La empresa precisa algo más que inversión para superar la crisis

La inversión impulsada por la UE puede sumar esfuerzos necesarios, pero las reformas pueden tener un efecto multiplicador muy conveniente

El Congreso Nacional de la Empresa Familiar, que agrupa a más de un centenar de grandes corporaciones familiares y que aportan a la economía el equivalente al 16% del producto interior bruto (PIB), alertó ayer del riesgo cierto de estancamiento de la actividad económica en 2021, con un desempeño muy pobre en producción y prácticamente plano en términos de empleo.

Esa es la opinión mayoritaria en una encuesta presentada ayer en el cónclave empresarial presidido por el rey Felipe VI, que revela también que casi la mitad de las empresas estima que sus ventas se estancarán en 2021, y en la que una de cada cuatro admite que podrían ser inferiores. Tales estimaciones tan pesimistas se expresan en un clima de gran desconfianza por la segunda arremetida de la epidemia de Covid-19, que este pasado fin de semana han llevado al Gobierno a decretar un dilatado estado de alarma que dé cobertura legal a las restricciones a la movilidad y al ocio en una amplia franja horaria.

Representantes empresariales y políticos recuerdan que la señal enviada a la población y también a los posibles visitantes e inversores extranjeros genera un alarmismo injustificado y un coste reputacional para el país que debe ser evitado, acortando el estado de alarma y buscando alternativas normativas que permitan controlar la pandemia. El Gobierno no ha expresado intención de corregir las previsiones de crecimiento y saldo fiscal presentadas hace una veintena de días, y de hecho hoy prevé aprobar el proyecto de Presupuestos, anclados en tales estimaciones. Pero los analistas ya alertan de que pueden empezar a estar fuera de la realidad y que en el mejor de los casos, si la segunda ola del Covid mantiene su intensidad unos cuantos meses, el crecimiento se desplazaría a la parte más baja de la horquilla manejada, y el déficit fiscal, a la más elevada.

Como en la primavera, no es nada fácil dibujar unas previsiones atinadas que pueden tener una validez muy efímera. Pero para compensar la inercia incierta de la economía y sus efectos sobre el empleo o los recursos públicos, los empresarios volvieron a advertir ayer que lo conveniente es aplicar una agenda reformista integral en paralelo a los grandes programas de gasto en inversión. Algo muy parecido a lo que la propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reclamó en la conferencia de presidentes autonómicos celebrada ayer: inversión, sí, pero con calidad, sin sobrecostes y competitiva, y acompañada de reformas que revitalicen la economía, y que en muchos casos suponen solo pequeños ajustes normativos. La inversión impulsada por la UE puede sumar esfuerzos necesarios, pero las reformas pueden tener un efecto multiplicador muy conveniente si se activan en paralelo.