Una solución real a la necesidad de universalizar el acceso a las vacunas

Es necesaria voluntad empresarial y respaldo político efectivos para buscar acuerdos en lugar de dejar que el problema languidezca en la OMC

El respaldo de Estados Unidos a la propuesta de liberar temporalmente las patentes de las vacunas contra el Covid-19 ha desatado una reacción en cadena cuyo eslabón más tangible, de momento, es el castigo bursátil a las farmacéuticas más afectadas por la polémica, como es el caso de la alemana CureVac. La iniciativa de liberar las patentes cuenta con el rechazo frontal de las propias farmacéuticas y de algunos Gobiernos, como el de Alemania, pero también con el beneplácito o, al menos, la disposición a estudiar la idea de países como Francia y de instituciones como la Comisión Europea. El objetivo de la propuesta, que debería tramitarse en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), es elevar la producción de vacunas de forma que puedan llegar también a los países emergentes, que de momento han recibido poco más del 0,2% del total de las dosis administradas hasta abril.

Las farmacéuticas afectadas aseguran que la propuesta de liberación es una respuesta simple a un problema complejo. Entre esas complejidades figura el propio foro de su tramitación, la OMC, cuyos plazos de actuación son bien conocidos y podrían retrasar la decisión hasta que la pandemia haya pasado a los anales de la historia. A ello se suman las contradicciones entre el apoyo público a la iniciativa por parte de algunos Gobiernos y la política hostil que estos aplican respecto a la exportación de vacunas. Es el caso de la Administración Biden, que mantiene restricciones a la venta de vacunas a países limítrofes, como México, lo que arroja inevitables dudas sobre la coherencia y motivación de su postura en esta polémica.

Más allá de los intereses políticos, el hecho de que el suministro global de las vacunas sea un problema complejo no reduce la urgencia y la necesidad de solucionarlo. Limitar las patentes, aunque sea temporalmente, supone asestar un golpe vital a la industria de la investigación farmacéutica con las consecuencias negativas que esa estrategia tendrá sobre el desarrollo de futuras vacunas y fármacos. Es necesario conjugar esa circunstancia, que es real y concreta, con la ineludible exigencia moral de universalizar el acceso a la inmunización, no solo frente al Covid-19, sino también frente a otras enfermedades que diezman cruelmente la población de los países emergentes. La opción más rápida y flexible para lograr ese objetivo es promover los acuerdos entre las farmacéuticas propietarias de las patentes y otros laboratorios con el fin de acelerar el ritmo de fabricación de las vacunas, así como levantar las restricciones a su exportación. Pero ello exige voluntad empresarial y respaldo político efectivos en lugar de dejar que el problema languidezca en la OMC.