El independentismo dejaría sin vacunar a los catalanes

Junts modificaría la contratación pública para excluir a las empresas del Ibex y las no catalanas, lo que le impediría comprar antivirales

Puede parecer una boutade (intervención pretendidamente ingeniosa, destinada a impresionar) o una fake, pero esa sería la consecuencia de llevar a la práctica el programa con el que se presenta Junts, el partido que disputa a ERC la hegemonía del independentismo catalán en las elecciones del 14F. El partido que lidera Carles Puigdemont desde Bruselas, y que concurre con Laura Borràs como cabeza de cartel, menciona al Ibex 35 en cinco ocasiones en su programa. Una formación nacida, como el PDeCat de Artur Mas, de las entrañas de la Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) de Jordi Pujol, con un currículo conservador y probusiness, ha caído atrapada en un discurso propio de la izquierda radical, anticapitalista, por aquello de ir contra las grandes empresas, y xenófobo, por despreciar a lo no catalán.

Es una mezcla explosiva con la que no se han atrevido ni los anarquistas de la CUP, que es el otro partido que se refiere en su programa al Ibex, aunque dentro del capítulo residuos cero, y proponiendo fomentar el cooperativismo. Junts sostiene que tiene “el mandato de minimizar la dependencia respecto de los poderes españoles que actúan a través de las compañías del Ibex 35 en la provisión de todo tipo de servicios estratégicos y especialmente los financieros, energéticos o de comunicación. En concreto, garantizar la independencia de la Generalitat respecto de los oligopolios españoles diversificando proveedores, favoreciendo la entrada de empresas de proximidad y potenciando el marco armonizado europeo de contratos públicos”.

Es un relato bárbaro, propio de Nicolás Maduro o Fidel Castro, aislados comercialmente por Estados Unidos. No es producto de un error; por si acaso, lo repiten y agrandan durante cinco menciones a lo largo del programa, hasta el punto de que es una de sus 50 medidas estrella. En la propuesta 45 plantean “promover la nueva Ley de Contratación Pública (…) eliminando la contratación con empresas del Ibex 35”.

Resulta imposible reconocer en estas palabras a aquel partido nacionalista catalán que manejó Cataluña durante décadas y contribuyó a la gobernabilidad de España con pactos a diestra (José María Aznar) y siniestra (Felipe González). Es tal el despropósito, que hasta sus colegas del PDeCat, la formación casi gemela, vio en este alegato autárquico una oportunidad para diferenciarse: “Aquí no se veta a nadie. Si seguimos esta norma, ¿qué haremos con Grifols, Almirall o Indra? Estas empresas catalanas representan empleos para más de 6.700 personas”, dijo Àngels Chacón, candidata del partido de Artur Mas a la presidencia de la Generalitat.

La mención a Indra no parece gratuita. Es una compañía con amplias instalaciones en Barcelona, sí, pero en su accionariado está el Reino de España, con casi un 19% del capital, y mandando.

¿Dónde y a quién compraría Laura Borràs las vacunas contra el Covid-19? Es una pregunta retórica. No merece la pena recordar que todas las licencias de vacuna son extranjeras, puesto que aunque la mejor fuera de matriz catalana, su propuesta seguiría siendo un despropósito medieval.

Ligar la vacuna y el programa de Junts únicamente pretende reflejar la pérdida del sentido de realidad, una patología claramente identificada en psicología y que, seguramente, es la principal característica del independentismo.

El problema de estas exóticas propuestas no es que decore el programa de un partido minoritario y populista. Estamos ante una de las tres formaciones que, junto a ERC y PSC-PSOE, disputa el liderazgo del Parlament, y a la que todas las encuestas dan algo más de 30 diputados. Además, cuentan con enorme poder municipal y en las diputaciones.

Con este tipo de iniciativas, Junts y el independentismo normalizan lo estrambótico, sin reparar en el daño que causan a muchas generaciones. Resulta increíble cómo niegan valor a la ley, menosprecian al diferente, naturalizan la cárcel y la corrupción.

Preguntaba esta semana El País a Laura Borràs si veía razonable ser candidata teniendo en cuenta que está imputada por corrupción. En lugar de intentar negar la acusación, como haría cualquier imputado, su respuesta es que “los últimos presidents están todos inhabilitados y tenemos un vicepresident preso, condenado por corrupción”.

Viene al caso recordar que este partido que ahora se propone modificar la Ley de Contratación Pública nace de la Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) que tiene abierto en la Audiencia Nacional el denominado caso del 3%, donde se le acusa de presunta financiación ilegal, por el procedimiento de cobrar comisiones a las empresas adjudicatarias de contratos de la Generalitat.

Precisamente, esta semana se ha conocido que la Audiencia Nacional ha retirado a la Generalitat de Cataluña la condición de acusación particular en este caso. Los magistrados argumentan que, aunque la Generalitat no está procesada, está “integrada por partidos políticos diversos, entre los que está la antigua CDC, formación en torno a la que gira la presunta estructura organizativa compuesta por cargos públicos…”. Una treintena de personas están imputadas en esta trama que investiga el magistrado José de la Mata, y en la que el heredero formal de CDC es el PDeCat.

Con todos estos antecedentes, que Laura Borràs tire del currículo de sus mayores para justificarse, solo es posible si padeces síndrome de disociación, que se caracteriza por el distanciamiento de la realidad y la construcción de un mundo propio, desconectado de su tiempo.

Quizás esta sea la consecuencia de unos partidos liderados por presos y fugados. Estas circunstancias tan excepcionales llevan a una vida ensimismada y sin apenas interacción, que permita contrastar ideas con personas que piensen diferente. Este panorama sería irrelevante de no ser porque estas personas, que llevan años aisladas, ven en la acción de gobernar su salvación. Laura Borràs no ha entendido que es el próximo juguete roto que Puigdemont. Que se lo digan a Quim Torra.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense