El monstruo de la deuda acecha a Biden, Yellen y compañía

Solo hay dos áreas en la que se pueden hacer grandes ahorros de gastos: atención sanitaria y defensa

El senador Ben Sasse, en el Senado, junto a la pantalla a través de la que comparecía Janet Yellen, este miércoles.
El senador Ben Sasse, en el Senado, junto a la pantalla a través de la que comparecía Janet Yellen, este miércoles. REUTERS

Lo más inteligente que podemos hacer es actuar a lo grande”. Eso es lo que Janet Yellen, expresidenta de la Reserva Federal, dijo el martes a los senadores de EE UU.en una comparecencia para confirmarla como secretaria del Tesoro de Joe Biden. El programa de alivio para el coronavirus sigue siendo la máxima prioridad. Pero la deuda federal, en el 100% del PIB y subiendo, se convertirá inevitablemente en una cruz a cuestas.

La actitud Yellen se alinea con el plan de estímulo de 1,9 billones de dólares de Biden, que se centra en el alivio directo a los hogares y las pequeñas empresas y en la inversión en el despliegue de vacunas. Sin embargo, los déficits y la deuda de Washington estaban subiendo con el presidente Donald Trump incluso antes de que la pandemia se desatara.

La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) proyecta que la deuda soberana en manos del público seguirá aumentando, potencialmente hasta casi duplicar la producción económica para 2050. El endeudamiento de Estados Unidos asciende a un total de alrededor de 21 billones de dólares, y el déficit del año pasado fue de 3 billones de dólares.

Cambiar la trayectoria implica que las correcciones de calado para reducir los déficits no pueden evitarse por mucho tiempo. También es probable que los republicanos se opongan a los planes de gasto que no se compensen con otros recortes. Algunos cambios potenciales, como terminar con el ventajoso tratamiento fiscal de los beneficios del private equity, son simbólicos. Otros, como las reducciones de los gastos militares, serían un desafío a vacas sagradas.

La CBO presenta algunas opciones. En cuanto a los costes, solo hay dos áreas principales donde los ahorros potenciales alcanzan la cifra de 1 billón de dólares en la próxima década. Una es la atención sanitaria: poner un tope a las contribuciones federales a los estados para Medicare, por ejemplo. La otra es la defensa, donde recortar el 10% de los gastos previstos para 2024 y limitar las subidas posteriores se acercaría a esa cantidad.

En cuanto a los ingresos, un aumento de un punto porcentual en el impuesto sobre la renta podría aportar casi 900.000 millones de dólares en 10 años. Terminar con las deducciones detalladas, como los intereses hipotecarios y las contribuciones caritativas, podría añadir casi el doble.

El impuesto de sociedades tendría que subir considerablemente más para tener el mismo efecto. Por otro lado, un impuesto del 0,1% sobre las transacciones financieras podría recaudar 750.000 millones de dólares en una década. Un impuesto inicial de 25 dólares por tonelada métrica de emisiones de gases de efecto invernadero podría aportar 1 billón, y un aumento de 35 centavos por galón en el impuesto sobre la gasolina añadiría otros 500.000 millones más o menos.

Los pros y los contras políticos de estas opciones son fáciles de ver. La comisión bipartidista de responsabilidad fiscal establecida por Barack Obama en 2010 parece un pintoresco artefacto histórico. Pero se necesitará nuevamente la voluntad de hacer cálculos y concesiones, como intentaron el republicano Alan Simpson y el demócrata Erskine Bowles en aquel entonces.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías