La nueva tarifa de la luz mejora, pero no resuelve la cuestión eléctrica

La racionalización del consumo que ha instaurado la medida es en sí misma positiva, porque incentiva un uso planificado y responsable de la demanda de energía

Una de las lecciones más sorprendentes que ha dejado el Covid-19 y la crisis generada por las medidas para controlarlo es la sorprendente capacidad de la ciudadanía para adaptarse a cambios inesperados en sus hábitos de vida y consumo. Un ejemplo de esa flexibilidad, menos contundente que la impuesta por la pandemia, pero también significativa, es la respuesta que está generando el nuevo modelo de factura eléctrica para los consumidores que están en el mercado regulado, que entró en vigor hace solo un mes y cuyos primeros efectos en los hábitos de los hogares comienzan a apreciarse ya. Con la nueva estructura tarifaria puede observarse como los consumidores están trasladando la demanda de electricidad a las denominadas horas llanas, de precio medio, especialmente desde las 22.00 a 00.00 horas, así como evitando las horas puntas, de mayor demanda y, por tanto, también mayor coste. La ministra para la Transición Ecológica el Reto Demográfico, Teresa Ribera, reconoce que se ha detectado “un pequeño incremento” en el consumo a primera hora de la tarde y una “caída muy pronunciada” a las seis de la tarde, lo que encaja con esa mudanza de la demanda llevada a cabo por los ciudadanos en su afán por rebajar la factura de la luz.

La racionalización del consumo que ha instaurado la nueva estructura de la tarifa constituye en sí misma una medida positiva, dado que incentiva un uso planificado y responsable de la demanda de energía por parte del consumidor. Así, los hogares tienen ante sí varias opciones para ahorrar en la factura de la luz: desde ajustar su consumo a las franjas horarias de menor demanda o evitar encender varios aparatos a la vez hasta aumentar la potencia contratada en los acumuladores nocturnos al periodo de menor coste o recargar el coche eléctrico en horario nocturno, una fórmula esta última que está llamada a crecer considerablemente en los próximos años.

Pese a que ese cambio de hábitos redundará en un cierto ahorro en la factura, el problema del encarecimiento de la electricidad requiere de una respuesta que vaya más allá de las medidas paliativas y ataque de verdad el corazón del problema. Una cuestión que en buena medida tiene que ver con el funcionamiento del actual modelo de fijación de precios del mercado eléctrico, que requiere de una reforma estructural con el fin de avanzar hacia un nuevo sistema, más sencillo y estable, que proporcione también mayores garantías al inversor. Se trata de una asignatura pendiente del mercado eléctrico en España que es imprescindible resolver cuanto antes y con la mirada puesta en el futuro.