El futuro del trabajo dependerá de las personas

El problema, según los expertos, no es la destrucción de empleos, sino si se sabrá crear otros nuevos

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El trabajo es solucionar los problemas de otros. Con esta conclusión resumió Liliana Arroyo, especialista en innovación social digital y responsable del comité científico de Reshaphing Work Barcelona, su intervención en la conferencia web Hackeando el futuro, organizada por ISS Facility Services y Esade. Una definición que, según insistió la experta, seguirá siendo válida a pesar de todas las revoluciones que está sufriendo el mercado laboral y de la velocidad que están tomando los cambios como consecuencia de la pandemia.

“El problema no es que perdamos los trabajos que hoy se conocen, sino que no seamos capaces de generar otros nuevos”, apuntó Arroyo. Una cuestión que, según recordaron los expertos, dependerá exclusivamente de la gestión que hagan las personas, al igual que también ha sido su responsabilidad la respuesta que se ha dado ante la crisis del coronavirus. “A ninguno nos han dado nuevos programas para teletrabajar, pero, a pesar de ello, muchos hemos sido resistentes al cambio porque somos perezosos por naturaleza”, consideró el director territorial de grandes clientes del Mediterráneo de Telefónica, Enrique Santiago. Tras el confinamiento decretado por el Gobierno en marzo se alcanzaron cifras de trabajo en remoto de récord de un día para otro. Millones de trabajadores consiguieron lo que parecía imposible unas semanas atrás: continuar el desempeño de sus tareas desde casa y en un ambiente poco propicio para ello debido a la cancelación de las clases presenciales, lo que obligó a muchas personas a compaginar sus responsabilidades profesionales con las familiares.

A pesar de ello, las barreras que se encontraron no fueron tecnológicas, según Santiago, sino humanas, ya que gran parte de las compañías tenía ya planes de teletrabajo desarrollados, aunque fuera para un grupo muy reducido de la plantilla y el reto era la escala a la que había que aplicar este sistema. “Hemos dejado de ser invisibles”, celebró el portavoz de Telefónica, “se ha puesto de manifiesto la excelente red de infraestructuras que tenemos y que nos han permitido ver bien el mundo que vivimos”. Una idea con la que se mostró de acuerdo el director de tecnologías de la información y del centro de servicios de excelencia de ISS Facility Services, Álex Díaz. “Todas las compañías teníamos programas de transformación digital, pero la pandemia ha provocado en todos un salto que ha superado las expectativas”, añadió.

Las herramientas ya existían antes de la pandemia, pero la urgencia de la situación ha impulsado que su adopción se acelere, así como el cambio cultural en las organizaciones. “Pero si algo hay de positivo en todo esto es que nos ha obligado a todos a aprender”, reconoció Santiago. Precisamente la formación tendrá un papel aún más relevante en el futuro del trabajo. “La educación debe transformarse, pero esto no es solo trasladar las clases al formato online, para ello los profesores deberán haber aprendido a dar clases online”, continuó.

Un cambio de paradigma que también pasa por la formación continua y por fomentar que cada uno se especialice en las áreas que considere más atractivas. “El reto es que cada alumno pueda desarrollar las capacidades sobre las que tiene interés sin necesidad de hacer un programa formativo al respecto”, resumió el portavoz de Telefónica. Así lo defendió también Arroyo, para quien el sistema educativo deberá ser más adaptable y flexible. “Proveer a cada uno de la capacidad para reinventarse su trabajo”, concluyó.

  • Perspectiva. El auge que ha experimentado el teletrabajo, sin embargo, conlleva riesgos como perder de vista que un porcentaje mayoritario de la población no puede llevar a cabo sus tareas desde un lugar diferente a su centro de trabajo. “El uso de la herramienta de videollamadas de Microsoft se ha incrementado un 75%, es fácil pensar que la digitalización ha sido masiva, pero lo cierto es que ha crecido la desigualdad”, comentó Arroyo.
  • Brechas. La crisis ha puesto de manifiesto tres brechas: en el acceso a dispositivos (no todas las familias tenían un dispositivo por miembro), en el acceso a la conectividad (el ancho de banda no es igual en toda la cobertura española) y en el uso o en la calidad del uso.
  • Remuneración. A estas desigualdades, la investigadora incorpora la que se genera entre los que tienen la posibilidad de teletrabajar y los que no. “El salario anual y la posibilidad de trabajar en remoto están directamente relacionados. Los que han tenido que continuar presencialmente no solo han estado más expuestos al riesgo, sino que lo han hecho por un salario menor”, reivindicó Arroyo.
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