Los reguladores deben delimitar el campo de juego de los criptoactivos

En este tipo de inversiones, más que nunca, solo se deben hacer apuestas por aquellas que se sabe en cierto detalle cómo funcionan

La eclosión de las criptomonedas, su volatilidad y la elevada penetración en las apuestas inversoras de los menos informados ha puesto en guardia a los reguladores financieros para atajar una variada casuística de fenómenos que pueden alterar el funcionamiento normal del mercado. La fiebre de crecimiento de las primeras criptodivisas, fundamentalmente del bitcóin, que ha llegado a movilizar con su vertiginosa revalorización cerca de un billón y medio de dólares (1,3 billones de euros) para después perder la mitad de su valor, junto con la aparición de fraudes piramidales utilizando criptoactivos en varios mercados, o su generación y traspaso como fórmula de blanqueo de capitales o financiación y ocultación de actividades terroristas, ha forzado decisiones en varios países para poner coto a tales activos, o al menos a su uso. En todo caso, como la regulación de los mercados va siempre a remolque de sus movimientos, hay ya identificados más que probables fraudes a pequeños inversores en varios puntos del planeta, incluido España, donde la Audiencia Nacional se ha hecho ya cargo de al menos cuatro demandas colectivas.

El reconocimiento del valor de una moneda para ser real precisa del aval de las autoridades monetarias, pero también de la confianza fiduciaria de la comunidad de usuarios para que pueda ser reconocido por las partes en las transacciones como medio de pago. En el caso de las criptomonedas, cuenta con un respaldo muy marginal de los usuarios, dado que solo se han ensayado con ellas operaciones de inversión que manejan sus creadores, aunque hayan tenido ulteriormente el favor de pequeños inversores atraídos por las revalorizaciones especulativas que desaparecen con la misma facilidad que surgen. Pero cuentan con la reserva generalizada de todos los bancos centrales y con los reguladores de los mercados, que tratan de unificar los criterios sobre su utilización, sea como activo de reserva, muy marginal hasta ahora, o de inversión, más extendido.

Los bancos centrales han reaccionado con iniciativas no del todo cerradas sobre la regulación de monedas digitales replicadas de las divisas tradicionales (euro, dólar o libra esterlina), pero falta mucho camino para un uso regular de tales activos tras abrir tal posibilidad para neutralizar las iniciativas de grandes empresas como la anunciada y luego paralizada de Facebook.

Desde el punto de vista del inversor no iniciado, conviene mantenerse alejado de los luminosos destellos de sus verticales revalorizaciones, puesto que en este tipo de inversiones, más que nunca, solo se deben hacer apuestas por aquellas que se sabe en cierto detalle cómo funcionan; y en el caso de muchos de los criptoactivos, es una aventura tecnológica y un enigma financiero.