España debe activar las reformas que precisa la economía sin más demoras

Se trata de una tarea urgente que no puede fiarse al final de la pandemia ni cronificarse en interminables negociaciones parlamentarias

El Gobierno ultima en estos días el Plan Nacional de Inversiones y Reformas que Bruselas exige como condición para aprobar los fondos europeos de recuperación para España. La estrategia que el Ejecutivo presentará a Europa se basa en tres pilares: una reforma del mercado laboral, una reforma de las pensiones y una reforma fiscal, además de una amplia cartera de proyectos de inversión, orientados principalmente a la transición ecológica y la digitalización de la economía. La intención de la vicepresidenta tercera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, es llevar a Bruselas el plan como muy tarde a principios de febrero para evitar que la aprobación de los fondos se retrase. La estrategia del Gobierno, que ha presupuestado ya los fondos, es anticiparlos vía deuda para poder iniciar las inversiones una vez las comunique a la UE.

El montante a que aspira España asciende a 72.000 millones de euros en subvenciones en tres años, 34.000 de ellos para 2021. Un volumen histórico para ayudar a levantar a una economía sumida en una crisis sanitaria y de actividad cuyo final es, a día de hoy, incierto. Aunque el Gobierno mantiene sus previsiones de crecimiento para este año en un 7%, aparentemente decidido a ignorar que estamos al inicio de la tercera ola de la pandemia, con serias dudas sobre el ritmo y suministro de vacunas y un horizonte inmediato marcado por probables nuevas restricciones de actividad. Tanto el Banco de España, que ha rebajado ese optimismo, como los analistas, que divisan una previsión de crecimiento mucho más modesta, han advertido de las dificultades e incertidumbres que pueden obstaculizar el ritmo de la recuperación. Precisamente por eso, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, insiste en algo que debería ser obvio: la urgencia de que España acometa ya las reformas estructurales que la economía necesita y presente, además, a Europa y a los mercados señales inequívocas de su voluntad de regresar a la senda de equilibrio fiscal.

Se trata de una tarea urgente que no puede fiarse al final de la pandemia ni cronificarse en interminables negociaciones parlamentarias, entre otras cosas, porque de momento ese final es incierto y porque España encabeza el grupo de países más dañados por la recesión, con una deuda que crece a un ritmo desbocado y sostenido por un volumen de compras del BCE que no será eterno y un día finalizará. Tanto la reforma laboral que prepara el Gobierno, que debe flexibilizar aún más el mercado de trabajo, como la reforma de las pensiones, que debe asegurar la sostenibilidad del sistema, son imprescindibles, como lo es también la vuelta a la sensatez fiscal; pero aún más lo es hacerlo con celeridad, firmeza y convicción.