Canarias

La pandemia (también) se ceba con las bodas

La crisis del coronavirus ha provocado una caída de ingresos del 90% para el sector de celebración de enlaces matrimoniales en archipiélago durante el año pasado, mientras que la incertidumbre se cierne también sobre 2021

La pandemia (también) se ceba con las bodas

Las aproximadamente 600 familias que de manera directa (un millar de forma indirecta) viven del sector de las bodas en Canarias, se encuentran al límite. La pandemia, que por las sucesivas restricciones impuestas para combatirla han traído consigo la limitación a la celebración de estos eventos, provocó una caída media de facturación el año pasado en las islas del 90 %, frente a los 110 millones de un año “normal”. Aunque el horizonte no termina de despejarse en 2021, en el que la incertidumbre continúa.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística referidos al primer semestre de 2020, y que han sido dados a conocer hace unos días, ponen cifras a una tendencia que ya era sabida: que la crisis del coronavirus se había cebado con la celebración de enlaces matrimoniales. El descenso en España en ese periodo fue del 61 %, con un total de 28.000 uniones registradas. En Canarias, la bajada de enero a junio fue algo menor, del 51 %, con lo que se pasó de los algo más de 3.000 del primer semestre de 2019 a los 1.500 del mismo espacio de tiempo del año pasado. Tanto en el caso nacional como regional, a partir de abril los registros de enlaces se aproximan al cero.

Myriam Batista, vicepresidenta de la comisión gestora de la Asociación de Profesionales de Bodas de Canarias (APBC), recientemente constituida, señala que este sector se encuentra entre los más afectados por las restricciones por la pandemia. “No nos han dejado trabajar”, afirma. Explica que el hecho de que se les haya limitado el aforo de los espacios, pero también la cantidad máxima de personas permitidas en ellos independientemente de esa aforo, ha impedido celebrar las bodas previstas en 2020. Y a ello se le suma la incertidumbre reinante, que ha causado también estragos. “El año pasado salía una normativa el viernes para entrar en vigor el sábado, con bodas montadas con sus flores, mesas, catering… A lo mejor suponían 20.000 euros de pérdidas”, añade Batista, quien admite que muchos profesionales autónomos ya han “buscado otro camino”, como DJ que se han convertido en vendedores de seguros o decoradores que ahora son dependientes.

¿Hay esperanza? “Tenemos línea abierta con la consejería de Sanidad para que podamos trabajar con una certidumbre que podamos ofrecer a nuestros clientes. Nuestros eventos se planifican de un año a otro. El sector de bodas va a vivir dos años a cero y muchas empresas van a desaparecer”, apunta Batista.

Una de las empresas especializadas del sector es la de Bernadette Garside, responsable de The Perfect Wedding Company, con sede en Gran Canaria. La mayoría de sus clientes son extranjeros, con lo que se ha visto doblemente afectada por el impacto de la pandemia sobre el sector turístico. El 95 % de sus clientes pasaron las celebraciones a 2021, mientras otros han cancelado definitivamente. “No veo ninguna noticia positiva de que los clientes puedan volar a las islas pronto”, manifiesta.

Eduardo Pérez y Ayoze González son los propietarios de GR Eventos, también especializada en la organización de bodas, en este caso en Tenerife. Es una de las más importantes del archipiélago, con unas 600 organizadas —en su totalidad o en parte— al año. Si bien durante el confinamiento sus ingresos fueron “cero”, después comenzaron a remontar hasta que en septiembre, la calificación de las bodas como evento multitudinario obligó a cancelarlas, y con ello, a prescindir de parte de los 10 empleados de la empresa (aunque de manera indirecta, de su actividad dependen otras 10 más). La ampliación del aforo a 150 personas en estos eventos desde enero les ha abierto, en cualquier caso, un rayo de esperanza. 

Hoteles

La celebración de bodas en los establecimientos hoteleros se ha visto igualmente afectada por la crisis del coronavirus. Así lo especifica el presidente de la Federación de Hostelería y Turismo de Las Palmas (FEHT), José María Mañaricúa: “Desde marzo hasta junio, los hoteles estuvieron cerrados por el estado de alarma. En julio se abrieron alrededor del 40 %, pero los cierres derivados de las limitaciones decretadas por los países de origen a causa del aumento de la pandemia obligó a cancelar con ellos las bodas”.

El también director de Operaciones del grupo Gloria Thalasso & Hotels admite que en sus cuatro establecimientos, repartidos entre Gran Canaria y Lanzarote, se cancelaron las 40 previstas, más de 550.000 euros de ingresos perdidos. Y las expectativas para 2021 no son las mejores. Ahora mismo, solo cuatro enlaces programados. “El primer semestre de este año va a ser peor que el segundo semestre de 2020. Tenemos menos turistas en Canarias de enero a marzo de los que tuvimos de junio a diciembre del año pasado”. Un panorama desolador que no solo afecta a los hoteles donde se acogían las bodas. “Toda la industria paralela de músicos, floristas, peluqueros o transportistas está muerta”, apunta.

Un establecimiento referente en la celebración de bodas en Gran Canaria es el Hotel Santa Catalina Royal Hideaway. Óscar Lacalle, es su director Comercial, y relata que después de la reforma realizada por el grupo Barceló en 2019 incrementó su atractivo como lugar para acoger este tipo de celebraciones, pero que vio cómo la pandemia le afectó “frontalmente”. De las 35 bodas previstas en 2020 solo pudieron celebrar media docena. Para 2021, confían en poder acoger unas 15 a partir de mediados de año, cuando esperan que las restricciones por la pandemia se suavicen.

Un sector, en cifras

Facturación. La media de facturación de una boda se sitúa entre los 15.000 y los 20.000 euros, según los datos de la Asociación de Profesionales de Bodas de Canarias, APBC.

Caída. 2020 registró solo entre el 10 % y el 20 % de los algo más de 7.000 enlaces previstos, lo que supuso una disminución equivalente de ingresos frente a los 110 millones esperados.

Incertidumbre. Los profesionales del sector lamentan que la falta de certidumbre provocada por la pandemia ha hecho que muchas parejas hayan decidido posponer sus enlaces, no ya a 2021, sino para 2022.

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