La paz que ofrece la autoridad bursátil de China es más sincera de lo que parece

La amenaza de suspender la cotización en EE UU de empresas cuya capitalización bursátil supone dos billones de dólares causaría más perjuicio que beneficio

La paz que ofrece la autoridad bursátil
de China es más sincera de lo que parece

La última rama de olivo ofrecida por Pekín a EE UU tal vez sea más sincera de lo que aparenta. La Comisión Reguladora de Valores de China (CSRC) dijo el viernes que quiere negociar de nuevo los planes para mejorar el acceso de sus homólogos estadounidenses a las auditorías de empresas chinas que cotizan en Nueva York. Dado el historial de discusiones vacías, los escépticos dirán que esto es más de lo mismo. Pero Pekín se está cansando del flujo continuo de escándalos. Washington, por su parte, necesita una excusa para no ejecutar su amenaza de expulsar a empresas chinas de sus mercados. La batalla por acceder a la contabilidad de las empresas chinas se remonta al menos hasta 2011, cuando la Bolsa de Nueva York retiró la cotización a Longtop Financial Technologies, un desarrollador de software acusado de fraude contable. Según el Consejo para la Supervisión Contable de las Empresas Públicas (PCAOB, por sus siglas en inglés), la inmensa mayoría de los auditores que deniegan el acceso a la contabilidad son chinos.

Esta actitud defensiva, combinada con la negativa a ejecutar sentencias estadounidenses por parte de los tribunales chinos, permite que ejecutivos chinos sin escrúpulos timen a los inversores estadounidenses con relativa impunidad. Hasta hace poco, la cooperación recibida de Pekín ha sido superficial, según el PCAOB. En 2019, la frustración llevó a políticos estadounidenses a exigir que las empresas chinas fuesen expulsadas, y la semana pasada Bloomberg informó de que la Comisión Reguladora del Mercado de Valores (SEC) se está planteando ejecutar esa amenaza de aquí a 2022.

Pekín tiene razones para hacer concesiones en firme. En lo que respecta a Washington, la amenaza de suspender la cotización en EE UU de empresas cuya capitalización bursátil supone 2 billones de dólares, según datos de Refinitiv, causaría más perjuicio que beneficio. Si la Administración entrante es capaz de procurar un mejor acceso a las auditorías de empresas chinas, exceptuando tal vez a las estatales, podría proteger mejor a los inversores estadounidenses sin desbaratar sus carteras. Ambas partes tienen motivos para ponerse de acuerdo.