Avanzando con pragmatismo hacia un modelo de coauditoría

La diversidad es esencial para crear un mercado más resistente, pero quizá sea necesaria una fase de transición: el denominado ‘shared joint audit’

Tras los escándalos sucedidos en los últimos tiempos, tanto inversores como supervisores y los representantes de los poderes públicos en general, han albergado dudas sobre la calidad de la auditoría. En un entorno postpandemia –que, por un lado, comportará desgraciadamente un empeoramiento de los estados financieros del tejido empresarial y por otro, ha necesitado una ingente inyección de dinero público– es importante fortalecer la confianza en la auditoría por parte de la sociedad en sentido amplio. Es necesario, por tanto, una reforma estructural de la misma.

Tampoco podemos dejar de lado otras señales: según el estudio The future of audit: market view, elaborado por Edelman Intelligence, a partir de una encuesta a 500 altos ejecutivos de todo el mundo (España entre ellos), el 93% de los directivos asegura que el mercado de la auditoría debe ser reformado. Por tanto, podemos afirmar que existe una oportunidad de cambio y debemos aprovecharla.

Uno de los primeros aspectos que tenemos que abordar para lograr una reforma efectiva es la calidad. Es vital que quienes estamos presentes en este sector, establezcamos un punto de partida y unos mecanismos de reporting más consistentes, para reducir riesgos y poner en valor la aplicación de criterios imparciales que nos ayuden a fortalecer la profesión y su reputación. Otro aspecto que nos parece clave es la armonización en la normativa europea de los servicios non-audit que pueden prestarse por la firma auditora. Ello requeriría la eliminación de que los estados miembros puedan legislar a la carta.

Una futura reforma del mercado también debería apostar por una mayor transparencia y una definición más clara de las funciones de los distintos actores vinculados: dirección de la empresa, comisiones de auditoría, supervisores y auditores de información financiera (y no financiera). Estoy seguro de que, con ello, se mejoraría significativamente la confianza en la información publicada.

Otro aspecto clave debería ser aplicar el principio de los cuatro ojos (es decir, la coauditoría), así como establecer unos mandatos iniciales de auditoría más largos, que contribuirían a mejorar la independencia y la diversidad del mercado. Como las medidas existentes no han dado los resultados esperados, habrían de complementarse con la introducción de la obligatoriedad de la coauditoría para las grandes empresas de interés público.

En una coauditoría, la relación a tres bandas entre los dos auditores y la empresa mejora la calidad de los trabajos. El principio de los cuatro ojos representa un mecanismo de control adicional y garantiza que los auditores sean más independientes y objetivos, ya que el riesgo de exceso de familiaridad entre la firma de auditoría y la empresa auditada se reduce en gran medida. La compañía auditada se beneficiaría de la experiencia de dos firmas para abordar cuestiones de negocio e informaciones cada vez más complejas. Además, se generaría una mayor diversidad en el mercado para el segmento de las empresas de interés público (EIP), que está cada vez más concentrado, a pesar del intento del reglamento de auditoría de la Unión Europea de 2014 para reducirla. El ejemplo en este sentido es Francia, que introdujo la coauditoría obligatoria hace ya varias décadas y es uno de los mercados más diversificados de la UE.

Por tanto, la diversidad es esencial para crear un mercado más resistente. La actual estructura plantea el riesgo de que se pueda llegar a una situación en la que, simplemente, no haya capacidad de auditar en ausencia de conflictos de interés, especialmente en el segmento de grandes empresas. Esto tendría graves consecuencias para sectores específicos y la economía en general. Esta visión es compartida con la de los ejecutivos de grandes empresas. En la encuesta sobre el futuro de la auditoría, que he citado anteriormente, la respuesta del mercado a este enfoque es muy positiva: el 87% es favorable a la coauditoría y el 88% de las compañías que la han puesto en práctica, se muestran muy satisfechas con el resultado.

Sin embargo, somos conscientes de que este enfoque supone un cambio muy estructurante. Por ello, proponemos una fase intermedia que permita una evolución escalonada; el denominado shared joint audit, un paso en la transición hacia un modelo en el que la coauditoría tenga un peso mucho mayor que el actual. Es decir, la apuesta por la shared audit (auditoría compartida) como primer movimiento de una reforma más duradera: firmas distintas –a las que se reparten actualmente el mercado de las EIP– auditando filiales significativas con un alcance internacional. Con esta fase, se lograría la entrada de otros actores en filiales de grandes empresas, les otorgaría el expertise necesario –en el caso de que no lo tuvieran– para, después, de manera programada, convertirse en coauditores.

En definitiva, la deriva económica actual, las demandas sociales y los nuevos retos de las empresas están transformando el mundo de los negocios. La auditoría no será la excepción y debemos estar preparados para afrontar, con las máximas garantías, estos y otros desafíos. Creemos firmemente que la reforma es inevitable y su impacto puede ser muy positivo tanto para la profesión, como para las compañías y la economía en general. Estamos convencidos de que, hoy más que nunca, debemos seguir trabajando y contribuyendo con nuestra labor a crear juntos un mundo más justo y próspero.

Antoni Bover es presidente de Mazars en España