Un plan económico realista y que aproveche los vientos de recuperación

El fin del estado de alarma ayudará al repunte de la actividad, pero este no será verdaderamente efectivo hasta que la ciudadanía pierda el miedo a los contagios.

La corrección al alza de las previsiones de crecimiento para 2021 que realizó ayer el FMI constituye una excelente noticia para la economía española, pero también una poderosa razón para que el Gobierno aplique cuanto antes a su política económica un baño de saludable realismo. Las cifras del FMI, que auguran un repunte de la actividad hasta el 6,4%, lo que coloca a España, junto a EEUU, a la cabeza del crecimiento mundial, mejoran las previsiones publicadas hace unos días por el Banco de España, que cifraba solo en un 6% el ritmo de evolución del PIB, pero rebajan considerablemente las sostenidas numantinamente hasta ahora por el Gobierno, que defendía un crecimiento del 7,2%, susceptible de aumentar hasta el 9,8% gracias a los fondos comunitarios. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que se mostraba ayer lógicamente satisfecho con los augurios del FMI, ha anunciado que el Ejecutivo corregirá finalmente sus números para adaptarlos al terreno de la evolución real de la economía española.

Las previsiones del FMI incluyen unas cifras de desempleo que llegarán hasta el 16,8% en este ejercicio y se situarán en el 15,8% en 2022, lo que evidencia con mayor claridad que otros indicadores la verdadera magnitud de esta crisis y el azote que está suponiendo para las empresas. Pese al efecto protector que han ejercido los ERTE sobre el empleo en los últimos meses, la progresiva retirada de este instrumento, su inevitable transformación en muchos casos en ERE y la quiebra y disolución de un elevado número de negocios carentes de suficiente solvencia como para salir adelante están golpeando con dureza el empleo y seguirán engrosando las cifras del paro.

Sánchez reiteró ayer su confianza en cumplir unos objetivos de vacunación en el marco de una campaña que, a día de hoy, va con retraso en todas las comunidades. Aunque la pésima gestión que Europa ha realizado de este tema tiene mucho que ver con las dificultades en los planes de inmunización, buena parte del realismo que debería impregnar la política económica española en los próximos meses pasa por concentrar esfuerzos en acelerar al máximo la inoculación de las vacunas. El fin del estado de alarma, que anunció ayer Sánchez, supondrá sin duda un punto de inflexión para la recuperación de la actividad y del consumo, pero ese repunte no será verdaderamente efectivo hasta que la ciudadanía recupere la confianza y pierda el miedo a los contagios. A todo ello hay que unir la puesta en marcha de un plan de reformas estructurales, que sigue pendiente, y que, junto a una gestión eficaz y rigurosa de los fondos europeos, es la clave para que España aproveche al máximo los vientos de la recuperación.