Una empresa británica se topa con las límitaciones del capitalismo social

Las acciones de Renishaw, cuyos dueños han rechazado una venta que no garantizaba los empleos, vale ahora un 26% menos que el día que colgó el cartel de "se vende"

Una empresa británica se topa con las límitaciones del capitalismo social

Fiel a su reputación como fabricante de aparatos de medición de máxima precisión, Renishaw ha mostrado a los inversores lo que cuesta exactamente tener conciencia social. Los octogenarios fundadores de la empresa de ingeniería británica, con una facturación anual de 3.700 millones de libras, han actuado por principios, oponiéndose a una venta que no garantizaba los empleos. Pero el no encontrar un comprador aceptable no resuelve el futuro del grupo.

David McMurtry y John Deer, que controlan entre ambos el 53% de la empresa, han estipulado que cualquier comprador “tendría que respetar la herencia y cultura únicas” de la empresa que fundaron en 1973. Esto significa mantener los empleos cerca de las raíces de Renishaw en el oeste de Inglaterra y continuar con altos niveles de I+D. Condiciones como estas pueden disuadir a los compradores en potencia. Y los cambios en la normativa británica sobre adquisiciones de los últimos años dificultan que los compradores puedan dejar a un lado los compromisos adquiridos.

Ahora que se ha descartado la venta, las acciones de Renishaw se encuentran un 26% por debajo del máximo alcanzado poco después de que la empresa colgara el cartel de “se vende”. La diferencia de casi 1.300 millones de libras es un indicador de la diferencia entre lo que valdría Renishaw en un entorno capitalista sin cortapisas y lo que vale en un entorno de mayor conciencia social.No está claro durante cuánto tiempo Renishaw se mantendrá fiel a sus principios. McMurtry y Deer siguen comprometidos con la empresa y no la van a vender en breve. Pero su edad significa que podría salir al mercado un día, a menos que puedan transferirla a alguien que piense como ellos. .

Quizá haya otras formas de garantizar el legado de Renishaw. Una opción sería que McMurtry y Deer colocasen sus acciones en un fideicomiso, con el mandato de dejar las cosas como están en la empresa. O podrían vender un porcentaje al Gobierno británico, que también está interesado en conservar el empleo local. Pero ninguna de estas dos opciones garantizaría la ambición y el dinamismo que ayudaron a prosperar a Renishaw. El capitalismo responsable tiene sus límites.