Don Mariano Puig, nobleza de espíritu

El empresario catalán fue admirable por tres razones: por lo que hizo, por el impacto de lo que hizo y por cómo lo hizo

La primera reflexión que me vino a la cabeza cuando supe del fallecimiento de Don Mariano Puig fue la admiración que siempre me ha despertado. Vivimos en una época plagada de incertidumbre y ansiedad en la que es especialmente importante identificar a personas dignas de admiración, que sirven como ejemplo y referente a los demás. Estas personas nos impulsan a emularles y sacar lo mejor de nosotros mismos.

Como sociedad escogemos a quienes creemos merecedores de prestigio y respeto, qué vidas nos parecen ejemplares. Podemos admirar a alguien por la actividad específica que desarrolla, por el impacto de la actividad o por cómo la ejecuta. Don Mariano Puig fue admirable en estas tres dimensiones: por lo que hizo, por el impacto de lo que hizo y, sobre todo, por cómo lo hizo.

Lo que hizo es, con seguridad, conocido por el lector de este diario. Lideró la transformación de una empresa familiar bien construida, pero local, en un grupo corporativo de alcance global. Este logro por sí mismo ya hace de él una persona digna de una enorme admiración.

Pero, siendo grande, su impacto en la sociedad no lo generó solo a través de su grupo empresarial. Además de crear, mediante sus empresas, empleos y riqueza social, Don Mariano Puig actuó como un agente ciudadano conectado con el mundo en el que vivía y comprometido con el desarrollo colectivo.

Firme convencido del papel fundamental en la sociedad de empresas familiares como la suya, puso toda su energía en contribuir al desarrollo de la empresa familiar en España, en Europa y en el mundo. Su visión de la importancia de las instituciones, por encima de los individuos carismáticos, le llevó a cofundar y promover activamente las instituciones más relevantes en el contexto de la empresa familiar, como el Instituto de la Empresa Familiar en España (IEF), European Family Business (EFB) en Europa y Family Business Network (FBN) a nivel global.

Su convencimiento de la importancia de instituciones sólidas en una democracia sana le empujó a apoyar activamente instituciones de estado, culturales, deportivas, sociales y educativas. La tercera dimensión digna de admiración, inherente en las dos anteriores es cómo actuaba; Don Mariano Puig era un hombre de una inmensa nobleza de espíritu. Sus acciones no buscaban el reconocimiento público ni construir centralidad a su alrededor. Esto le hizo ver que una empresa familiar debe desarrollar un modelo para la segunda generación diferente al de la primera, y asimismo, ayudar a que la tercera construya uno distinto. Con este objetivo, supo adecuar las estructuras de gobierno y de gestión a las necesidades de su grupo empresarial en cada momento.

La nobleza de espíritu de Don Mariano Puig quedaba latente en su inherente capacidad de empatizar con las personas de su alrededor. Su exquisita educación no era impostada, sino que era el reflejo del profundo respeto que sentía hacia los demás y el hacer de cada uno. Puedo dar fe de la enorme admiración que sentía hacia el conocimiento académico y de su capacidad para transformarlo en reflexiones prácticas y aplicativas a su propia realidad.

Creo, además, que Don Mariano Puig se conocía a sí mismo lo suficiente para saber qué papel debía jugar en cada momento, cuándo convenía ser él el protagonista y cuándo era pertinente apoyar el protagonismo de los demás.

Los diferentes homenajes, premios y condecoraciones que recibió estuvieron muy relacionados con su capacidad de hacer-hacer o dejar-hacer, usando expresiones con las que a él le gustaba jugar. Es la decisión de cada persona y de la sociedad en su conjunto decidir qué personas consideramos admirables y cómo transformamos esa admiración en inspiración para construir sobre lo mejor de cada uno y lo mejor de nuestra sociedad.

La nobleza de espíritu que Don Mariano Puig personificaba no se aprende, se cultiva. Una buena forma de cultivar esta manera generosa y empática de relacionarse con el mundo es teniendo referentes inspiracionales a quienes emular. Los empresarios familiares tienen en D. Mariano Puig un ejemplo digno de admiración que puede servir para cultivar la grandeza de espíritu en nuestra sociedad.

Mi admiración y mis respetos Don Mariano.

Alberto Gimeno es Profesor de Dirección General y Estrategia de Esade