El ‘private equity’ disfruta de su verano húmedo y caluroso

Incluso la amenaza de Biden de subir el impuesto a las ganancias del capital les ha beneficiado

El mercurio está subiendo por la enramada de la élite del private equity. KKR duplicó con creces los beneficios distribuibles del segundo trimestre –su principal métrica de ganancias– en comparación con el año anterior, mejorando la pauta establecida por sus rivales Blackstone y Carlyle. Desde cualquier punto de vista, los barones de las adquisiciones se están forrando. Incluso las amenazas antes existenciales para el capitalismo les están haciendo más ricos, por ahora.

Los 54.000 millones de dólares de KKR y sus homólogos se ven favorecidos por tres tendencias principales. Las valoraciones de las empresas que poseen están subiendo, lo que ha hecho que las inversiones de private equity de la empresa de Henry Kravis aumenten un 56% en el último año. Un mercado de fusiones al rojo vivo ha ayudado a convertir las inversiones en efectivo, y los inversores siguen queriendo rendimientos más altos de los que pueden obtener a través de clases de activos más humildes.

El resultado es que se han batido muchos récords. Las ganancias de KKR relacionadas con las comisiones alcanzaron un récord en el segundo trimestre. En Blackstone, de Steve Schwarzman, los activos gestionados alcanzaron los 684.000 millones de dólares. La empresa de Kravis puso a trabajar una cantidad récord de dinero de los clientes. Schwarzman vendió una cantidad sin precedentes de 63.000 millones de dólares en activos. Carlyle marcó un nuevo máximo de beneficio acumulado en papel.

Aunque esto no puede durar para siempre, las empresas están aprovechando la oportunidad para diversificarse mientras las cosas vayan bien. Blackstone acaba de invertir en la empresa de la actriz de Hollywood Reese Witherspoon. KKR ha comprado una aseguradora. Junto con Carlyle, los tres tienen casi 320.000 millones de dólares de pólvora, más de lo que el presidente Joe Biden piensa gastar en arreglar la infraestructura de transporte de Estados Unidos.

Incluso el propio Biden se ha portado bien con Kravis y Schwarzman. Las palabras sobre el aumento del tipo impositivo sobre las ganancias de capital han empujado a algunos propietarios de empresas a entregar las llaves antes de lo que lo harían de otro modo: véase el acuerdo de Blackstone y Carlyle con Medline, por valor de 34.000 millones de dólares. La apuesta de la Casa Blanca por endurecer las revisiones antimonopolio puede dejar menos postores para las empresas que decidan vender.

La mayor ventaja del private equity puede ser que sus clientes están encantados de entregar una buena parte de sus beneficios cuando las cosas van bien. A los inversores en las empresas cotizadas también les va bien. Los inversores de Blackstone han duplicado su dinero en un año, incluyendo los dividendos. Incluso Carlyle, la más pequeña de las tres, tiene el doble de rentabilidad que el índice S&P 500. Si no es una edad de oro, es al menos un verano húmedo y caluroso.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías