La inversión en banca más allá de las fusiones y de la pandemia

Ya antes de la catástrofe sanitaria el sector era un negocio poco agradecido

Los títulos de las compañías financieras han experimentado avances espectaculares desde que hace un par de semanas la farmacéutica norteamericana Pfizer y la alemana BioNTech anunciaran que habían logrado dar con una vacuna contra el coronavirus con eficacia superior al 90%, que luego elevaron al 95%. Como si se tratase de los más cíclicos ente los valores cotizados, los inversores compraron en masa acciones de empresas que habían sufrido un castigo muy severo en los últimos meses, sumado al no menos severo que habían encajado ya en los últimos años por diversas circunstancias económicas. La cuestión ahora es saber cuál es el precio justo de los bancos cuando se superen las dificultades sanitarias y la economía vuelva a encontrar la velocidad de crucero de antes de la llegada sorpresiva del Covid-19.

Ya antes de la catástrofe sanitaria la banca era un negocio poco agradecido. Un negocio en el que al modesto avance de la actividad y el crédito se sumaban los márgenes decrecientes impuestos por la política monetaria superexpansiva, las exigencias continuas de nuevo capital y provisiones, la presión de nuevos operadores tecnológicos que jugaban muchas veces con reglas más laxas y el recuerdo de un desprestigio reputacional arrastrado desde la crisis financiera. Pero el nuevo parón súbito de la actividad ha añadido un fardo adicional por el temor de una cadena de impagos si la crisis se intensifica que podría exigir, como ya lo ha hecho, nuevas provisiones y quizás una verdadera crisis de crédito.

Cierto es en todo caso que, al menos en España, la banca ha actuado con celeridad. Ha incrementado las provisiones, siempre insuficientes a criterio del supervisor; ha paralizado los pagos de dividendos a los socios, si bien por prescripción regulatoria, y han desatado una carrera de fusiones que inyectará oxígeno adicional. Pero las integraciones, que pueden considerarse en primer término como operaciones defensivas para cerrar unos cuantos miles de oficinas y ajustar las plantillas impropias de la época de internet, deben ser más exigentes y transformar plenamente el negocio bancario y proporcionar saltos adicionales en sus ratios de solvencia.

Tienen que convertir el favor y confianza que la clientela les profesa como entidades sólidas en un salto cualitativo hacia la banca digital que les permita competir con garantías con la miríada de fintech de nuevo cuño y con las aventuras en el negocio financiero de las grandes plataformas tecnológicas. Solo así conseguirán recuperar también valoraciones más razonables en los mercados y convertirse en objetivo de los inversores por el atractivo que la expectativa de sus cuentas de resultados y sus retornos por dividendos ofrezcan.