Capital riesgo

Rolls-Royce negocia retener una parte de ITP para salvar los intereses de Defensa

Varios fondos de capital riesgo y el industrial MTU, entre los interesados

Rolls-Royce negocia retener una parte de ITP para salvar los intereses de Defensa

Acuciada por la crisis de la aviación, Rolls-Royce vuelve a poner en el mercado a la compañía española de aeronáutica ITP. Es un activo que, pese a lo delicado del sector, ha levantado apetito entre los mayores fondos de private equity del planeta. Pero los contratos en materia de defensa, joya de la corona del grupo, impiden que un inversor financiero se haga con el control total de la empresa, por lo que negocian que Rolls-Royce retenga una participación minoritaria que blinde estos contratos y evite un veto del Gobierno español.

Rolls-Royce ha decidido reactivar por enésima vez la venta de la española Industria de Turbopropulsores (ITP) en medio de la pandemia por el Covid-19. Según explicó la propia compañía británica en agosto, la venta de su filial española, que adquirió en 2017 de manos de Sener por 720 millones, forma parte de un plan para recaudar unos 2.300 millones de euros y afrontar las fuertes pérdidas provocadas por el Covid-19.

El grupo británico ha contratado a Goldman Sachs para pilotar el proceso. Espera recibir las ofertas indicativas durante este mes de marzo, que previsiblemente superarán los 1.200 millones.

Por el momento, el grupo ha testado el interés de varios grandes fondos de capital riesgo. Entre ellos figuran KKR, Carlyle, CVC, Towebrook y Penrose. El problema está en que ITP es el principal fabricante española de motores militares. Y representa a España en varios consorcios europeos para la fabricación de aeronaves militares. Por ello, el Gobierno no ve con buenos ojos que esta empresa tan estratégica quede solo en manos del capital extranjero. La clave del precio estará además en que los contratos con el Ministerio de Defensa queden completamente blindados.

Ya en 2017, cuando Rolls-Royce entró en ITP, el Gobierno impuso condiciones para blindar la españolidad del grupo. Entre ellas, estaban mantener las capacidades tecnológicas e industriales en España, que la mitad del Consejo de Administración sea español –entre ellos el presidente y el consejero delegado–, mantener la sede en España y que en el Consejo haya un representante del Ministerio de Defensa.

A mayores, el Gobierno cuenta ahora con una salvaguarda más para vetar la operación. Desde hace un año, cualquier inversión extranjera sobre un activo español perteneciente a un sector estratégico debe contar con el visto bueno del Consejo de Ministros. Uno de estos sectores estratégicos es el de defensa, pero también la energía (donde el Ejecutivo actualmente analiza la opa de IFM sobre Naturgy), las telecomunicaciones o los medios de comunicación.

Por tanto, Goldman Sachs busca alternativas para que la operación sea digerible por el Ejecutivo español. Una de las opciones que maneja es que Rolls-Royce se mantenga en el capital de ITP como accionista minoritario, con entre un 20% y un 30% del capital, en alianza con uno de los fondos de inversión que presentarán ofertas. Sería un modo de mandar un mensaje de continuidad, pese a la llegada de un nuevo accionista, y de que el grupo británico pueda hacer caja.

Otra alternativa es, en el caso de que Rolls-Royce decida vender todas sus acciones para maximizar el efectivo recabado, buscar a otro industrial que entre en la compañía española, tanto comprando el 100% como a través de un consorcio con alguno de los fondos interesados o incluso como socio de Rolls-Royce. El grupo que aparece en todas las quinielas es el gigante alemán MTU. Es el principal fabricante de motores de Alemania, con una plantilla de 10.000 trabajadores. En 2020 registró ventas por 3.997 millones y unos beneficios de 294 millones.

El consejero delegado de la compañía, Reiner Winkler, afirmó en la presentación de resultados en febrero que no habían sido invitados al proceso y que su objetivo principal es el crecimiento orgánico. “En caso de que Rolls Royce abra el proceso, lo analizaríamos con mayor detenimiento”, afirmó. Fuentes del mercado indican que ambas compañías tienen un buen encaje de cara al crecimiento a largo plazo y a nivel operacional.

La tercera alternativa es encontrar a un comprador español. Una carta que ya se intentó jugar en 2019, cuando Indra llegó a tener un acuerdo con Rolls-Royce para negociar en exclusiva la compra de ITP. Las conversaciones naufragaron sin acuerdo meses después, lo que complica que Indra vuelva a estar encima del tapete. El hecho de que la compañía que preside Fernando Abril Martorell esté controlada por el Estado (la SEPI cuenta con un 18,7% y es el primer accionista) la hace la alternativa con más visos de obtener la luz verde del Gobierno. Un portavoz de Indra ha afirmado que la compañía no está en ninguno de los procesos de venta de ITP.

Igualmente se ha sondeado la posibilidad de que entren en la puja otras grandes empresas españolas, como Gestamp, Aciturri, Alestis o Aernnova. Además de retener ITP en manos españolas, esto animaría la consolidación en un sector muy dañado por el Covid. Por el momento, ninguna de ellas ha mostrado interés por la operación.

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