Macron elimina la ENA, pero la educación de élite seguirá teniendo futuro

Las desigualdades comienzan antes de que se pueda acceder a la formación superior

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El presidente del gobierno francés, Emmanuel Macron. EFE

El presidente del Gobierno francés, Emmanuel Macron, se ha propuesto reducir el elitismo de sus altos funcionarios con el objetivo de dar con un sistema más equitativo. “Construimos baluartes de excelencia que atraían a los que tenían un gran potencial, pero que a veces eran injustos”, ha reconocido el mandatario.

Una de las medidas que comprenderá la reforma que el presidente anunció este jueves es la de suprimir la École Nationale d’Administration (Escuela Nacional de Administración), conocida como la ENA. La escuela de posgrado, ubicada en Estrasburgo y de la que fue alumno el propio Macron, es un centro de captación y formación para los altos cargos políticos, económicos y empresariales de la élite francesa. Los actuales directores generales de compañías como Orange, Stéphane Richard; Société Générale, Frédéric Oudéa, o Carrefour, Alexandre Bompard, son graduados de la ENA, así como siete de los presidentes franceses que ha habido desde 1958.

La que pretendía ser una escuela que premiara la meritocracia se ha ido volviendo cada vez más elitista: mientras que en 1950, el 45% de sus alumnos provenía de las clases altas, este porcentaje llega al 70% en la actualidad. Además, a pesar de que la educación pública es prácticamente gratuita en Francia, el Estado invierte mucho más en escuelas de élite, como la ENA, que en universidades ordinarias o centros de formación profesional, donde acceden alumnos de un entorno mucho más popular.

Los cambios que ha propuesto Macron, sin embargo, serán sobre todo simbólicos: a partir del 2022, el nombre de la ENA desparecerá y esta se fusionará con otras escuelas de administración en una única organización llamada Instituto de Servicios Públicos. La medida fue una de las promesas que el presidente hizo en 2019, durante la revuelta de los gilets jaunes (chalecos amarillos), a pesar de que esta no era una de las reivindicaciones concretas de este movimiento.

La decisión, en mitad de un contexto en el que las instituciones se preocupan cada vez más por ser lo suficientemente diversas e incluir personas que aporten puntos de vista diferentes, abre el debate sobre si la formación de élite, que produce egresados de un perfil muy similar sigue teniendo sentido en la actualidad. Para el profesor de IESE Guido Stein, el problema no está en el elitismo, sino en la soberbia. “El problema es que la aristocracia intelectual francesa se ha despistado y ha dejado de estar en la calle, por eso ocurren movimientos como el de los chalecos amarillos”, comenta.

De hecho, el experto considera que este tipo de formación es más necesaria ahora que nunca: “Digerir intelectualmente lo que nos está pasando y procesar las tendencias que se avecinan exige una formación intelectual amplia y profunda”. Aunque pueda haber centros que hayan quedado obsoletos, reconoce el docente, es importante combinar ambas variables, una educación elevada y una gran cercanía con la realidad, pues disponer de solo una de ellas por separado acarrea problemas. Stein trae a colación las ideas de José Ortega y Gasset y recuerda que este hablaba de una aristocracia pegada a la gente para guiar a la masa. “La masa sigue existiendo porque es una actitud, no una clase social. Tenemos mucha más masa ahora que en tiempos de Ortega, aunque España esté más evolucionada. Tenemos más masa, aunque sepa hablar inglés y manejar las tecnologías”, sentencia.

Cuando muchas de las compañías tecnológicas, como Google o Apple, optan por incorporar a sus equipos candidatos sin titulación universitaria para conseguir perfiles más diversos, el profesor de IESE mantiene la defensa de la formación intelectual, pues es la que fomenta el espíritu crítico. “De acuerdo, la complejidad creciente que tenemos ahora tiene una parte tecnológica, pero sobre todo es social, económica y hasta médica”, insiste. Es esta capacidad crítica que desarrollan las élites lo que eleva los conocimientos técnicos. “Muchos de estos chicos creen que no necesitan nada más porque tienen formación tecnológica, pero si tuvieran también la intelectual, se podría ir mucho más lejos”, resume.

Las desigualdades aparecen mucho antes de que los alumnos puedan acceder a la educación superior, hasta las guarderías son testigo de ellas. Es por esto que en los últimos años han aparecido formas para intentar democratizar el acceso a esta formación de mayor calidad, comenta el vicedecano de EAE Business School, Joaquín Azcue. Un ejemplo son los cursos en abierto o MOOC (curso en línea masivo y abierto, por sus siglas en inglés) que ofrecen universidades de prestigio, y que se suman a las becas u otras iniciativas que pueda llevar a cabo para democratizar el acceso. “Pero el concepto de elitista desde el punto de vista de la meritocracia siempre va a tener sentido porque conseguir entrar en una universidad como Harvard o el MIT [Instituto de Tecnología de Massachusetts] es algo que seguirá teniendo mucho mérito. Las escuelas de negocios van a querer seguir teniendo a los mejores estudiantes del mundo, eso no va a cambiar aunque la educación este más democratizada”, apoya el directivo.

Para Azcue hay muchas formas de lograr perfiles diversos que no pasan por renunciar a la calidad. Una de ellas es el acompañamiento al alumnado para elegir diferentes opciones de carrera. “Se pueden ver con detenimiento cuáles son los intereses individuales de cada uno y dónde puede aportar más valor y, en función de eso, sugerirles cursar minors adicionales [formación complementaria]”, expone. Otro forma de diferenciarse es aprovechar todo lo que va más allá de las propias clases. “Lo que ocurre en un año es mucho más de lo que los profesores te cuentan. Hablo de las acciones de emprendimiento, las soft skills, el trabajo en equipo...”, añade.

El origen de la ENA

  • Excelencia. La Escuela Nacional de Administración (ENA) nació en 1945 y fue creada por el presidente Charles de Gaulle para reconstruir el país con el mejor talento después de los estragos de la Segunda Guerra Mundial.
  • Acceso. Algunos alumnos acceden como escuela de posgrado, mientras que otros llegan desde la Administración pública. Solo el 10% pasa el corte final.
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