Fondos UE: la carta a los Reyes Magos del transporte por carretera

El sector pide aparcamientos seguros y confortables, y una renovación del parque rodante

El desembarco de los 140.000 millones de euros de los fondos Next Generation que corresponden a nuestro país ya está en marcha. El pasado día 13 el Consejo Ecofin dio luz verde al primer paquete de ayudas, unos 9.000 millones de euros. La ingente inyección económica que representa este programa de la UE (más del 11% de nuestro PIB) será un enorme espaldarazo para muchos sectores, entre ellos el transporte de mercancías por carretera, que al mazazo del Brexit ha sumado, como muchos otros, las consecuencias de la pandemia en forma de merma de actividad, incremento de los kilómetros recorridos en vacío y fuerte erosión de rentabilidad y liquidez.

Nuestra industria tiene una oportunidad única para solventar estos problemas y otros, ya casi endémicos, que amenazan a las empresas transportistas y a sus profesionales, así como para acelerar los procesos derivados de la digitalización, la transición energética y el enorme dese­quilibrio de género en sus plantillas. Estos fondos europeos, por tanto, otorgarían a nuestras compañías un incalculable balón de oxígeno para aumentar su competitividad y ser cada vez más sostenibles desde el punto de vista económico, ambiental y sociolaboral.

El transporte de mercancías por carretera es estratégico para nuestra economía, tanto en el ámbito doméstico como internacional. Durante el confinamiento que vivimos el año pasado se puso de manifiesto con contundencia que se trata de una actividad esencial para el bienestar de la sociedad, muchas veces invisible, y que resulta imprescindible para abastecer tanto a la población como a casi todos los sectores económicos, máxime en un país como el nuestro, donde el 95% del movimiento terrestre de mercancías y dos tercios del intercambio de bienes con nuestros vecinos se realiza por carretera a cargo de 360.000 camiones. Creo, pues, que el carácter estratégico de esta actividad va, sin duda, más allá de su aportación al PIB (cerca del 5%) o al empleo, con más de medio millón de trabajadores directamente encuadrados en las plantillas de este sector, uno de los más competitivos de la UE; no en vano somos el segundo país de dicha Unión que realiza más transporte internacional de carga por carretera, con una cuota de mercado del 16%, por delante de países que nos superan ampliamente en PIB y población.

España, la cuarta economía de la UE en términos absolutos y en cabeza del peso del sector exterior sobre su PIB, no debería permitirse el lujo de perder músculo en un sector que es un vector indudable de competitividad. Por eso, esperamos que ni la nueva ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (Mitma), doña Raquel Sánchez Jiménez, ni el resto de los integrantes del Gobierno ni los diferentes estamentos autonómicos y municipales se olviden de esta industria a la hora de repartir los fondos europeos, en particular los 17.000 millones de euros concedidos al Mitma.

Nuestra carta a estos particulares Reyes Magos con nombre de grupo pop norteamericano –Next Generation– puede parecer abultada, pero creo que no hay nada inmerecido en ella. En esta larga lista de deseos destacan, en mi opinión, dos: erradicar definitivamente de la red viaria el sangrante déficit de aparcamientos seguros y confortables para que los profesionales del volante puedan llevar a cabo, con dignidad y seguridad, los descansos que establece la regulación vigente; así como impulsar decididamente la renovación del parque rodante de camiones con vehículos modernos, mucho más eficientes en el uso de la energía y con crecientes niveles de seguridad vial activa y pasiva.

Sin olvidar que con las ayudas de la UE también deberíamos impulsar el proceso de digitalización ya iniciado por los operadores de transporte, muchos de los cuales ya disponen de sistemas de geolocalización, monitorización, telemetría, simuladores de conducción, seguridad informática o eCMR (carta de porte electrónica); el fomento de la intermodalidad del transporte; o la apuesta por la neutralidad en emisiones de CO2. A pesar de que nuestra actividad solo supone el 4,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE, las empresas transportistas españolas llevan más de una década implantando una profunda transformación en su gestión empresarial que ya ha conseguido que las emisiones de CO2 hayan disminuido más de un 20% por cada tonelada-kilómetro producida.

Recientemente, junto a otras 17 organizaciones, hemos creado la Plataforma para la Promoción de los Ecocombustibles, con la que pretendemos que las administraciones públicas, especialmente el Gobierno de España y la Comisión Europea, impulsen el uso de estos combustibles renovables de bajas o nulas emisiones de CO2 como una vía complementaria para la descarbonización, sobre todo para sectores como el nuestro, para los que actualmente no existen alternativas o implementarlas resulta tremendamente costoso y poco eficiente.

En nuestra carta de deseos también estaría combatir la escasez de conductores profesionales, haciendo más atractivo este oficio, por ejemplo, a través de créditos blandos o subvenciones a fondo perdido para eliminar o rebajar la barrera económica que actualmente supone la obtención de las capacitaciones necesarias para convertirse en conductor profesional. Con cerca de un 40% de paro juvenil en nuestro país, no conseguimos atraer a los jóvenes a este sector en el que, si no hay un cambio radical de tendencia, en la próxima década perderemos un tercio de nuestros conductores por simple cuestión de edad, en tanto que se prevé que la demanda de movimiento de mercancías crezca un 30% en ese mismo periodo. Y no me cansaré de recordar la importancia de promover la incorporación de mujeres a esta profesión de cara a cerrar la actual brecha existente, ya que más del 97% de los transportistas son hombres.

Ojalá este instrumento europeo para hacer frente a la crisis provocada por la Covid-19 y que supone la mayor movilización de fondos de la historia de la UE sirva para fortalecer un sector al que debemos tanto.

Ramón Valdivia es director general de Astic (Asociación del Transporte Internacional por Carretera)