Rodolfo Bastida: “El mercado pide cada vez más vinos orgánicos”

Dirige desde 1999 este grupo bodeguero, asentado en La Rioja y perteneciente a la empresa familiar Zamora Company, con el que elabora 4,5 millones de botellas

Rodolfo Bastida, director general de Bodegas Ramón Bilbao.
Rodolfo Bastida, director general de Bodegas Ramón Bilbao.

Es el director técnico y general de Bodegas Ramón Bilbao, asentada en Haro desde 1924, que lleva el nombre del fundador, Ramón Bilbao Murga, un emprendedor que desde finales del siglo XIX vendía vinos en la calle de las Cuevas. Desde 1999 forma parte de la empresa familiar Diego Zamora, conocida hoy como Zamora Company, y en la que elaboran vino en Rioja y en Rueda. Estos días, Rodolfo Bastida (Lardero, 1968) anda de presentaciones: la semana pasada dio a conocer Ramón Bilbao Organics, una nueva línea con dos vinos ecológicos, un blanco y un tinto, procedentes de las dos denominaciones en las que están presentes. Y este martes presenta una cata vertical de Lalomba Finca Lalinde, una bodega boutique que elabora vinos de finca.

El destino profesional de Bastida ya venía marcado desde la infancia, cuando ayudaba a su abuelo en el viñedo. De ahí que a nadie le sorprendiera que decidiera estudiar Ingeniería Técnica Agrícola y, al finalizar, un máster en Viticultura y Enología. Comenzó en un puesto técnico dentro de una empresa del sector vinícola, prosiguió en la bodega Bretón y con 31 años entró a trabajar en Ramón Bilbao. Se requería un perfil atrevido y joven para elaborar un plan estratégico que sustituyera un modelo desfasado.

El grupo Zamora Company, que además de la citada bodega cuenta con marcas como Licor 43, Martin Miller’s Gin, Lolea, Ron Matusalem o Mar de Frades, facturó en 2019 208 millones de euros, con un 43,5% de las ventas procedentes del mercado exterior.

¿Cómo ha evolucionado la bodega desde su incorporación en 1999?

Cuando llegué era una bodega pequeña que elaboraba 300.000 botellas, y ahora tenemos una producción de 4,5 millones de botellas, que es un tamaño mediano. No somos una microbodega, pero tampoco tenemos un tamaño gigantesco. Ese año empezamos a elaborar Mirto, nuestro vino más emblemático. En 2002 incorporamos Mar de Frades y en 2010 entramos en Rueda. Todas las bodegas deben tener arraigo con la zona en la que están, y nosotros allí donde estamos tenemos enólogos propios.

¿Qué estilo quiso implantar?

Un estilo tradicional, dentro del estilo del entorno de Haro. Todo lo que hacemos tiene que venderse, y nuestros vinos tienen que saber como saben los vinos de Rioja, una región muy amplia en la que tenemos 205 hectáreas de viñedo propio y el resto de la uva que necesitamos se la compramos a viticultores de la zona. Los contratos que hacemos siempre son dando la mano y a largo plazo. Lo que también le hemos dado es complejidad a la gama, ya que pasamos de tres vinos a una mayor variedad, haciendo vinos singulares, especiales. La orientación viene de los mercados internacionales.

¿Por ejemplo?

Los vinos con cuerpo e intensidad son vinos inspirados en América, así como los que son más ligeros y frescos también están inspirados en los mercados internacionales. La Rioja es una región con zonas muy diferenciadas y con singularidades, que permite hacer cosas muy diferentes. Por ejemplo, el proyecto de Lalomba, la nueva bodega, en la que el vino lo fermentamos en depósitos de hormigón. Es un pequeño joyero, cuya primera cosecha es de 2014, del que salen auténticas joyas, de las que elaboramos producciones limitadas. Es nuestra cúspide a nivel enológico. Por ejemplo, del Finca Valhonta elaboramos 6.000 botellas, y de Finca Ladero, 5.000.

Han decidido lanzar la gama de vinos orgánicos, ¿a qué obedece esta nueva apuesta?

Al mercado internacional. El lineal de vinos orgánicos crece un 60% en el mundo. Cada vez hay más referencias y teníamos que estar ahí. Además de la importancia que tiene para nosotros la sostenibilidad, algo que consideramos necesario. Estos objetivos forman parte del enfoque que siempre hemos tenido de escuchar al consumidor, a la vez que nuestros empleados se convierten en personas comprometidas no solo con la empresa, sino con la industria en la que trabajan, e influyen de esta manera en los proveedores que tenemos, de uva, de vidrio o de cartón. Es una forma de intervenir entre todos en la sostenibilidad y mejorar el entorno para que las nuevas generaciones lo hagan mejor. En 2018 obtuvimos el certificado de Wineries for Climate para la bodega y los viñedos, iniciativa que promocionó la familia Torres, y se trata de ser más eficaces en todo lo que hacemos, en la embotelladora, en la reducción de CO2, en la gestión del agua, que es clave y un bien escaso. De lo que se trata es de llegar a la meta acompañados de más gente para que todo esto tenga más impacto, sobre todo porque España tiene 122.000 hectáreas de viñedo orgánico, el mayor del mundo.

¿Cómo se obtiene un viñedo sostenible?

Aplicando técnicas que persiguen esa sostenibilidad. Por ejemplo, incorporando la confusión sexual en los viñedos, con el fin de reducir el uso de fitosanitarios, que impide que el macho y la hembra se reproduzcan; la utilización de fertilizantes orgánicos de origen ovino para no usar abonos químicos, de maquinaria sostenible para reducir las emisiones de gases, el tratamiento preventivo en los viñedos, la agricultura de precisión para utilizar recursos de manera eficiente, así como mantener los cultivos en altitud para retrasar la maduración que conlleva el cambio climático.

¿Están sufriendo con la pandemia?

El vino, con el cierre de la hostelería, ha sufrido. Pensaba que iba a ser más desastre, pero hemos multiplicado por cinco la venta online y no hemos notado bajón en las exportaciones, que a nosotros nos supone el 40% de las ventas. Y ha crecido el consumo de vino en los hogares.

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