El matrimonio PSOE-Podemos solo da para un Presupuesto

Una vez aprobadas las cuentas de 2021, Pedro Sánchez tendrá libertad

para enfrentarse a Pablo Iglesias y agotar la legislatura con dos prórrogas

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias parecen trabajar con la idea de que los Presupuestos de 2021 pueden ser su primer y último programa común de Gobierno. Esto no quiere decir que la legislatura se vaya a terminar en 2022, sino que, una vez aprobadas las cuentas, el presidente del Gobierno tendrá vía libre para escenificar su hartazgo con la deslealtad de su vicepresidente y agotar la legislatura prorrogando estos Presupuestos.

La realidad es que hoy por hoy Sánchez & Iglesias se necesitan como el comer, pero con las cuentas en el BOE será otro cantar. Pese a la diferencia de escaños entre PSOE (120) y Podemos (35), las matemáticas dictan que los socialistas no son nadie sin los republicanos de extrema izquierda. Al revés, no merece la pena ni valorarlo. Por tanto, estamos ante un matrimonio de conveniencia, que además necesita la aportación de otras parejas, otros 26 diputados, para hacer viable el matrimonio. Ahí empieza el lío.

PSOE y Podemos son una pareja que duerme en habitaciones separadas. Esa distancia permite a los morados encamarse con Esquerra Republicana y Bildu, y con los dos a la vez. Mientras, el PSOE coquetea con Ciudadanos. La cuestión es hasta qué punto dicha promiscuidad es consentida, estamos ante un matrimonio abierto o cada mañana hay cabreos cuando se ve quién sale del dormitorio de al lado. Todo apunta a que, pese a tanta progresía, son muy clásicos y manejan muy mal tanta infidelidad.

El PSOE se maneja bien, sin estridencias, cuando gira hacia el centro: Ciudadanos, PNV, Coalición Canaria y Teruel Existe; incluso con Mas País. Sin embargo, empieza a generar todo tipo de alergias cada vez que mira hacia la extrema izquierda: Esquerra Republicana, BNG, Bildu y la CUP. Es el mundo de Podemos, donde se maneja como pez en el agua.

Pero la clave está en que la relación entre PSOE y Podemos es absolutamente cainita, sienten un profundo rechazo el uno por el otro, hasta tal punto que su máxima aspiración es fagocitarse el uno al otro y el otro al uno. En las elecciones generales de junio de 2016, Podemos estuvo muy cerca del sorpasso; obtuvo 71 diputados y se quedó a 14 del PSOE (85). Pero esos tiempos pasaron, hoy los socialistas casi cuadruplican a los morados, que pueden acabar abrasados por el poder.

Cuando se asume que Pablo Iglesias ha llevado al altar a Pedro Sánchez con una mano, pero que con la otra lo quiere llevar al precipicio, se entiende lo que se está viviendo en la política española a cuenta de la negociación de los Presupuestos. Pablo Iglesias quiere meter a Bildu en la ecuación, cuando es innecesario, para empujar al Gobierno hacia la extrema izquierda y, así, sacar de quicio al PSOE.

En el PSOE y en sus representantes en el Gobierno claman por la deslealtad de Podemos, como si alguien esperara que Pablo Iglesias fuera un convidado de piedra. Obviamente, Pedro Sánchez sabe a qué juega su socio y tiene en su mano muchas y buenas cartas.

Una vez que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado de 2021, Pedro Sánchez necesita menos/poco a Podemos y puede jugar a prorrogar dichas cuentas hasta 2023 incluido. Por tanto, estos Presupuestos de Montero (María Jesús) pueden durar tanto como los de Montoro (Cristóbal), tres años. La cruda realidad es que PSOE y Podemos están preparando el divorcio desde el mismo día de la boda y para eso, de vez en cuando, necesitan reivindicar sus diferencias. Ese proceso de divorcio, como todos, puede ser amistoso o traumático, aunque en este caso el circo está garantizado, puesto que lo importante es escenificarlo.

Pedro Sánchez tiene la sartén por el mango. Como presidente, puede cesar a Pablo Iglesias y a los cuatro ministros de Podemos cualquier mañana y nombrar un Ejecutivo absolutamente monocolor. Sería un Gobierno extraordinariamente débil, puesto que para sumar la mayoría absoluta el PSOE necesita a Podemos, más la opción centrista (Ciudadanos) o de extrema izquierda (ERC), pero siempre con los morados. La alternativa a Podemos es el PP, algo que hoy es imposible de imaginar.

Nuestros políticos dibujan una España infantil, con una democracia inmadura, donde todos utilizan a Bildu (y estos más) para sobrevivir y todos se lo reprochan. Si quieren ser consecuentes, adultos, y tanto les repugna Bildu, incluso Podemos, hagan como en Irlanda.

En las pasadas elecciones, el Sinn Féin, el brazo político del IRA, fue el partido más votado. La respuesta de los dos grandes partidos políticos, que llevan turnándose en el Gobierno desde hace cien años, que se independizaron de Gran Bretaña, fue aliarse con los verdes en un tripartito que deja fuera de juego al Bildu irlandés. El partido conservador de centro-derecha (Fianna Fáil) liderará el Gobierno dos años y medio y el liberal de centro-izquierda (Fine Gael), otro tanto. Mientras, los verdes (Green Party), dirigirán el Ministerio de Transportes, Energía y Clima. Irlanda opta por los hechos, aquí por rasgarse las vestiduras en el Parlamento, utilizando incluso a las víctimas del terrorismo.

Pedro Sánchez va a tener que comulgar con ruedas de molino hasta tener aprobados los Presupuestos. Pero ya sabemos que las afrentas que hoy deja hacer a Iglesias serán las líneas rojas de mañana. La complicidad de Podemos con el independentismo de extrema izquierda catalán (ERC) y vasco (Bildu), defendiendo el derecho a decidir, y los ataques a la Corona, son ejemplos de los grandes argumentos que el Sánchez desmemoriado utilizará para romper la coalición. Es lamentable, pero ETA y el Rey siguen siendo instrumentalizados a izquierda y derecha.

El dúo de La Moncloa, Pedro Sánchez & Iván Redondo, y los politólogos de la Complutense, Pablo Iglesias & Juan Carlos Monedero, tienen muy presente el contrato de divorcio. Puro pragmatismo.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense