La fusión bancaria más polivalente reconfigura el mapa financiero

Demos por bien empleado el rescate de Bankia, y demos por bien empleado que el Estado pierda el control de una entidad que había recuperado una gestión excelente

Siete meses después del anuncio de la mayor concentración bancaria reciente del país, se ha consumado la operación. El viernes pasado se registró ante el Registro Mercantil de Valencia la creación de la sociedad CaixaBank, con los activos de lo que ya se puede considerar la vieja CaixaBank y los de la ya extinta Bankia. Arranca así el mayor banco del país, fruto de la fusión de dos grandes entidades que tenían su origen en sendas y vetustas cajas de ahorros, y que a su vez habían engordado sus balances con procesos pretéritos de fusiones o de absorciones.

El sistema financiero español queda así reconfigurado con tres grandes entidades y todavía un numeroso grupo de bancos más pequeños que bien podrían protagonizar procesos de concentración adicionales en años venideros, en un ejercicio nunca acabado de consolidación. CaixaBank saca ahora una notable ventaja a BBVA y Santander en todas las variables del negocio, así como en la dimensión de la red, que necesariamente tendrá que ser muy adelgazada para cumplir con uno de los objetivos fundamentales de la operación: ganar eficiencia en un porvenir en el que hacer banca exige más intensidad tecnológica y volumen de crédito para construir una cuenta de resultados aceptable en un entorno cuasi eterno de tipos muy bajo. Y todo ello en un marco regulatorio de exigencia creciente y con niveles de capital desconocidos en la banca europea.

Pero la operación, que ha sido fruto del ensamblaje experimental de una entidad privada y una pública, es polivalente porque resuelve de paso el compromiso de privatización de Bankia, algo retrasado por la incapacidad de recuperación de los fondos públicos empleados en el rescate de la entidad, una operación de descomunal desembolso fiscal para evitar el colapso de la que era una de las mayores entidades del país y que amenazaba con arrasar al propio Estado. Demos por bien empleado en su momento el rescate de Bankia, y demos por bien empleado ahora que el Estado pierda el control de una entidad que había recuperado una gestión excelente de la mano del equipo de José Ignacio Goirigolzarri.

La nueva CaixaBank será desde ya CaixaBank, y tendrá que hacer pequeños ajustes en banca comercial para cumplir con las exigencias de Competencia, pero muy relevantes para llegar a la dimensión razonable y hacer rentable el negocio en un entorno de competencia y digitalización creciente y de márgenes paupérrimos en todas las áreas de negocio. La entidad, pese a sus elevados ratios de solvencia y gran implantación en el territorio, tiene una presencia muy escasa, casi testimonial, en otros mercados de la propia eurozona, una asignatura que deberá afrontar para tener menos dependencia de la economía española y ser un banco global.