Arrimadas debilita al PP de Casado para intentar resucitar

Ciudadanos gira hacia la izquierda en un movimiento desesperado

para quitar espacio a los populares y evitar ser el nuevo UPyD

Murcia es conocida en el negocio bancario como el canario en la mina. Es la alarma de la morosidad. Cuando se avecinan nubarrones en la economía, los empresarios murcianos son los primeros que dejan de pagar sus préstamos, relataba uno de los grandes banqueros de fin de siglo. Lo que sucedió ayer hace creer que Murcia también es la avanzadilla en la política española, pero es solo el detonador. La dinamita estaba en Cataluña.

Todo empezó a cuajar con los resultados de las elecciones catalanas del 14 de febrero. Por segunda vez en poco más de un año, Ciudadanos veía cómo se esfumaba su capital político a una velocidad sin precedente en ningún otro partido. Esa noche perdió 30 escaños y 20 puntos de apoyo electoral, se quedó con 6 diputados y el 6,8% de los votantes. En dos años, pasó de ser la primera fuerza a la séptima, solo por delante del PP.

Era la primera gran derrota de Inés Arrimadas, que había llegado al frente del partido como consecuencia del otro gran descalabro de la historia política reciente, el que llevó a la caída de Albert Rivera, el líder naranja que subió a Ciudadanos al cielo y luego lo mandó a los infiernos. En seis meses se pulió 47 diputados y un 9% del electorado. Todo por no facilitar un Gobierno de coalición con el PSOE (sumaban una mayoría absoluta holgada de 180 escaños).

En muy poco tiempo, Ciudadanos, el partido que nacía para actuar de centro y ejercer de bisagra entre el PSOE y el PP, había sido capaz de destruir un capital de 2,5 millones de votos en las elecciones generales de 2019 y un millón de votos en las catalanas pasadas.

El próximo festín con los votos de Ciudadanos puede ser Andalucía, donde son vitales los 21 diputados del partido naranja, los que posibilitaron la caída histórica del PSOE en este Gobierno regional, y el encumbramiento del Popular Juan Manuel Moreno Bonilla, pese a haber cosechado un resultado desastroso.

Este es el contexto que ha hecho que Ciudadanos pegue un cambio de rumbo en sus alianzas. No se crean ni media palabra de la crisis de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Murcia a cuenta de sus prisas por autovacunarse. Las encuestas internas de los partidos y las de los grandes institutos demoscópicos tienen un denominador común: la ­UPyDeización de Ciudadanos.

Ciudadanos es hoy un partido con un poder autonómico y municipal relevante y con una líder muy bien valorada. Pero todo eso es fruto del pasado; cuando se hace una proyección a dos o tres años vista lo que se ve es una naranja hueca, sin zumo ni pulpa.

Obviamente, Inés Arrimadas no quiere resignarse a ser el zumo que se toman sus competidores, principalmente PSOE, PP y Vox. Cada mañana, cuando se mira en el espejo, ve la silueta de Rosa Díez, que nunca tuvo tan buena valoración como ella, y se conjura para quitársela de la cabeza. El movimiento de Murcia es el primero para espantar el espectro de UPyD y demostrar que son capaces de hacer algo más que ser una muleta del PP, con el agravante de que eso les obliga a ser compañeros de foto de Vox (recuerden la plaza de Colón).

Este cambio de caballo a mitad de carrera se produce cuando las encuestas nacionales muestran un claro ascenso de Vox, que está a punto de dar el sorpasso al PP. El partido de ultraderecha es el gran beneficiario del deterioro de populares y naranjas. Mientras, en la izquierda hay una gran estabilidad en la intención de voto del PSOE, que se mueve en una horquilla del 28%-30%, mientras que Podemos se va desangrando sin pausa y sin prisa, de manera que está cerca de bajar del 10%, cuando en las elecciones cosechó el 13%.

El PP sigue siendo el gran partido de la derecha, pero no acaba de encontrar a su líder. Pablo Casado está en su peor momento de valoración y hasta su segundo, Teodoro García Egea, ha quedado al descubierto con la crisis en su tierra, en Murcia. En cambio, Ciudadanos es un contenedor vacío con una líder con una buena valoración, lo que la hace pensar que aún hay partido.

La respuesta del PP en la Comunidad de Madrid al ajuste de cuentas de Ciudadanos es una operación de alto riesgo. Es cierto que, a diferencia de Cataluña, las encuestas dicen que el PP sería el gran beneficiario del desplome de Ciudadanos, pero el problema lo tienen en que necesitan llevarse todos los votos naranjas. Si PSOE, Podemos y Más País sacan en mayo los mismos 64 diputados que tienen hoy, solo necesitarían tres diputados de Ciudadanos. Por tanto, a Díaz Ayuso no le serviría de nada llevarse 23 de los 26 diputados de Ciudadanos e incrementar de su nómina de 30 a 53 diputados, que sumados a los 12 de Vox, la dejaría en 65.

Inés Arrimadas ha sido valiente moviendo pieza, renunciando a la comodidad dejar que el río fluya sin hacer nada, pero el gran ganador de todos estos movimientos es sin lugar a dudas el PSOE. Por eso ha sido generoso cediendo la presidencia de la Región de Murcia a Ciudadanos.

Iván Redondo y Francisco Salazar, los dos grandes cocineros de La Moncloa, deben estar probando nuevas recetas. Podrían proponer la fórmula de Isabel Díaz Ayuso, pero con plazos más largos. Primero romper la coalición, cesando a los ministros de Podemos, para lo que no hay problema una vez que están aprobados los Presupuestos. Después, y tras duros enfrentamientos en el Congreso de los Diputados, nuevas elecciones generales cargando a Pablo Iglesias con la culpa de la ingobernabilidad. Atentos a las pantallas.

 Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense