La CNMV afronta un nuevo mandato marcado por la incertidumbre

Junto a su flamante hoja de ruta, la CNMV tiene pendientes viejas asignaturas tanto en lo relativo a sus competencias como a su independencia y su personal.

El nuevo presidente de la CNMV, Rodrigo Buenaventura, que tomó ayer posesión de su cargo junto a la vicepresidenta del organismo, Montserrat Martínez Parera, ha lanzado una oportuna advertencia sobre el clima de incertidumbre que se vivirá en los mercados durante los próximos años, una circunstancia que exigirá al regulador anticipar en lo posible las turbulencias, pero especialmente disponer de la suficiente flexibilidad como para adaptarse a los cambios y las dificultades. Entre la lista de interrogantes que condicionarán los próximos cuatro años de actividad de la CNMV y la propia evolución de los mercados destaca, además de la crisis económica, el efecto perturbador que el Brexit ejercerá sobre los mercados y las regulaciones, dado el importante peso de Reino Unido en la UE y las dudas que siguen generando los términos de la negociación entre ambos y el futuro de su relación. La digitalización y el tratamiento de datos, como medio para ejercer una supervisión más eficiente y proteger cada vez de forma más exhaustiva al inversor, formarán parte también del conjunto de retos que Buenaventura y su equipo deberán afrontar en esta nueva etapa.

Pero junto a esa flamante hoja de ruta, la CNMV tiene pendientes viejas asignaturas tanto en lo relativo a sus competencias como al fortalecimiento de su independencia y de su personal. En cuanto a la primera de esas cuestiones, la esperada reforma del modelo supervisor del sector financiero hacia uno dual –con el supervisor de los mercados centrado en la conducta y el Banco de España, en la solvencia–, se retrasará todavía, entre otras cosas por la intensa incertidumbre que la pandemia ha sembrado en las economías, que hace aconsejable retrasar el proyecto. A ello se une la insistente demanda, que Sebastián Albella reiteró también durante su mandato, de que se conceda a la CNMV mayor independencia y flexibilidad para gestionar su personal. La petición pasa por avanzar hacia la recuperación del modelo de supervisor que se planteó inicialmente en 1988: un organismo fuerte y capaz de atraer y retener talento especializado con el fin supervisar con eficacia unos mercados cada vez más internacionalizados y complejos y a unas entidades integradas por profesionales bien remunerados y de alto nivel técnico.

La creciente complejidad de los productos financieros y el interés por proteger cada vez con mayor garantías a los inversores, unidos a la necesidad de aumentar la transparencia del mercado, integrarán en cualquier caso el núcleo de la labor del nuevo presidente de la CNMV, que afronta una etapa plagada de incertidumbres, pero también de oportunidades.