Un empujón final al sueño de conectar de forma eficiente España con Europa

En la larga gestación del Corredor Mediterráneo, el paréntesis de tiempo muerto abierto por la pandemia puede parecer una anécdota, pero es más bien lo contrario en el contexto de un macroproyecto que acumula 25 años de retraso y cuya finalización resulta fundamental para revitalizar la economía. Precisamente es ahora, cuando España se halla inmersa en pleno proceso de recuperación, el momento de apurar los trabajos del trazado ferroviario de ancho europeo que unirá Algeciras con la frontera francesa. Como ha ocurrido en otras ocasiones y ciudades, una amplia representación de empresarios andaluces, murcianos, valencianos y catalanes, unidos bajo el movimiento QuieroCorredor, se reúnen hoy en Madrid con el fin de presionar al Gobierno para que agilice las obras, en las que se prevén nuevos retrasos. Todo apunta a que la demora se concentrará especialmente en el área de Almería, con lo que la finalización del corredor podría pasar del año 2025 al menos hasta el 2026.

Los empresarios exigen al Gobierno que preste el impulso definitivo para poder finalizar las obras en el plazo establecido, una fecha en la que el montante total de la inversión habrá superado ya los 22.000 millones de euros. La partida presupuestaria asignada a las obras en las cuentas públicas de este año, que es de 1.982 millones y dobla la de 2018, junto a la proyectada para las del año que viene, que será de 1.529 millones, evidencian la apuesta inversora del Gobierno, pero no garantizan por sí solas la finalización a tiempo del proyecto, un reto que exige también un serio compromiso que aúne voluntad política, eficacia en la gestión y exigencia institucional.

La importancia estratégica del Corredor Mediterráneo, que reforzará la actividad de una zona que aglutina el 50% de la población española y el 49% del PIB, está justificada por poderosas y numerosas razones económicas. Aunque se trata de un proyecto fuertemente apadrinado por los empresarios de la zona, su beneficio va más allá de esos territorios, y se cifra en un incremento del 2,2% en el PIB nacional. El fuerte crecimiento de las exportaciones españolas en los últimos años y la importancia estratégica de conectar el este español y la red de puertos que configuran el arco mediterráneo son algunas de las razones para defender el trazado, como también el favorecer una mayor cohesión entre las autonomías de la zona y el resto del país, y el impulsar la recuperación económica. Aunque la apuesta del tejido empresarial sigue siendo fundamental, el apoyo del Gobierno resulta imprescindible para convertir en realidad el viejo sueño de conectar por ferrocarril y de modo eficiente a España con el resto de Europa.