de dólares (curiosa cifra para ser una estimación, deben usar inteligencia artificial y no necesitan redondear).

Para conocer aplicaciones, webs o chats actuales que interactúan con los inversores ofreciendo recomendaciones sobre productos y valores financieros sigo varios blogs y podcasts americanos porque suelen ser pioneros. Los inversores comentan sus impresiones. La opinión varía según el rango de edad, pero también en función de nivel de patrimonio invertido y según el modo en que lo hayan obtenido. Los más jóvenes con bajo patrimonio y que invierten apalancados son los usuarios que mejor las valoran. Los mayores de cuarenta comentan que reciben recomendaciones sobre demasiados valores, lo que les dificulta el seguimiento y, si siguen los consejos para cambiar, la rotación es alta y no les acaba de compensar.

Con lo que llevo visto, habrá que seguir atentos, me parece que en el futuro los asesores financieros humanos se enfrentan a la competencia de los chatbots, pues éstos parecen enganchar. Engagement no lo traduciría como compromiso, pero las nuevas generaciones aprecian la experiencia. Para la tecnología el reto será entender las necesidades de sus usuarios, incluso su lenguaje, los algoritmos que lo interpretan todavía tienen carencias con los matices, los tonos y las ironías. Para las empresas, la ética será algo importante a considerar, ojalá las máquinas aprendan a beneficiar al usuario tanto como a la empresa, o incluso más.

Ver qué ocurre en el futuro será sin duda apasionante y como yo prefiero aprovechar lo positivo de los avances ya he probado a diseñarme un avatar donde me veo fenomenal, sonriendo todo el rato, por si acaso el metaverso se convierte en el sitio habitual de interacción para comunicarme con los demás.

Marta Díaz-Bajo es Directora de soluciones de inversión de Atl Capital