Invertir tras la pandemia teniendo en cuenta el ciclo y los criterios ESG

En algunos casos, el precio de las acciones en las cotizadas que no cumplen con esos parámetros lleva años estancado o bajando

Las siglas ESG se han convertido en las letras de moda en el mundo de la inversión. Corresponden a criterios ambientales, sociales y de gobernanza por sus siglas en inglés. Nadie duda de que es preferible que el crecimiento económico, además de ser sostenido en el largo plazo, debería ser también sostenible e inclusivo, es decir, respetar el medio ambiente y no dejar a nadie fuera. Para lograrlo, las empresas tratan de demostrar en sus informes anuales que cumplen con estándares para no contaminar, tener responsabilidad social corporativa y evitar la discriminación en sus procesos de contratación y ascensos.

Las ideas tras las siglas ESG son adecuadas, ya que es difícil imaginar a un inversor que entre dos opciones con igual retorno esperado prefiera invertir en empresas que discriminen a parte de sus empleados o que contribuyan a deforestar las selvas o a contaminar los océanos. Lo interesante es que como un número creciente de fondos y ETFs solo invierten en empresas que cumplen estos criterios, las cotizadas que no los cumplen están perdiendo compradores y el precio de sus acciones en algunos casos lleva años disminuyendo o estancado. Así, las empresas de tabaco o armamento difícilmente pueden justificar que son socialmente responsables y otras como las de cerveza intentan por todos los medios dar una imagen que las haga susceptibles de ser incluidas en la lista de negocios que aguantan el filtro de lo políticamente correcto.

Para Sandra Lawson, directora de Estrategia Sostenible de Goldman Sachs Research, sí que es posible que compañías tabaqueras y productoras de bebidas alcohólicas mientras los ingredientes procedan de agricultura responsable, minimicen el agua utilizada en sus procesos, utilicen materiales reciclados y reciclables, y su fuerza laboral en cualquier parte del mundo tenga condiciones laborales razonables. Otras voces se alzan en contra de que las empresas cuestionables desde los criterios ESG pongan tanto empeño en parecer lo que no son en lo que ya se llama greenwashing y social washing en lo relativo al medio ambiente y los criterios sociales.

Parece que ya se entrevé el fin de la pandemia, y como la Bolsa descuenta el futuro, comienzan a subir los sectores que más se van a beneficiar de la reapertura y la verdadera vuelta a la normalidad. Por ejemplo, Altria, la compañía de tabaco dominante en Estados Unidos cotiza en máximos del último año y ofrece un dividendo del 7,6% anual. Otros sectores también parece que empiezan a animarse, y entre ellos destacan las materias primas como el petróleo. Todavía se utiliza menos de la mitad del queroseno para aviación que se requería hace un año, pero el combustible para circulación por carretera se ha recuperado mucho más rápido a pesar del teletrabajo y los cierres obligados en la hostelería. El precio del petróleo ya ha dado buena cuenta de ello y se intercambia el 40% más caro que antes de que los mercados financieros comenzasen a desplomarse por la irrupción del coronavirus. Además de empresas que exploran yacimientos y extraen petróleo, los inversores tienen a su disposición empresas menos conocidas de transporte de petróleo.

El petróleo y sus derivados se transportan fundamentalmente de tres maneras: por barco, por tren o en oleoductos. Excepto que se fuese tan laxos como desde Goldman Sachs con el tabaco o el alcohol, ninguna de las tres podría considerarse que cumple los criterios ESG. El transporte marítimo es una de las actividades más contaminantes, por ejemplo, un carguero de gran tamaño produce más dióxido de azufre que todos los coches de España y Portugal juntos. Entre las empresas de petroleros destaca por su tamaño Scorpio Tankers, que ha perdido el 85% de su valor en Bolsa desde julio de 2015. En los meses previos a la pandemia parecía que la recuperación estaba comenzando y su precio se duplicó para luego seguir cayendo. Desde noviembre su cotización ha vuelto a duplicarse, sus cuentas están razonablemente saneadas y su flota es la más moderna del sector.

La directiva afirma que pronto el mayor consumo y la reducción de la oferta hará que se dispare el precio de los fletes, como ya ha pasado con el transporte de mercancías por barco en las últimas semanas. La construcción de nuevos petroleros se ha paralizado en los últimos años por la incertidumbre sobre los cambios de regulación medioambiental, y bien podría suceder que la oferta de servicios de transporte no sea capaz de absorber el aumento en la demanda.

El transporte por tren tampoco es limpio ya que la mayoría de las líneas que transportan carga no están electrificadas y usan diésel para su propulsión. Además, los vagones especiales para combustible vuelven vacíos a la estación de origen al contrario que el resto de los vagones de carga, a los que se intenta dar usos menos lucrativos en el viaje de vuelta. La empresa rusa Globaltrans se dedica a esta actividad y en los últimos años ha pagado a sus accionistas un dividendo de alrededor del 20% anual. La construcción de nuevos oleoductos que discurrirán cerca de las vías por las que se mueve el petróleo actualmente pone en entredicho la sostenibilidad de ese abultado dividendo, pero por el momento la empresa seguirá repartiendo este dividendo fuera de lo común.

Por último, los oleoductos son una solución en principio más ecológica a la necesidad de transportar petróleo. Sin embargo, el hecho de que el transporte sea tan barato hace que se extraiga más petróleo y además hay efectos negativos sobre el entorno durante su construcción, vida útil y tras su abandono. En Estados Unidos recientemente paralizaron la iniciativa de un nuevo oleoducto y se extendió la noticia de que había sido así por la influencia de Warren Buffett, uno de cuyos negocios es el transporte ferroviario. Finalmente se mostró que no era cierto, ya que las líneas de esta actividad del anciano billonario a quien le gustan tanto los monopolios no eran las que serían afectadas por la construcción de un nuevo oleoducto.

Bien sea en un sector tan cíclico como el transporte de petróleo o más estable como el del tabaco, es tarea del inversor decidir si invierte únicamente en empresas que cumplan los criterios ESG, ya sea por motivos éticos o para aprovecharse de la posible mayor demanda de sus acciones en el futuro. Una opción también razonable sería invertir en empresas que no cumplan estos criterios ya que en ese caso se podría comprar a menor precio, pero la revalorización podría ser más lenta y la rentabilidad debería buscarse más bien vía dividendos sostenibles al ser en muchos casos sectores maduros con escasas opciones de reinversión de beneficios. En el caso de elegir sectores cíclicos, el momento de entrada y de salida son claves para obtener un retorno que compense el riesgo contraído al invertir. 

Juan Luis Santos es Profesor en la Universidad CEU San Pablo