Tecnología frente a incertidumbre: cómo combatir el cisne negro

Según diversos estudios, solo este año, la inversión global en TI aumentará más de un 8% respecto a 2020

El autor libanés Nassim Taleb formuló la teoría del cisne negro, con la que identificaba hechos improbables y de consecuencias relevantes que nos obligan a replantearnos nuestro mundo. El Brexit o el Covid-19 son ejemplos de su teoría. Según Taleb, “el pasado no puede usarse para predecir el futuro”, una afirmación que, en el momento actual, parece definitivamente acertada.

El aleteo que el cisne negro desplegó el pasado año originó un vendaval hacia el ámbito socioeconómico, resultando un entorno cambiante y de honda incertidumbre en el cual las organizaciones necesitan replantearse su modelo de negocio para dar respuesta a las nuevas necesidades del mercado y la sociedad. Si bien es cierto que aquellas compañías conscientes de la importancia de transformarse son las que tienen mayor oportunidad de supervivencia, las que realmente perduran son las que convierten el cambio y la transformación en su prioridad, en el núcleo de su estrategia y modelo de acción para el día a día.

En este proceso de cambio, que entraña una gran complejidad, el CIO, responsable entre otros asuntos de las tecnologías de la información en la empresa, debe asumir una responsabilidad aún mayor y más relevante, acompasando la definición de la estrategia futura de la organización con la digitalización y el uso de la tecnología como claves para la puesta en marcha de iniciativas de negocio estratégicas y de alto impacto. De hecho, las previsiones de inversión en departamentos de TI por parte de las empresas han aumentado a nivel global y también en nuestro país. Según diversos estudios, solo este año, la inversión global en TI aumentará más de un 8% respecto a 2020.

En este sentido, el CIO debe impulsar que la organización resuelva sus retos transformacionales aplicando soluciones que se caractericen por su enfoque integral, a partir de un asesoramiento end-to-end, que abarque desde la fase inicial de la definición de la estrategia hasta su implementación.

En segundo lugar, el CIO también debe orquestar la difusión del conocimiento digital y tecnológico en todos los ámbitos de la organización, sensibilizando al resto de miembros de la alta dirección de su valor añadido, así como de los beneficios de la implementación de nuevas tecnologías para la compañía a corto, medio y largo plazo.

Si para Alvin Tofler, visionario de la revolución digital, el gran motor de los cambios es la tecnología, en una coyuntura como la actual todos miramos hacia ella como palanca posibilitadora e imprescindible para la transformación de las compañías. No se trata de robots humanoides compartiendo proyectos, sino de emplear la tecnología en cada fase del proceso de transformación empresarial. Esto permite impulsar estrategias avanzadas, así como diseñar, implementar y optimizar sistemas y soluciones de software que contribuyan a incrementar los ingresos, incluyendo nuevas líneas de productos y servicios, mejorar la eficiencia, reducir los costes y aumentar la productividad. Pero ¿cómo llevar estos cambios de paradigma a la práctica para lograr una transformación relevante?, ¿qué capacidades tecnológicas priorizar?, ¿cómo convivir con la aparente dualidad entre la necesidad de innovación y de gestión al mismo tiempo?

A pesar de ser procesos complejos, hay dos aspectos que deberían aplicarse en todas las organizaciones: contar con las mejores soluciones tecnológicas y optimizar los recursos existentes.

A la hora de escoger la estrategia más adecuada de transformación, el CIO de la compañía debe seleccionar las soluciones tecnológicas más adecuadas y adaptarlas a las necesidades, en primer lugar, de sus propios clientes, y, seguidamente, del propio mercado. La automatización, la inteligencia artificial o el machine learning son herramientas esenciales para llegar a estos públicos.

Por otro lado, para maximizar los recursos tecnológicos de la compañía, los CIOs tienen que estar más alineados que nunca a los objetivos de negocio, a las prioridades cambiantes y a los planes a medio y largo plazo de las organizaciones. De este modo, el área de TI crecerá en eficiencia y ayudará a determinar los requerimientos de inversión.

Dada la gran celeridad a la que se producen hoy los cambios resulta, además, crucial que las organizaciones cuenten con capacidades tecnológicas que les distingan en el mercado y que ayuden a la atracción y fidelización del talento.

En definitiva, toda organización, de la índole que sea, debe abordar de inmediato una transformación profunda donde la tecnología juega un papel clave. De lo contrario, no será capaz de adaptarse a los cambios de la sociedad, del mercado y, en definitiva, del entorno; cambios que, además, se producen hoy con mayor frecuencia e intensidad. La resiliencia sólo se puede alcanzar dotando a las organizaciones de la flexibilidad necesaria para adecuarse al cambio y a la disrupción de una forma rápida, ágil.

Este proceso debe hacerse de forma ordenada, siguiendo una metodología que garantice que todos los elementos necesarios son abordados y, además, lo son en el orden correcto. No es un asunto tecnológico, sino de todo el negocio. Se debe definir explícitamente la ambición, la hoja de ruta, se deben analizar las capacidades, identificar las carencias, concebir la tecnología disponible, diligenciar el cambio, gestionar el talento, difundir la cultura digital… Estos son solo algunos de los elementos que deberán tenerse en cuenta. Y todo ello, debe llevarse a cabo con el compromiso, impulso y soporte explícito de la dirección de la organización.

Una transformación integral, ordenada y ambiciosa permitirá a las organizaciones adquirir resiliencia, reforzar su posicionamiento y crecimiento futuro y, en suma, aprovechar la oportunidad de prepararse mejor ante los retos y desafíos, por si otro cisne negro asoma nadando.

José María de Santiago es Socio de Estrategia y Transformación Tecnológica de Consultoría de Deloitte