Sudáfrica ofrece a Turquía una lección sobre inflación

La opinión de Erdogan de que los tipos altos provocan la subida de los precios contrasta con la ortodoxia de Pretoria

Billetes de rand, la moneda de Sudáfrica.
Billetes de rand, la moneda de Sudáfrica. reuters

El jefe del banco central sudafricano, Lesetja Kganyago, le debe una a Tayyip Erdogan. Al despedir a su jefe de política monetaria, el presidente turco provocó un desplome de la moneda y los bonos. Es un dramático recordatorio para los patrones políticos de Kganyago de lo que podría salir mal si empezaran a entrometerse en la política de tipos.

La economía turca es el doble de la sudafricana y tiene un sector manufacturero más desarrollado. Coinciden en el alto volumen de negociación de sus divisas y en sus grandes necesidades de financiación externa, lo que las hace vulnerables a los tambaleos en la confianza inversora. Cuando uno recibe un golpe, el otro sufre un hematoma. Por ejemplo, en agosto de 2018, cuando el rand cayó un 15% en dos días como reacción a otro desplome de la lira inspirado por Erdogan.

Pero las ataduras se han aflojado. El lunes pasado, el rand incluso ganó mientras la lira se desplomaba. La razón principal es la inflación. La opinión de Erdogan de que los tipos altos provocan, en lugar de prevenir, la subida de los precios contrasta con la visión ortodoxa de Pretoria y su adhesión a un objetivo del 3%-6%. Y mientras el líder turco ha pasado por cuatro jefes de banco central en dos años, Kganyago es solo el cuarto de Sudáfrica desde que acabó el apartheid, en 1994.

Sudáfrica ha cosechado los beneficios de la caída de la inflación. De solo el 3,2% en enero, permite a Kganyago mantener una política flexible para impulsar la recuperación, aunque no guste a los inversores extranjeros ávidos de retornos que poseen un tercio de la deuda del país. Pocos emergentes pueden permitírselo.

No quiere decir que esté a salvo. Su economía está de capa caída, el déficit de este año será del 14% del PIB y las agencias han rebajado su crédito a basura. Su curva de rendimiento también apunta a las preocupaciones a largo plazo sobre la capacidad del Gobierno para pagar: en 2024, los costes del servicio de la deuda consumirán el 16% del gasto público. Los políticos también atacan al banco central cuando les conviene. Gracias a Erdogan, la réplica de Kganyago será aún más fuerte.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías