Impulsar las infraestructuras para no perder el tren del 5G

España necesita invertir 5.000 millones de euros en los próximos años para construir una red 5G similar a la 4G que tiene actualmente

En un futuro no tan lejano, nuestro mundo hiperconectado deberá soportar hasta 1 millón de dispositivos por kilómetro cuadrado de área de cobertura. Estos dispositivos conectados a la red ya son omnipresentes: solo este año habrá 20.400 millones en el mundo. Y en el futuro, tendrá lugar un incremento a gran escala con el que esos miles de millones pasarán a ser posiblemente billones. Esto supondrá que la cantidad total de datos producidos en la historia de la humanidad, que ya se duplica cada dos años, se multiplicará por dos, con toda seguridad, cada seis meses.

En este contexto la pregunta que debemos hacernos es: ¿estamos preparados para soportar la avalancha que se avecina respecto a nuestras necesidades de conexión y generación de datos? La respuesta es que podemos estarlo, pero para ello se debe trabajar y sobre todo invertir en modernizar y ampliar nuestra red de infraestructuras. Instalaciones que en un futuro no solo facilitarán las comunicaciones, sino que podrán ser utilizadas para, por ejemplo, proporcionar energía a automóviles eléctricos o drones

La actualización de las redes, incluidas las torres, para el 5G, promete una era de coches autodirigidos o cirugía realizada a distancia, algo que todavía nos suena lejano, pero que está más cerca de lo que pensamos. Vemos ya con más claridad otras bondades como la modernización de la industria, el impulso a la robótica y el internet de las cosas, las videollamadas y videos en streaming en alta calidad o la mejora del gaming. En definitiva, un mundo que hoy comienza a asomarse, pero que nada tiene que ver con lo que veremos a lo largo de los próximos años, siempre y cuando actuemos hoy y se adopten las medidas necesarias para facilitar su llegada. Para que esto sea una realidad, es necesario asegurar la posibilidad de conexiones con mayores velocidades y sobre todo con menor latencia que las que proporciona el actual 4G.

La cuestión es que España necesita al menos 5.000 millones de euros de inversión, en los próximos años, para construir una red 5G similar a la red 4G que actualmente tiene. La realidad actual es que el 5G cuenta con una cobertura que no alcanza ni al 30% de la población en España, llegando solo a determinadas zonas de las ciudades más pobladas. Y según datos del último informe de cobertura de banda ancha publicado por el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital de 2020, un 13,4% de las zonas rurales en España todavía no tiene ni siquiera acceso a internet de al menos 30 Mbps de velocidad, a través de redes terrestres.

Para subirnos al tren del 5G necesitamos que ese acceso se amplíe exponencialmente, lo que quiere decir la instalación y modernización de miles de antenas en los próximos años a lo largo y ancho de todo nuestro territorio. En este contexto, las torres independientes de telecomunicaciones se erigen como unas infraestructuras clave para impulsar la conectividad digital en España, ya que posibilitan ofrecer un modelo de red compartida a los operadores, reduciendo así los costes asociados y acelerando el despliegue necesario para soportar dicha conectividad. Algo que es intrínsecamente más respetuoso con el medio ambiente y también mucho más eficiente, ya que impulsa las sinergias industriales y minimiza la necesidad de construir en masa nuevas torres en el paisaje.

Cualquier rincón de nuestro país debe tener acceso a este cambio hacia el 5G. Porque la vertebración del territorio pasa por hacer posible que tendencias como el teletrabajo, la telemedicina y la tele enseñanza también lleguen a las comunidades rurales y se impulsen entre las personas que viven en ellas. En este sentido el despliegue de torres de comunicaciones facilita la digitalización de todo el entorno. Una circunstancia que no solo tiene el beneficio de conectar a las personas, estén donde estén y cuando quieran. Influye en la modernización de las empresas, las organizaciones y la competitividad de la economía, y lo hace además impulsando la sostenibilidad, gracias a que permite, por ejemplo, mejorar los procesos industriales o fomentar una explotación ganadera y agrícola más inteligente y respetuosa con el medio ambiente. Aprovechando mejor los recursos, disminuyendo el consumo energético y las emisiones de dióxido de carbono.

Hablamos, por tanto, de un objetivo más ambicioso como es el cierre de la brecha digital, algo que puede contribuir decisivamente a cuestiones tan vigentes como la despoblación que afecta a la España Vaciada. Pero pensar en todo este desarrollo, en lo que nos ofrece el futuro, la tecnología y la digitalización, sin comenzar sentando las bases de lo que necesitamos para que todo esto se haga realidad, sería como empezar la casa por el tejado, o lo que es lo mismo, un imposible.

Todo cambia si nos preguntamos qué necesitamos para no perder el tren del 5G. En mi opinión lo necesario es: disponer de proveedores de infraestructuras fiables y operadores móviles de gran calidad –algo con lo que ya contamos en España–, facilitar el despliegue de las torres de comunicación y de los equipamientos asociados, e impulsar la creación del tejido productivo que haga uso de esta conectividad y haga que el modelo de mercado resultante sea sostenible por sí mismo en el medio plazo. Los fondos de recuperación europeos suponen una oportunidad única para poder hacer realidad todas esas necesidades, alineando a todos los actores que tenemos capacidad para hacer realidad este reto de cerrar la brecha digital. De no hacerlo todo solo estaríamos hablando de películas de ciencia ficción.

Blanca Ceña Fernández es Directora General de Vantage Towers en España