¿Pueden los nietos acabar odiando a sus abuelos?

La reforma de pensiones incluirá un mecanismo de equidad intergeneracional. Hasta 2019, el SMI era menor que la pensión mínima

España sigue arrastrando desajustes importantes en temas tan relevantes como las pensiones y los salarios, que en buena medida tienen una misma raíz: la economía sumergida. Esa actividad informal hace que la recaudación impositiva sea más baja de la que corresponde a una economía del tamaño de España y que haya trabajadores sin cotizar o infracotizando a la Seguridad Social. Encima, para contener el lumpen económico, el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) se mantiene en niveles vergonzosos ante el temor de que se mande a más trabajadores a la oscuridad porque el empresario no quiere asumir ni más salario ni más cotizaciones sociales.

En la próxima semana se tienen que desatascar reformas tan relevantes como la de las pensiones o la fijación del SMI para este año, que quedó aplazada por la pandemia. En ambos temas primero es necesario alcanzar un acuerdo interno entre la coalición del Gobierno, que en el caso del SMI aún no se ha logrado, para después negociar como uno solo con sindicatos y patronales.

La interconexión entre pensiones y salarios es de largo alcance. La pensión que se cobra en la jubilación está condicionada por lo que se cotizó en activo, pero como el sistema de pensiones español es de reparto, lo que cobran hoy los pensionistas sale de las cotizaciones que pagan los trabajadores actualmente en activo. Por tanto, el importe de las pensiones de los abuelos tiene que ver con lo que ellos cotizaron cuando estaban en activo, pero la disponibilidad de fondos para que cobren hoy depende de que paguen sus hijos y nietos. Por eso se dice que el sistema público de pensiones es un Esquema Ponzi gigante, pero con garantía del Estado.

En la reforma de las pensiones que están negociando el Gobierno y los sindicatos se va a incluir un mecanismo de equidad intergeneracional, que en la normativa actual se llamaba factor de sostenibilidad. Son eufemismos para dar respuesta a la dura realidad: el número de pensionistas se a disparar con la jubilación del baby boom, ya que entre 1958 y 1977 nacieron más de 650.000 niños al año. Hoy hay dos cotizantes a la Seguridad Social por cada pensionista. Si se estima que en 2033 habrá 12,3 millones de españoles con más de 65 años, quiere decir que para mantener esa ratio, que ya es baja, hacen falta 24,6 millones de cotizantes, frente a los 19 millones que tenemos ahora. España necesita crecer mucho y bien para generar esos 5,6 millones de cotizantes en 12 años.

En esta misma semana se han conocido datos muy interesantes para entender a qué se refieren cuando se habla de equidad intergeneracional, que al final se traduce en la cantidad de recursos de que disponen trabajadores y pensionistas y supone confrontar salarios, que son los que cotizan, con pensiones.

El salario medio en España subió en 2019 un 1,6%, hasta 24.396 euros, según los datos de la Encuesta Anual de Estructura Salarial del INE. Cuando se analiza la evolución por tramos de edad, resulta que la remuneración que más subió es la de los menores de 20 años, que aumentaba un 8%, algo que sin duda está ligado a que, precisamente en 2019, es cuando se produjo la mayor subida del SMI de la historia reciente, un 22,3%, hasta 900 euros al mes. Pese a esa subida, los salarios de los más jóvenes están incluso por debajo de las pensiones mínimas.

Según la mencionada encuesta salarial de 2019, los menores de 20 años tenían un sueldo medio anual de 9.101 euros (650 euros al mes en 14 pagas). Esa remuneración supone 186 euros menos al mes y 2.611 euros al año que la pensión mínima de un jubilado con cónyuge a cargo, que fue de 836 euros mensuales, 11.712 euros anuales.

Si se compara la pensión mínima con el SMI, se observa que hasta el subidón de 2019, al jubilado le iba mejor que al trabajador. En 2018, la pensión mínima de jubilación era de 811 euros al mes, frente a 736 euros del SMI. En 2019, el SMI de 900 euros superó a la pensión de 836, ventaja que se ha ido agrandando en 2020 hasta casi 115 euros al mes.

Además, dada la configuración del sistema de pensiones español, es el nieto el que contribuye mes a mes para que cobre el abuelo. En 2019, un trabajador que cobraba el SMI generaba a la Seguridad Social unos ingresos mensuales de 411 euros en cotizaciones. Por tanto, dos perceptores del salario mínimo aportaban 822 euros a la Seguridad Social, prácticamente el importe de una pensión mínima. En España, un 18% de los asalariados cobra el SMI o menos.

Estos datos son una evidencia del arrastre que tiene la subida del SMI. Hace que aumenten los salarios de los más jóvenes y provoca que se incrementen también sus cotizaciones. De hecho, en 2020, cuando se acordó la subida del SMI en cincuenta euros al mes, hasta 950 euros, el Gobierno estimó que ese crecimiento aportaría 247 millones de euros a las arcas de la Seguridad Social.

Aun con todo existen frenos entendibles a subir el SMI. El mayor miedo está en que aumentar el coste laboral pueda provocar que más trabajadores caigan en la economía sumergida y que las empresas frenen la contratación. Es evidente que hay que analizar todas las ventajas e inconvenientes, pero ¿tiene sentido que el trabajador activo perciba menos que el pasivo?, como sucede con los menores de 20 años. Es difícil de asumir que el nieto cobre menos que el abuelo. La equidad intergeneracional no puede depender de las propinas familiares, ni congelando las pensiones, por supuesto. Si no mejoran los salarios de los más jóvenes quizás cojan manía a sus mayores.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense