El coste de la energía es un serio riesgo que exige una respuesta coordinada

El rally de los precios de la energía está adquiriendo un ritmo y una intensidad preocupantes, agravados por el contexto de una todavía frágil recuperación económica y por la cercanía del invierno en los países del hemisferio Norte. El temor a que el aumento de la demanda desencadene una crisis de suministros energéticos en un perídodo de especial vulnerabilidad para las poblaciones constituye ya un riesgo económico concreto, alimentado por la subida vertical del gas natural, la escalada de un recibo de la luz que bate un récord tras otro y el crecimiento de los precios del carbón, del petróleo y de los derechos de emisión de dióxido de carbono. En la jornada de ayer, los futuros sobre el gas natural llegaron a rozar los 200 dólares por por megawatio/hora mientras que en 2020 cerraban a menos de 45. También el precio de la electricidad marcó su segundo máximo histórico en España, 182 euros por megawatio hora, más del triple que el año pasado en estas mismas fechas.

La escalada actual de los precios no es un problema local, sino que ofrece frentes en la mayor parte de las grandes economías del mundo. Europa se adentra en el otoño con unas reservas de gas natural del 72%, frente a una media del 92% los cinco años anteriores, mientras las necesidades energéticas del norte de Asia se cifran en 3,8 millones de toneladas más de gas natural licuado. Tanto EEUU, cuyas plantas están produciendo al límite de capacidad, como el resto de las economías están soportando también el encarecimiento del petróleo y el carbón, que están viviendo su propio rally, a los que hay que unir el de los precios de los derechos de emisión de dióxido de carbono.

Pese a que los bancos centrales, entre ellos el BCE, sostienen que el alto coste de la energía es un problema coyuntural, fruto del acelerado deshielo económico tras el fin de los confinamientos, la posibilidad de que esta carrera de precios se mantenga y termine repercutiendo seriemente en la inflación y malogrando la recuperación existe, y no puede ignorarse. Las declaraciones de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, animando a los países de la UE a coordinarse para negociar la compra de energía y obtener mejores precios en el mercado –una propuesta planteada inicialmente por España– constituyen un ejemplo de la urgencia de buscar fórmulas eficaces para poner coto a este problema. Porque más allá de las subidas puntuales, el coste de la energía es un duro nudo gordiano que no se desata de forma unilateral ni se resuelve a golpe de decreto, sino que requiere de una respuesta conjunta que atienda a todas las causas del fenómeno, entre ellas, al alto coste de una descarbonización que tiene una alta factura y cuyos plazos Europa tal vez debería repensar.