El 4M tiene que ganar la innovación

Urge identificar y seleccionar aquellos sectores dentro de la ciencia y la tecnología que puedan resultar estratégicos para Madrid

La vorágine electoral en la que vivimos los habitantes de la Comunidad de Madrid ha puesto en entredicho la gestión pública de los últimos años y, seguramente, se avecine tormenta en el panorama nacional. Se trata de un momento de quiebre dentro del sistema, que necesita también de la participación ciudadana para corregir la acción política y encauzarla hacia un panorama de beneficio y éxito compartido. Es precisamente por esa razón, por la que un sector tan comúnmente olvidado como el de la ciencia, la innovación y el emprendimiento debe tener un papel fundamental en estas elecciones. Se trata de un área con mucho potencial y donde se encamina el futuro de una sociedad con una cualidad transformadora.

De una forma un tanto tímida, el anterior Ejecutivo regional ya parecía haber constatado dicho potencial, y comenzó a dar sus primeros pasos en la dirección correcta: en octubre de 2020, el por aquel entonces Consejero de Ciencia, Universidades e Innovación, Eduardo Sicilia, anunciaba un Pacto Madrid por la Ciencia que prometía llegar al tan mentado 2% de inversión pública del PIB en materia de I+D+i a nivel regional. Una intención que, si bien un tanto diluida, se reflejaba de algún modo en el anteproyecto de presupuestos autonómicos firmado el 5 de febrero entre PP y Ciudadanos, donde se recogía –entre otras medidas– un incremento del 30% en materia de inversión pública en I+D+i.

Independientemente de quién termine finalmente capitaneando el Gobierno de la región, espero que este compromiso con el fomento de la I+D+i de la región no se olvide. Y, precisamente, animaría a nuestros políticos a que lo amplíen y desarrollen, explorando en el proceso otras consideraciones para generar un ecosistema de innovación dinámico y sostenible.

Una de estas ideas, por ejemplo, sería la imperiosa necesidad de identificar y seleccionar aquellos sectores dentro de la ciencia y la tecnología que puedan resultar estratégicos para la región: es decir, potenciar la transferencia tecnológica en aquellas áreas que puedan generar un mayor impacto social y económico, sin dejar de destinar recursos, por supuesto, a otros campos de investigación.

Esto es algo perfectamente normal en ecosistemas de innovación asiáticos, y además con éxito demostrado: Singapur, por ejemplo, identificó hace un par de décadas la biotecnología como una de sus prioridades nacionales, y a día de hoy son un hub de referencia internacional en la materia. En Madrid, por poner un ejemplo, tenemos la oportunidad de hacer algo similar en el campo de las smart cities, el urbanismo y la movilidad sostenibles, dado que gracias a nuevos desarrollos, como el de Madrid Nuevo Norte, tenemos una gran ventaja para testar e implementar este tipo de tecnologías en condiciones reales.

Ponernos de acuerdo de forma oficial sobre estas áreas a potenciar será de gran ayuda a la hora de continuar estrechando la relación universidad-empresa, una de esas áreas en las que los rankings de innovación internacionales todavía nos suelen suspender. Las universidades y centros de investigación españoles –y por ende, los madrileños también– rebosan grandes invenciones y grandes talentos. Tenemos la obligación de asegurar que tanto unos como otros encuentran su camino hacia el mundo de la empresa; que esta comunidad retiene ese gran talento profesional y asegura el futuro de estos jóvenes; y que los hallazgos de investigación no se quedan archivados en cajones, sino que se transforman en soluciones que mejoran vidas y cambian la cara de industrias enteras.

Soy un firme creyente en el rol indispensable de la empresa como catalizador de la chispa de innovación que comienza en un laboratorio, para transformarla en productos y servicios que la sociedad y el mercado están dispuestos a absorber. Es por ello por lo que cualquier estrategia que busque fomentar y fortalecer la I+D+i de la Comunidad de Madrid ha de apostar por medidas que faciliten esta transformación, ya sea a través de la creación de nuevas empresas de base científica y tecnológica provenientes de universidades y centros de investigación, o el impulso de nuevos hallazgos científicos dentro de los departamentos de I+D+i de grandes empresas y corporaciones.

La configuración de un nuevo Gobierno siempre supone una oportunidad para corregir errores y potenciar aciertos: por ello, ruego a nuestros políticos, sean del signo que sean, que no malgasten esta magnífica oportunidad de hacer las cosas bien. Esta región cuenta no solo con abundante talento científico y empresarial, sino además con la infraestructura y los recursos necesarios para que, con una estrategia adecuada, se pueda crear una prosperidad sin precedentes tanto para su ciudadanía como para el tejido empresarial e industrial.

Manuel Fuertes es Experto en transferencia tecnológica por la Universidad de Oxford, director del Grupo Kiatt y profesor adjunto en el IE Business School