Buena tendencia en el empleo, pero también un gran reto pendiente

El mercado laboral español sigue siendo muy ineficaz para reciclar empleados en nuevas actividades

La economía española entra en el mes de agosto con el viento de cola que marcó la primavera y sin que el inesperado impacto de la variante delta del coronavirus se deje notar, al menos de momento, en la creación de empleo. Ha sido el segundo mejor julio de la historia, con la creación de 133.000 empleos. Apenas quedan 79.000 puestos de trabajo (de nuevo sin tener en cuenta el caprichoso calendario) para volver al récord de un febrero de 2020 que queda muy lejano. Quedan, eso sí, por recuperar otros 330.000 trabajadores que están aún sujetos a ERTE. Datos que dan una visión más ajustada del agujero que ha provocado la pandemia. La gran pregunta es qué parte de ese empleo y del tejido productivo se puede recuperar, dando por hecho que no se puede volver a la casilla de salida como si nada hubiera pasado.

De momento la tendencia es, con toda la prudencia, esperanzadora: el empleo ha podido absorber la pérdida (estacional) de más de 100.000 empleos en educación y otros 50.000 en agricultura. Y, aunque la hostelería es lógicamente el sector que más tira, crece también el empleo en el comercio (muy dañado por el confinamiento y por el cambio de hábitos aparejado a este) y la industria. La temporada veraniega ha dado buenas cifras de empleo en lugares como Baleares, Girona, Cádiz, Málaga o Alicante. Por más que los datos de visitantes extranjeros (de junio) están muy lejos de los de 2019, el turismo doméstico está llenando las costas. Preocupa, no obstante, Canarias, donde se sigue destruyendo empleo.

En paralelo, la salida de trabajadores de ERTE se ha acelerado este mes respecto a junio, y sobre el papel la mejora debería de prolongarse en agosto. Al ritmo de 100.000 salidas al mes se tardaría solo un trimestre en absorber esos 330.000 trabajadores en ERTE. Pero no será tan sencillo, especialmente una vez pase la temporada alta veraniega.

La previsión de Escrivá antes del verano era dejar los empleados en ERTE en un abanico de 200.000 a 250.000 personas durante el verano (cálculos que no parecen mal tirados hoy por hoy). Pero, según sus cifras, unos 170.000 trabajadores estarían en empleos no recuperables. Son el mayor reto para el mercado laboral español, siempre muy elástico para destruir y generar puestos de trabajo (como hemos visto este año y medio) pero también muy ineficaz para reciclar empleados en nuevas actividades. Un déficit cuya corrección ya era imperativa antes de la pandemia, pero que el dichoso virus, al acelerar la digitalización en grandes áreas de actividad, hace aún más apremiante.