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La perfecta imperfección de El Águila

Sin Filtrar o filtrada, es una 'lager' fresca, equilibrada, con carácter, seductora y fácil de beber

La perfecta imperfección de El Águila

Los pequeños detalles cuentan. Como los que hacen de El Águila una cerveza diferente, seductora que conquista los paladares más exigentes, los de los auténticos cerveceros, pero también los de aquellos que buscan nuevas sensaciones.

Con más de un siglo a sus espaldas, El Águila es una cerveza hecha con mimo y dedicación que desde su modesto origen en el barrio Delicias –¿una premonición? ha seducido a los consumidores para convertirse en una en una marca de cerveza que está en boca de todos.

En sus inicios rompió moldes y consiguió irrumpir en un mercado que estaba dominado por el vino. El Águila es la caña de todos los días o una cerveza de culto con mando en la mesa que dependiendo de la ocasión será la mejor compañera de degustación con un bocata de calamares o una ensaladilla rusa o en ocasiones especiales será el mejor maridaje para un exótico tartar de pez mantequilla con trufa.

Una cerveza para llevar a la mesa sin complejos que realzará sus platos en su día o día o en ocasiones especiales

Hecha con mimo y dedicación, se inspira en la tradición, mantiene los valores que la hacen única, auténtica y real. Una perfecta imperfección. Un sabor característico y reconocible entre todas las lagers del mercado y, además, puede elegir entre El Águila Sin Filtrar o El Águila 1900. Ninguna le dejará indiferente.

La diferencia

El Águila Sin Filtrar, como recién salida del tanque. Una cerveza inspirada en los métodos tradicionales de 1900 en los que no se solían filtrar las cervezas y se mantenía la levadura tal como estaba en el tanque de fermentación. Es muy importante darle la vuelta a la botella antes de abrirla para despertar la levadura en suspensión y disfrutar así de todo su sabor.

Un sabor genuino que no necesita filtros ni distracciones salvo para acompañar y potenciar en su día a día unas croquetas de jamón o bacalao o platos de cocinas extranjeras como el popular hummus; en ocasiones especiales será la compañera ideal de un tradicional cocido o de platos tan internacionales como un ceviche, un sushi spicy tunna o tallarines picantes con salsa de soja, y no deje de probarla con pescados azules, ahumados y mariscos de concha o quesos fuertes y carnes marinadas.

La perfecta imperfección de El Águila

Al no ser filtrada, esta lager es una cerveza ligeramente turbia, por la levadura en suspensión, en la que se realza especialmente el carácter de sus lúpulos Perle y Lemondrop ®; con un aroma intenso, equilibrada, con carácter y fácil de beber.

A aquellos que buscan esta misma cerveza, pero filtrada, pueden disfrutar de El Águila 1900, una lager especial, muy equilibrada y fácil de beber también, con un sabor característico, que combina la intensidad de la malta caramelizada con la frescura de su mezcla de lúpulos. Al beberla se perciben aromas frescos con un toque cítrico. De color dorado brillante, es ideal para acompañar una típica tortilla de patatas o unas bravas, pero también le quedará perfecta con carnes de ave y ensaladas, un tartar de salmón o comida mexicana con un toque justo de picante.

Ambas tienen una graduación alcohólica de 5,5% en volumen y se deben servir a una temperatura de entre 2 y 4 grados centígrados.

¿Cómo se cata una cerveza?

La perfecta imperfección de El Águila

Las catas de cerveza están en alza. Un viaje sensorial que si no ha hecho le recomendamos. Para que sea perfecta hay que elegir muy bien el lugar donde se realiza. ¿El mejor? Una habitación bien iluminada a la hora del aperitivo (hay más luz).

La mesa de cata, mejor si su superficie es blanca para una mejor determinación del color de la cerveza, si no es posible bastará un mantel blanco, una servilleta o un folio de este color. Un vaso limpio y seco para cada cerveza, otro con agua mineral y unas galletas saladas para la recuperación de los sentidos entre cada trago.

Una de las cosas que tiene que saber es que las cervezas se catan con tres sentidos. La vista permite observar el color y la espuma que se forma –resista la tentación de darle un sorbo nada más servirla–, el olfato, que nos permitirá apreciar los distintos aromas –frutales, cítricos, caramelo...–, y el gusto.

Debemos mantenerla en boca y pasearla unos segundos para que se caliente y todos los matices aromáticos viajen por el paladar. El retrogusto también es importante y se puede apreciar al expirar el aire por la nariz, justo después de beberla.

El Águila recomienda un consumo responsable.

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